Salamanca

Diosleguarde puede con la incompetencia de un presidente en Alba

27 agosto, 2017 18:10

Es triste que en un espectáculo taurino el protagonismo que debería ser del toro y los toreros pase a manos de incompetentes presidentes. Es el otro lado de la Fiesta, ese rincón que también perjudica a un espectáculo que, además, está muy cuestionado. Se dice, y qué verdad, que el enemigo de los toros está dentro de la Fiesta. Veamos.

El Ayuntamiento de Alba de Tormes programa una novillada sin picadores en sus fiestas de la Transverberación. Como debería ser obligatorio, en la misma debían/deben/deberán estar alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Salamanca para compartir cartel con otros compañeros de otros lugares. Acertada esta decisión muncipal de acartelar a Manuel Diosleguarde -todo espectáculo- y a otro alumno salmantino Valentín Hoyos.

La novillada transcurre con total normalidad e interés por unos erales de Ana Isabel Vicente muy bravos y con transmisión, poniendo a los novilleros en aprietos. Fernando Plaza de Madrid, corta una oreja tras una faena intensa. La cordobesa Rocío Romero -que sufre un importante revolcón- corta dos orejas  y, a partir de este momento tomemos la balanza de la justicia... Y le toca en turno el tercer novillo a Manuel Diosleguarde -el joven que mejor anda por los ruedos-.

Faena intensa, de mucho carácter, de tandas exquisitas. Profunda... con gusto. Llegando a los tendidos con fuertes olés. Y mata de una estocada. El público pide las orejas. El timorato presidente, de nombre Andrés Bonilla -miembro de la Asociación Taurina 15 de Octubre que tiene su explicación este apunte- al que se le presupone conocimiento de la lidia y del toreo-, saca un pañuelo... arrecia la petición, saca otra vez el pañuelo -van dos orejas- y el respetable, casi por unanimidad pide el rabo. Se lo niega y reniega una vez tras otra señalando desde el palco con dos dedos. Aumenta la petición y las mulillas se llevan el novillo al desolladero. Descomunal bronca.

En primer lugar, si a Rocío Romero le concede dos orejas, en la misma medida debería haber sido ecuánime con la faena de Diosleguarde. Ni fue la misma, ni por asomo una y otra merecían el mismo premio.

Se supone que el presidente Bonilla cuando preside es conocedor de que debe ser justo. Se le presupone, al menos, algún conocimiento del fundamento del toreo. Se deberá entender que el señor Bonilla no se deja llevar, en sus decisiones, por asuntos que nada tienen que ver con la lidia. Las protestas del profesor de la Escuela a la autoridad municipal -organizadora del evento, no ningua asociación- estaban razonadas. Y no es para menos pensar que todo ha sido una decisión meditada a priori por un enfrentamiento que nada tiene que ver ni con la novillada, ni con Manuel Diosleguarde, ni con los cientos de aficionados que pasaron por taquilla -no lo obvie, señor Bonilla, que han pagado su entrada para disfrutar de un espectáculo, no de su espectáculo-.

Para terminar, este tipo de presidentes cuánto daño hacen a la fiesta, a los aficionados y a los chavales que empiezan. Que la organización -el Ayuntamiento de Alba de Tormes- tome nota.

FOTOS LUIS FALCÃO