Dos peces de acuario flirteando

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Las más listas eligen a los más guapos

Un estudio con peces muestra que las hembras con el cerebro más grande y capaz prefieren a los machos más atractivos y aptos.

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Las hembras con el cerebro más grande eligen a los machos más atractivos, que son también aquellos más aptos para producir hijos con una herencia genética más sana. Pero que los hombres no se apresuren a hacer deducciones sobre el tamaño del cerebro de su pareja: esta conclusión, al menos de momento, sólo se aplica a los guppys, esos peces de acuario tan populares, según revela un estudio dirigido por la Universidad de Estocolmo (Suecia) y publicado esta semana en la revista Science Advances.

Por suerte, no todos tenemos los mismos gustos en lo tocante al atractivo físico; de lo contrario, sería realmente difícil organizarnos. "Ciertamente no es verdad que exista en la mente humana ningún estándar universal de belleza con respecto al cuerpo humano", escribía Darwin en El origen del hombre. Pero sin duda hay personas que generalmente resultan atractivas a una mayoría, y los científicos aún se preguntan por qué. La simetría, las proporciones del rostro o el ajuste de las facciones a una media canónica pueden tener algo que ver, de acuerdo a ciertos estudios.

El motivo por el que nos gustan ciertos rasgos no es trivial. En su libro, Darwin estudiaba el concepto de selección sexual, un mecanismo de evolución determinado por ciertos caracteres que triunfan en una especie por su atractivo. La cola de los pavos reales y la melena de los leones son dos ejemplos clásicos, y algunos científicos piensan que el tamaño de los pechos en las mujeres y del pene en los hombres, ambos mayores que en otros primates, podrían obedecer a la misma causa.

La idea es que estos rasgos de mayor exuberancia física, que resultan más atractivos para el sexo opuesto, son indicadores de buena salud, y por eso son elegidos con preferencia a la hora de seleccionar una pareja para criar descendencia. En los guppys, se ha demostrado que los machos más coloridos disfrutan de una mejor salud y son más capaces en la búsqueda del alimento. Por otra parte, también en estos peces se ha descubierto que los ejemplares con cerebros más grandes tienen capacidades cognitivas superiores; es decir, son más listos.

Más listas, más selectivas

Uniendo estos dos datos, los autores del nuevo estudio se hicieron una pregunta: ¿elegirán las hembras con cerebros mayores a los machos más atractivos? Para responder a esta cuestión, separaron a las hembras por el tamaño de su cerebro y les dieron a elegir entre un macho más colorido y otro menos dotado en su aspecto físico. Y el resultado confirmó la hipótesis: "Las hembras seleccionadas por su tamaño de cerebro grande muestran una preferencia por los machos con una coloración más atractiva", resume a este diario el primer autor del estudio, el español Alberto Corral-López, estudiante de doctorado en la Universidad de Estocolmo.

Los investigadores descubrieron que las hembras con los cerebros más pequeños, pero dentro del rango normal de la especie y sin que esto supusiera ninguna tara, no mostraban preferencia por los machos más atractivos. Estas hembras tampoco percibían el color de forma diferente que las de cerebro más grande, por lo que la elección no depende de una visión deficiente; simplemente, las más listas son más selectivas. Según escriben los autores, el estudio ofrece "la primera prueba experimental de que la variación individual en el tamaño del cerebro afecta a las decisiones de elección de pareja". Corral-López añade que el trabajo demuestra "la importancia de la habilidad cognitiva en la selección sexual, algo que no está muy estudiado hasta ahora".

Pero según el investigador español, casos de este tipo no tendrían por qué restringirse exclusivamente a los guppys. Aunque el nuevo estudio es pionero en el papel del cerebro más capaz a la hora de elegir pareja, en otras especies sí se ha observado el efecto complementario: que un cerebro mejor dotado puede marcar una ventaja a la hora de ser elegidos. Corral-López cita el ejemplo de un grupo de pájaros australianos llamados tilonorrínquidos, cuyo cerebro considerablemente grande los capacita para construir unos nidos muy complejos y elaborados que las hembras examinan cuidadosamente antes de elegir un padre para sus hijos.

El tamaño no importa, pero un poco sí

¿Y en los humanos? ¿Puede un cerebro más capaz aumentar nuestro atractivo sexual? El investigador español cita una teoría del psicólogo evolutivo Geoffrey Miller, según la cual nuestros productos culturales podrían tener algo que ver con la selección sexual. "Al arte o la música no se les supone ninguna eficacia biológica, pero tal vez la selección sexual de estos caracteres relacionados con nuestra inteligencia pudo tener un papel clave en la evolución", dice Corral-López. En resumen, es la erótica de la inteligencia.

Otra cuestión es que, en el caso de los humanos, esta mayor capacidad intelectual tenga alguna relación con el tamaño del cerebro. A finales del siglo XIX y principios del XX, el anatomista estadounidense Edward Anthony Spitzka emprendió un estudio comparativo de cerebros de grandes personalidades de la época, llegando a la conclusión de que no había una asociación clara entre el tamaño y la inteligencia. Personajes como Lord Byron y Oliver Cromwell tenían cerebros notablemente grandes, pero otras figuras como Anatole France destacaban justo por lo contrario. Curiosamente, Albert Einstein tenía también un cerebro de tamaño inferior a la media.

Pero aunque en el cerebro humano influyan más otros factores, como la organización de la corteza cerebral, tal vez no debamos olvidarnos por completo del tamaño. Según Corral-López, hoy se tiende a aceptar que "en los humanos existe un 5% de relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia". El tamaño nunca importa, pero al final siempre suele ocurrir que, en el fondo, algo sí.