Región

La milagrosa campana de Santa Ana de Sardón de los Frailes

3 octubre, 2018 12:24

Desde el principio de los tiempos, las gentes del campo siempre han realizado el mismo gesto. Erguidos, brazos en jarra y cabeza hacia arriba, agricultores y ganaderos miran al cielo en busca de una respuesta al futuro de sus cosechas y pastos. El saber popular, siempre tan certero y rotundo, recoge que nunca llueve a gusto de todos, y eso es precisamente lo que hacían constantemente los labradores de Sardón de los Frailes, un pequeño pueblo situado junto al embalse de Almendra que hoy día apenas llega al centenar de vecinos. Pero, por si acaso la tormenta amenazaba el fruto de su esfuerzo y sudor para ganarse el pan y el porvenir de sus hijos, contaban con la campana de Santa Ana.

Cuenta la historia transmitida de generación en generación que una gran epidemia asoló en el siglo XVIII a la mayoría de los habitantes de la zona de Sardón de los Frailes. Este pueblo de la comarca de Ledesma que se mostraba próspero sufría una de sus mayores sangrías demográficas y nadie sabía cómo poder atajarla. Entonces surgió en la finca de Villarejo, actualmente pedanía del término municipal, la figura de Santa Ana, gracias a cuya advocación se evitó la muerte de uno de los hijos de una familia.

A partir de ese momento se genera una gran veneración hacia esta Santa, a la que comienzan a encomendarse los vecinos de la zona con gran fervor. Pero la gracia de Santa Ana iba más allá de las curaciones que se decía proporcionaba entre los enfermos durante una época en que enfermedades que hoy día provocan una ínfima preocupación entonces podían acarrear la muerte. Así, en la ermita dedicada a esta imagen el repicar de su campana era capaz de evitar las tormentas de verano, cuyas nubes se disipaban completamente en cuanto llegaban a los dominios de Sardón de los Frailes.

Cuenta la leyenda, y todavía la transmiten los vecinos más viejos del lugar, que había una vez un cargamento muy importante para esta pequeña localidad que tenía que venir desde Villarino de los Aires, empleando el camino que hoy se conoce como la carretera cortada, pues antes de que en 1958 se decidiera crear un embalse en la zona, el trayecto transcurría en línea recta hasta Trabanca y después hacia la puerta de Las Arribes del Duero. En ese momento los cielos se tornaron grises y la luz del brillante sol estival comenzó a disiparse entre las oscuras nubes.

Campana y réplica de Santa Ana

Comenzó a granizar piedras como ciruelas de grandes nada más salir de Villarino, o al menos así aseguran que lo dijo el portador del cargamento a su llegada al pueblo. Rápidamente, los vecinos de Sardón, temerosos de que la ansiada espera se quedara a mitad de camino por la tormenta y mirando hacia sus prósperas cosechas, corrieron raudos a tocar la campana de Santa Ana. Al momento, dejó de granizar y las nubes desaparecieron, propiciando que el cargamento pudiera llegar a buen destino no sin relatar su portador el increíble trayecto y cómo a mitad de camino, cuando más temía por su vida, la granizada desapareció como alma que lleva el diablo. Una vez más, la campana de Santa Ana había cumplido su cometido.

Hoy día todavía se mantiene a la entrada del pueblo la imagen de la Santa dentro de una pequeña urna a modo de altar, así como la famosa campana en la parte superior, conservando su primitivo estado. Cuando uno conoce esta historia, la tentación surge al instante. ¿Será verdad? ¿Por qué no esperar a que se forme una tormenta para correr a tocar la campana? ¿Lo habrán vuelto a hacer los vecinos para ver si se cumple la leyenda? El problema es que con la construcción del embalse de Almendra, 1.500 hectáreas quedaron anegadas bajo las aguas, con lo que la mayoría de las fértiles tierras dejaron sin empleo a muchas familias, propiciando una reconversión económica hacia la ganadería en los años 70, destacando el vacuno y el ovino. Por eso, no habiendo cosechas que proteger, parece no haber necesidad de acudir a la milagrosa campana.

No obstante, alguna vez se ha vuelto a utilizar, aunque su función es bien distinta, pues avisa a los vecinos de algún incendio. Precisamente durante el último, hace ya muchos años, falleció una persona, por lo que estos hechos son de infausto recuerdo para los habitantes de Sardón de los Frailes. Y no deja de ser curioso que una campana que significaba el final para una tormenta y su dañina agua para las cosechas haya modificado su función como símbolo de la llamada de socorro ante el fuego, para cuya extinción se necesita precisamente todo lo contrario, mucha agua.