Región

La otra procesión: dejad que los niños vengan

26 marzo, 2018 09:05

“Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios”. Así recoge el Evangelio según San Marcos este pasaje de la vida de Jesús de Nazaret que cobra sentido en Domingo de Ramos, el día de la Semana Santa con mayor presencia de niños, cientos de pequeños de todas las cofradías y hermandades desfilando por las abarrotadas calles de Salamanca.

La procesión de La Borriquilla, con el paso de La Palabra que portan niños, estuvo protagonizada por los más pequeños, tanto quienes integraban la comitiva como quienes aguardaban sentados sobre las frías losas de la plaza de Anaya, las escaleras de la Clerecía o la Plaza Mayor. Y claro, entre tanta espera, no era difícil escuchar las necesidades urinarias de los pequeños o la típica súplica “tengo hambre”. Así, durante todo el recorrido había hermanos y cofrades que iban y venían hacia los bares más cercanos con los niños en brazos. Para mitigar el hambre, la solución era más fácil, una socorrida chocolatina, golosina o incluso alguna pasta que salía de los bolsillos de los hábitos.

Pero la presencia infantil no sólo se percibió al mediodía, también la juvenil durante la tarde en las procesiones de Jesús Despojado y Jesús del Perdón. La primera, estrenando acompañamiento de la Virgen de la Caridad bajo palio. La plaza de la Purísima estaba abarrotada de gente para ver esta procesión con aires sureños, y entre los presentes mucho pipiolo. También a lo largo del Camino de las Aguas aunque este año no hubiera reo indultado, sustituyendo el acto con la liberación del preso por la simbólica rotura de unas cadenas.

La Semana Santa de Salamanca ha comenzado demostrando que hay cantera para el futuro, algo sorprendente en una sociedad cada vez más laica, con una juventud que no da muestras públicas de su fe. Cabe preguntarse si se han dado cita en estas primeras procesiones por el mero hecho de seguir a la multitud, de disfrutar de la tradición o incluso del arte de unas singulares tallas desfilando por el único marco que confieren los monumentos de la capital del Tormes. O si más bien han acudido para profesar su fe.

Entonces cabría preguntarse dónde están todos estos jóvenes cuando se les llama para acudir a los templos durante el resto del año (en el último besapiés del Cristo de los Milagros, de doscientas personas presentes en la iglesia de Sancti Spíritus, el único que bajaba de 65 años era un servidor, y porque estaba haciendo fotos para ilustrar el evento…).

Dejad que los niños vengan, pero si quien tiene que llamarles no les ofrece algo que les agrade, poco o nada se acercarán. ¿No será que aquello que falla es la propia estructura de la Iglesia, que no ha evolucionado con los tiempos, que no sabe difundir el mensaje revolucionario que supuso Jesús de Nazaret, que se ha quedado anclada en polvorientos rituales? Éstas son preguntas que tal vez deben responderse en otro foro. De momento, dejad que los niños vengan.