Región

Ley antiterrorista para pirómanos

29 agosto, 2017 01:44

Un año más, para no ser menos, vivimos hastiados, es decir, quemados por las llamas que arrasan nuestros campos, que asolan nuestros pueblos para desgracia de una sociedad que consume sus días de espaldas a la naturaleza. Siempre me he considerado ecologista activo, concienciado contra una burocracia pillada en la telaraña de unos gobernantes que no saben planificar porque desdeñan prevenir, para quienes el medio ambiente es esa cosa bonita que está de moda, en la que unos niños plantan pequeños arbolitos y pueblan las paredes de murales que hablan bonito del Día del Árbol o del Día del Medio Ambiente, como podrían hablar del Día de la Ineficacia o el Día de la Fotogenia.

Con el dinero que se han llevado todos los chorizos, sean políticos, gestores o banqueros, se podría evitar que de las más de 20.000 hectáreas de terreno abrasadas, no llegasen ni a la tercera parte, porque con el dinero que han robado se habrían podido comprar no sé cuantos helicópteros, hidroaviones y contratar una gran cantidad de guardabosques, que ahora llaman agentes forestales.

Además, que se ha quemado mi tierra, Arribes del Duero, salmantinos, zamoranos y también portugueses, y dentro de ese vasto territorio, todo un entorno privilegiado del querido Fermoselle.

Es hora de que tanto la Junta de Castilla y León, como las diputaciones, como el Ministerio de Medio Ambiente, ahora MAGRAMA –si es que aún existe– se tomen en serio lo que supone una de las mayores lacras contra la humanidad y, sobre todo, para el futuro de esta sociedad. Cuando el monte arde, un poco de cada uno de nosotros nos hacemos también cenizas.

La Administración tiene tres cometidos básicos que no debe dejar ni para un minuto más, como son poner todos los medios jurídicos y técnicos para que las Fuerzas de Seguridad puedan detener y los jueces encarcelar a los delincuentes que queman el monte –no dejarlos en libertad, porque al final se ríen de todos y cada uno de nosotros–. En segundo lugar, realizar planes urgentes y básicos de prevención, así como, dotarse de medios técnicos y humanos suficientes para hacer frente a las llamas cuando llegan. Después, las palabras y los lamentos políticos sobran.

En tecer lugar, que el Gobierno del PP vuelva a poner en vigor la ley anterior que prohibía, durante muchos años, hacer cualquier tipo de uso -sobre todo urbanístico y ganadero- del suelo quemado.

Y, finalmente, que se le aplique a los pirómanos la ley antiterrorista, porque quemar el monte es un atentado contra las personas, contra los pueblos y contra la sociedad. Es hora de parar esta bestia desalmada y, al margen de medios materiales y técnicos para afrontar las llamas, como también de medidas de prevención -abandonadas por la dichosa crisis para limpiar el monte en invierno-, también desde la Justicia, aplicando la ley de manera implacable y, por qué no, que en vez de estar 'agustitos' en la cárcel, se regeneren plantando vegetación donde prendieron desgracia. Cachis!