LearningLab y DesignLab, los espacios que traen al presente la enseñanza del futuro

La Universidad Camilo José Cela se posiciona en la vanguardia de la educación con estos espacios, abiertos y flexibles, que redefinen el rol del profesor y ponen en sus manos las mejores herramientas para el aprendizaje de los alumnos.

En un contexto tan dinámico como el actual, en un constante cambio que alcanza a prácticamente todas las facetas de nuestra vida, la educación también explora nuevas vías hacia una enseñanza más efectiva que la tradicional. Esta visión disruptiva en las aulas busca aprovechar todas las posibilidades tecnológicas y metodológicas para que el alumno se sienta más motivado, sea más participativo y, sobre todo, asimile conocimientos al tiempo que interioriza las aptitudes necesarias para su desarrollo profesional. La educación del futuro que ya está aquí gira en torno a los conocimientos pero también incide sobre la capacidad de trabajar en equipo, de debatir y de exponer argumentos.

Fiel a su vocación de ser la vanguardia del modelo educativo, la Universidad Camilo José Cela ha estrenado este curso dos espacios que van más allá del modelo tradicional de enseñanza. Se trata del LearningLab y el DesignLab. Ambos rompen el esquema clásico y unidireccional en el que el profesor imparte un temario ante alumnos sentados en filas que se limitan a escuchar y a tomar apuntes. Estos espacios de la UCJC son un paso adelante gracias a una nueva dinámica en el aula y a un diseño de las instalaciones que busca no solo las mejores condiciones en clase para alumnos y profesores, sino la optimización de los recursos que ofrece el mobiliario y la aplicación de la última tecnología en el aula.

Silvia Carrascal, Vicerrectora de Docencia y Aprendizaje de la UCJC.

“Se trata de espacios abiertos, flexibles, conectados con el conocimiento y dotados con mucha tecnología, la más innovadora, lo que permite que el alumno tenga un papel activo en su proceso de aprendizaje”, cuenta Silvia Carrascal, vicerrectora de Docencia y Aprendizaje de la UCJC. “Suponen un cambio de paradigma en la forma de enseñar en el contexto universitario porque se aplican metodologías activas que permiten al estudiante desarrollar su conocimiento y aprender de una forma muy personal, atendiendo a su potencial”.

Parece lógico que, si la sociedad avanza cada vez más en cuanto a conocimiento y tecnología, sus aplicaciones también lleguen al aula. Gracias a ello evolucionan las metodologías para transmitir el conocimiento pero también la posibilidad de aplicar una filosofía ‘open mind’ en la que todo se orienta con un fin: proporcionar al alumno las mejores herramientas para prepararles de cara a su futuro profesional.

En este modelo, el cómo se configure la clase físicamente no supone aprobar un examen, pero ayuda a que el alumno se sienta más cómodo y rinda mejor. En estos lugares no hay magia, pero sí ciencia aplicada: “Hay muchos estudios que hablan de la neuroarquitectura, del cómo la disposición y condiciones del lugar pueden influir en el desarrollo cognitivo”, cuenta Silvia Carrascal. “En el diseño de estos espacios y en el desarrollo global del proyecto hemos trabajado con Stephen Heppell [Experto en innovación educativa], gracias al cual hemos podido entender la influencia de la temperatura, de la disposición del mobiliario, y de la tecnología adaptada en el aprendizaje”, explica.

En efecto, visitar estas zonas del campus de la UCJC en Villafranca del Castillo es entrar en lugares que no tienen nada que ver con las aulas tradicionales. De ellas llama la atención la amplitud, la luz que parece venir de todos los lados, las paredes de cristal o la disposición de mesas, sillas, pizarras u otros elementos que, según la actividad del momento, se pueden configurar de acuerdo a las necesidades específicas de un grupo. Hay elementos que, aunque pueden pasar desapercibidos, como la intensidad de la iluminación o la temperatura, responden al estudiado diseño que se ha puesto en práctica aquí para ayudar a alumnos y profesores.

Aulas inteligentes que mejoran el aprendizaje

Estas aulas inteligentes siguen las pautas del modelo elaborado por Heppell, director de la Cátedra Felipe de Segovia de Innovación de la UCJC, a través del cual “cada detalle cuenta en la forma en que organizamos el espacio”. “La calidad de la iluminación, el CO2, la temperatura o la presión del aire”, explica, son aspectos que permiten que “la pedagogía esté adaptada al espacio y nos permita enseñar de distintas maneras”. “Todo orientado a elevar la atención, la diversión y, en definitiva, a mejorar el aprendizaje”, concluye.

El DesignLab y el LearningLab son espacios dinámicos y en permanente evolución. En este sentido, su “narrativa es única y muy especial”, según Heppell, ya que su utilidad se nutre de la experiencia de estudiantes y profesores desde su mismo origen: “Retamos a un grupo de alumnos a investigar, a encontrar lo que podría funcionar para ellos. Fue muy interesante hacerles reflexionar sobre lo que les gustaría que fuese la universidad y sus espacios. También fueron partícipes profesores de la universidad, se entabló una conversación donde todos tuvieron voz y donde la opinión de los alumnos ha tenido mucho peso”, cuenta.

¿Y cómo es para el alumno pasar de una clase normal a una enseñanza en estos espacios? “Lo que más cambia es nuestra actitud”, asegura Carmen Chamorro, estudiante de Grado de Tecnología y Empresa. “Son clases más dinámicas”, explica, “la principal ventaja de estos espacios es estar en contacto con la gente. Yo, al menos, estoy aprendiendo a trabajar no desde el silencio de un espacio cerrado sino con otra gente, compartiendo todo el rato ideas. Eres partícipe de la clase todo el rato”.

