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Una víctima de pederastia eclesiástica, en 'Salvados': "Te veía llorar y le daba igual"

El programa denunció el silencio que se produjo en el pueblo del cura.

Jordi Évole entrevista a Javier.
Jordi Évole entrevista a Javier.
Redacción
@Bluper
11.12.2017 | 10:54

En España no hay datos sobre el número de casos de pederastia dentro de la Iglesia. Se habla de unos 15 o 20, que son los que se han salido a la luz. Son datos que contrastan con los más de 1.300 casos verificados en EEUU o las 4.500 denuncias recibidas en Australia.

Por todo ello, Salvados quiso reconstruir anoche la historia del padre Ramos Gordón, el primer episodio de pederastia en España reabierto, juzgado y castigado por el Vaticano.

Jordi Évole se desplazó a las provincias de Zamora y León para hablar con una de las víctimas que le denunció y con vecinos de Tábara, el pueblo del que el cura fue párroco durante más de 25 años.

De esta forma el periodista entrevistó a Javier, que estudiaba y residía en el Seminario Menor de la Bañeza, en León, a finales de los ochenta y que contó cómo su hermano y él intentaban evitar los abusos sexuales del sacerdote en La Bañeza:

"Claro que recuerdo la primera vez. No se me va olvidar nunca. Un compañero y mi hermano me dijeron que José Manuel hacía esas cosas feas. Se me hacía muy difícil que un sacerdote hiciera eso. Pero yo creía a mi hermano al 100%. Y más viendo a mi hermano pálido", empezó contando.

"Yo no he vivido algo tan traumático cómo viví ese primer día. Yo me desperté porque me estaban tocando y te quedas inmóvil intentando asimilarlo. Eso me provocaba miedo, pánico. No piensas en reaccionar o gritar. Me tocó, me acariciaba, me masturbaba y cuando se cansó, se fue. No sé si duró seis o siete minutos", relató.

"Si te pillaba dormido, te despertaba y te hacía eso. Si te veía dormido, iba directamente, se arrodillaba y te empezaba a tocar. Él también se tocaba. No hablaba, hacía. Y si cogía confianza iba más allá. Intentabas ponerte boca abajo para que no te tocara y no ayudaba mucho porque también te tocaba. Llevaba cremas, algo líquido, y te tocaba las nalgas, te acariciaba y se iba acercando al ano e introducía su dedo". 

"Mi hermano se encerraba en el baño con pestillo. Yo iba, le tocaba la puerta y me abría. Teníamos nuestras señas.  Además de muertos muertos de miedo, temblábamos de frío. Yo le decía de volver a la cama y me decía que él se quedaba ahí. Esa situación sucedió durante todo el curso. Era el infierno las noches que venía y las que no venía porque le estabas esperando. Me sorprende que un ser humano vea que estás llorando y pasándolo mal y le daba igual. Hasta que no llegaba a su orgasmo, hacía lo que quería", relató.