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ANÁLISIS

La temporada en la que cambió el consumo, revivió ‘OT’ y murió ‘GH’

Hacemos un balance de los bueno y malo que ha tenido esta temporada 2017/2018 en televisión.

Daniel Jabonero
@DanielGJabonero
19.07.2018 | 09:30

De cada temporada televisiva se saca algo en claro, algo que no se debe volver a repetir (aunque en numerosas ocasiones se repite) y algo que señala el buen camino. Esta temporada que ya se ha despedido para dar paso al verano ha dejado claro que el consumo en televisión ha cambiado. Ha sido una temporada marcada por las decisiones de los espectadores, que han dejado claro que algo está cambiando en la pequeña pantalla.

El arranque de la temporada, en septiembre, dejaba claro que algo estaba pasando en nuestra televisión. Y el cambio estaba siendo muy repentino. Se estrenaban series y programas que no se consolidaban, que no lograban alcanzar buenos resultados a pesar de su tirón mediático. El miedo se apoderó de muchos.

Parecía que la llegada de nuevos actores, como plataformas de pago con numerosos contenidos a la carta, había hecho que la gente se cansase de consumir televisión con publicidad, que te manda a la cama a las tantas de la madrugada y que te dice cómo y cuándo tiene que ser consumida. El espectador se cansó de ser mandado para empezar a mandar. 

En esta temporada, las cadenas se han tenido que acostumbrar a otro tipo de datos de audiencia para considerar a una serie de televisión, a un programa de entretenimiento, un éxito o un fracaso. Muy atrás quedó aquel 20%, ahora soñado por muchos. Allí abajo ha sido renovada con un 14,4% de cuota de pantalla media, algo impensable hace unos pocos años.

Ha sido una época que ha pegado un tirón de orejas a las cadenas generalistas. Y es que ya admiten que si quieren tener buenos resultados de audiencia se tienen que esforzar mucho y ofrecer algo realmente bueno y diferente, algo que llame la atención. Ha llegado la revolución del marketing. Y es que en televisión se han dado cuenta de que el marketing es lo que vende su producto. Después, su calidad, parece que ha pasado a un segundo plano.

En esta temporada se han recogido los frutos que se han ido sembrando con el paso de los años, con las decisiones tomadas, para bien o para mal. Cada cual ha tenido que apechugar con las consecuencias de las sentencias tomadas en el pasado. 

laSexta arrancó la temporada con un gran éxito. El conflicto catalán les colocó en un primer plano, llegando a competir con las grandes en prime time con especiales informativos. La política había vuelto a interesar y ellos habían estado preparándose durante años para este momento. Su resultado, inmejorable, terminó en máximos de audiencia sólo por sus espacios informativos.

El año que nuestra ficción viajó por el mundo

En Antena 3, mientras tanto, han saboreado las mieles del éxito después de llevar años invirtiendo en ficción. Su marca Series Atresmedia se ha consolidado tanto que ha dado un gran salto hacia lo internacional. Su inversión ha merecido la pena. Ahora son aliadas de las plataformas de pago y sus series viajan por el mundo con mucha facilidad. Tanto es así que han empezado a pensar más en el allí que en el aquí, celebrando la llegada de las series de 50 minutos.

La casa de papel ha sido todo un fenómeno mundial. A Antena 3 no le fueron tan bien las cosas con su emisión en abierto. Fuera de nuestras fronteras, sin embargo, nadie habla de otra cosa. ¿Y si empezamos a hacer series para los de fuera? Es un pensamiento que ya se le ha pasado por la mente a Antena 3 con la creación este año de Atresmedia Studios, una señal de que algo está cambiando.

El año que dijimos adiós a ‘Gran Hermano’

No hemos estado mucho tiempo sin noticias de Gran Hermano. El pasado mes de diciembre se despedía la última edición del programa y ahora ya sabemos que en otoño regresará GH VIP

En Telecinco se han dado cuenta que la fórmula del famoso es la que funciona. Y que Jorge Javier  funciona con ellos. Por eso Supervivientes les ha enseñado que un potente casting puede hacer triunfar a toda la parrilla. Ya no vale un casting a medio gas. 

Después de casi 20 años, en Telecinco siguen siendo los dueños, amos y señores de los reality shows. Es una fórmula que forma parte de su ADN y no deben abandonar. Pero tampoco se pueden dormir en los laureles porque el público no quiere lo mismo año tras año. El fin del Gran Hermano  de anónimos fue una señal para ellos.

El año que dijimos hola a ‘Operación triunfo’

Parece que los fenómenos sociales de la televisión llegan siempre sin querer. En esta ocasión, después de muchos años esperando a que la televisión volviese a tocar la calle, tuvo que venir uno del pasado para volver a revolucionar el panorama. 

Operación triunfo regresó a nuestras vidas y, sin darnos cuenta, ya no se podía hablar de otra cosa que no fuese este programa de televisión. Un formato se transforma en fenómeno cuando las otras cadenas de televisión no tienen más remedio que hablar de ellos. Sólo ha pasado con programas como el antes citado Gran Hermano.

Operación triunfo ha dado muchas lecciones este año. ¿Televisivas? Que nunca se puede decir que algo está muerto. La televisión también son ciclos, como las modas que hay dentro de un armario. Ahora toca volver a quemar el formato, como siempre. De eso nunca hemos aprendido en nuestra televisión.

El año que Eurovision volvió a ser un fenómeno

Ha sido gracias a Operación triunfo que Eurovisión ha vuelto a llamar a las masas. Las audiencias de este Festival nunca han sido malas. Es el evento no deportivo más visto cada año. Sin embargo, los malos puestos de los últimos años habían terminado por destruir su imagen.

La llegada de Alfred y Amaia hizo que los audímetros reventaran, que la gente volviese a hablar de Eurovisión con respeto. Pero la oportunidad, de nuevo, pasó por delante de nuestras narices como un tren que nunca hemos querido coger.

De nuevo, España volvió a quedar en entredicho en Eurovisión. Sólo hay que ver la propuesta de nuestra televisión pública en su contexto, rodeada del resto de países de Europa, para darnos cuenta que algo falla en nuestra candidatura. De arriba a abajo, España cojea por los cuatro costados. Y no es un problema de falta de talento. Es un problema de falta de ganas.