Alejandra Artero estudia el Grado Internacional en Comunicación, una formación muy diferente a la de su compañera Carmen, aunque ambas coinciden al señalar las principales virtudes del LearnigLab de la UCJC: “Para mí la gran ventaja que tienen estos espacios no tiene tanto que ver con el contenido de la asignatura en sí, sino con la forma en la que el diálogo con el profesor se abre y se posibilita”.

Esta proximidad responde a la filosofía de que “todos los espacios formen parte del proceso de aprendizaje”, como apunta Silvia Carrascal. Lugares que permiten que “el mobiliario pueda adaptarse a la metodología de tal modo que se puedan conectar entre ellos, usar pantallas, conectar entre sí ordenadores, mover sillas, mesas o incluso escribir en las paredes de cristal”.

En general, y tras dos años en funcionamiento, los estudiantes reconocen unas ciertas reticencias iniciales porque, como apunta Alejandra, “los alumnos somos bastante reacios a los cambios porque estamos acostumbrados a la clase magistral”. Sin embargo, el dinamismo y la cercanía a otros compañeros, incluso de otros grados, hacen que a día de hoy, y como señala Carmen, les resulte inimaginable volver “a un modelo normal en el que estás mirando a un profesor escribiendo en la pizarra y hablando durante hora y media”.

"Para mí, la gran ventaja de estos espacios no tiene tanto que ver con el contenido de la asignatura en sí, sino con la forma en la que el diálogo con el profesor se abre y se posibilita". Alejandra Artero, alumna

"Algo soñado" para los profesores

Y ¿cómo es para los profesores este nuevo modelo? Para los profesores, este nuevo modelo es “un espectáculo, algo como soñado, como un recreo...”, expresa Max Römer, Doctor en Ciencias de la Información y profesor del Grado de Comunicación en la UCJC. Su entusiasmo casi habla por sí solo del cambio que ha supuesto para el profesorado este nuevo ecosistema que redefine el rol clásico de “quienes, como yo, empezaron a dar clase con tiza”. “La adaptación realmente no es compleja. Estamos en un proceso adaptativo permanente y los profesores realmente lo agradecemos; además, la Universidad Camilo José Cela se ha ocupado de formarnos”, explica. En general, concluye, “para los profesores es un reto y para los alumnos una novedad de aprendizaje que no tiene precio”.

Ellos han notado más que nadie las posibilidades de estos espacios que ofrecen, según Max Römer, dos grandes ventajas: “Una, tecnológica, que nos permite preparar las clases sobre la base de mecanismos audiovisuales; otra es la del cambio de mentalidad, que permite estrategias de aprendizaje más dinámicas” gracias a la participación de los alumnos y a la posibilidad de configurar el aula según las necesidades de cada docente. “Yo quiero dar clase aquí, no en un aula tradicional, quiero aprovecharlo. Me encantaría que todas las aulas fueran así”, resume.

Como apuntaba el profesor Römer, uno de los aspectos más reseñables de estos espacios es la capacidad que tienen para personalizar la enseñanza de acuerdo a las necesidades de una materia. Los recursos tecnológicos y el mobiliario permiten que, aun compartiendo un mismo lugar, una clase de Comunicación y otra de Anatomía se parezcan poco o nada y, sin embargo, puedan coincidir en espacio y, gracias a la flexibilidad de estas zonas, en tiempo.

Precisamente una de las profesoras que más aplica esta verstilidad en sus clases es Gracia María Gallego, doctora en Fisioterapia y profesora de Anatomía II en la UCJC. Durante sus explicaciones, se apoya en “dos pantallas simultáneas con la idea de estimular al alumno desde los conceptos, el teórico y el práctico”, en la que los alumnos pueden ver en 3D las partes del cuerpo que sean objeto de estudio. Gracias a estos métodos, se consigue “captar la atención del alumno, fomentar su participación y mantener su interés” de manera más efectiva que en el método tradicional de enseñanza.

Ruth Castillo, Doctora en Psicología y profesora en los Grados de Educación, de Psicología y de Comunicación, ensalza los “vínculos emocionales” que se generan gracias a la “cercanía al estudiante, especialmente desde los puntos de vista del asesoramiento, mentorización y, en definitiva, de personalizar la enseñanza”. Todo ello motiva “una interacción conmigo y entre ellos mismos, lo que mejora el proceso de evaluación y de feedback que el alumno necesita para consolidar lo aprendido”.

"Cuando trabajamos en espacios en los que nos sentimos cómodos, se generan en nosotros emociones agradables que mejoran los procesos de enseñanza y aprendizaje”. Ruth Castillo, profesora

Como en el caso de sus compañeros, Ruth destaca el valor intangible del LearnigLab y del DesignLab de la Universidad Camilo José Cela que, más allá de lo físico, se respira en un ambiente que favorece, motiva e incluso invita al estudio, incluso más allá de las horas lectivas: “Cuando trabajamos en espacios en los que nos sentimos cómodos, se generan en nosotros emociones agradables que mejoran los procesos de enseñanza y aprendizaje, la atención, el rendimiento, la toma de decisiones, y despiertan la curiosidad y la creatividad”.

Se trata, en definitiva, de espacios que motivan a profesores y estimulan el potencial de cada alumno, en cuyas manos se ponen las condiciones y herramientas para que la asimilación de contenidos sea más fácil, más atractiva, más dinámica y, sobre todo, más apegada a la realidad.