Valladolid

Novillada sin historia, pero con mucho "toro"

28 agosto, 2017 18:05

Los novillos de Dolores Aguirre fueron auténticos toros que se impusieron a los coletudos actuantes y a sus cuadrillas, exceptuando a los piqueros que tuvieron un papel importante en la tarde de los doloresaguirre. Los aficionados y público en general que acudieron al festejo (tres cuartos de plaza en ambos días) salieron diciendo: mucho novillo. Y qué?????

Hubo toros, perdón, novillos, que tomaron hasta cuatro varas y ni abrieron la boca. Imponían en el pequeño ruedo de Pedrajas e hicieron naufragar a los novilleros anunciados, a pesar de que el agua caída sobre el coso fue exigua. Uno de ellos, Julián Guerra, que cortó el único apéndice de la tarde, toreaba la primera novillada de la temporada y el pasado año otra. Guerra tiene 30 años.

Ojo, la situación de los novilleros es caótica por culpa de las grandes y medianas empresas. Por ello no culpo de nada a Julián Guerra, es una injusticia y como él hay en el escalafón otros 40. Y así cada temporada.

Pero Guerra fue el más destacado de una tarde aciaga y sorprendió en su primero por la firmeza y decisión que tuvo ante el imponente negro bragado que sorteó. Sin estética, pero con bragueta. La espada se fue abajo pero el público pidió con fuerzas los trofeos. Al final hubo cordura en el palco y le concedió una oreja que paseó sonriente.

Al que cerraba plaza, un torazo que tomó tres varas y sembró el pánico en el tercio de banderillas, ni se molestó en quitarle las moscas. Bronca para el pequeño alcarreño como no podía ser de otra manera. Le estropearon el toro.

Luis Carlos Terrón es un novillero muy puesto que dejó buena impresión en su primero, un utrero al que dejaron inservible en el caballo y que acabó rajado. El diestro de Badajoz dio la vuelta al ruedo por su cuenta.

Con el cuarto, un novillo interesante, aunque difícil, tuvo mala lidia en rehiletes después de tomar tres varas. Y claro, resultó deslucido en la muleta del pacense que, al menos, lo mató arriba. Silencio.

Carlos Aranda no tuvo su tarde en Pedrajas. Destacar un buen recibió capotero al quinto, que tomó cuatro varas, y algunos derechazos sin ceñimiento y sacando al novillo hacia las afueras. Mal con la espada en ambos.

El que hizo segundo, serio y con arrobas, derribó al picador en un suspiro. El de Daimiel fue pitado en sus dos novillos e hizo un gesto despectivo con el brazo hacia el público en su despedida, mientras que pisaba el albero con ánimo de quitarse la arena de las zapatillas. Feo gesto, propio de un niñato más que de un aspirante a torero.

El Piñón de España quedó desierto y la ganadería, premiada por la Asociación Taurina de Pedrajas, fue para la onubense de Prieto de la Cal, con ascendencia vallisoletana.

Narradas las dos novilladas que conformaban el XIX Piñón de España, hemos de referirnos a que los empresarios (Euro Tauro Luján, S.L.) han cumplido con el pliego de condiciones que le impuso el consistorio pedrajero. Los carteles fueron aprobados en su momento y hasta aquí todo perfecto. Y aumentaron los abonos.

Pero nos atrevemos a sugerir a los responsables municipales, con su alcalde a la cabeza, que tienen que darle una vuelta de tuerca al trofeo. Un galardón que ha gozado de un gran prestigio en estos casi veinte años y que, siguiendo por este camino, lo perderá con toda seguridad.

La asociación taurina local, aficionados cabales y otras personas influyentes del ámbito taurino, deben asesorar a los munícipes para que se cambie radicalmente la filosofía del trofeo. Sí es cierto que es satisfactorio ver los auténticos toros que salen por los chiqueros; es distinto al resto de plazas y, con ello, dan prestigio a Pedrajas en el mundo taurino.

Ahora bien, para lidiar estos auténticos toros hay que anunciar a novilleros capaces y, sobre todo, que tengan responsabilidad torera… y dignidad. O simplemente, como se dice en el argot, que estén en auténticos novilleros. Y esa cuestión se arregla simplemente contratando a novilleros cuajados y cualificados y que, al menos, hayan lidiado una DECENA DE NOVILLADAS a las alturas de la festividad de San Agustín; o sea, en las fechas del Piñón de España. No es mucho pedir, pero eso tiene su precio.

Termino con una frase muy explícita que dice mi amigo Gonzalo Santonja: “Para ser torero, al menos, hay que tener dignidad”. Pues eso.