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OPINIÓN

Qué debemos pedirle a la segunda edición de ‘Maestros de la costura’

El programa está actualmente realizando el casting de los futuros concursantes

Mike Medianoche
@mikemedianoche
06.10.2018 | 14:00

En estos días, a través de las redes sociales, podemos ver cómo se está realizando el casting de la segunda edición de Maestros de la costura, uno de los formatos revelación del actual 2018 de la televisión nacional en general, y de Televisión Española en particular.

El programa obtuvo un share de 13,7% de media, lo cual se considera un buen dato, pero para revalidad esa audiencia, el programa tiene que igualar, cuando no superar, determinados aspectos para que el resultado sea aún más excelente.

El casting

Para entrar en el concurso es imprescindible, por supuesto, tener buenas ideas y saber ejecutarlas, entre patrones, jaboncillos y tijeras. Sin embargo, también se necesita un ángel especial para enamorar a la cámara. Que el concursante sea, en cierto modo, un personaje.

El elenco de la primera edición fue impecable, y nos dejó grandes aportaciones como Mahi y su actitud naïf (y su peculiar visión de la moda), Eduardo y sus piques con el jurado -algo casi imprescindible en un concurso-, los gemelos religiosos Vicente y Sergio, la casta Vanessa que se ofendía si le decían que una de sus creaciones era picante… Y así con todos, incluidos el primer expulsado, Shaoran, que ha demostrado por las redes sociales que podría haber dado mucho juego televisivo.

Pruebas más divertidas (y visuales)

La primera prueba del primer programa consistió en hacer unos trajes de época con unas cortinas, una prueba que ya habíamos visto, casi calcada, en Rupaul’s Drag Race. Y precisamente, de ese talent de transformistas Maestros de la costura podría beber más, sobre cómo diseñar trajes con materiales y presupuestos de todo tipo. Desde ropa usada a la que hay que dar una nueva vida a realizar diseños con artículos de un bazar chino.

No obstante, la de las cortinas no fue la única prueba de Maestros que se parecía a otras de Drag Race, pues también en ambos formatos ha habido retos para hacer moda para un perro y su dueña a juego.

Crear su propio sello

Maestros de la costura es un formato basado en The Great British Sewing Bee que busca al mejor modista amateur de España, y pese a ser una adaptación, es casi una versión de MasterChef dedicada a la moda.

Raquel Sánchez Silva es una sosias de Eva González, y el jurado de ambos programas está formado por una mujer, y dos hombres, uno de ellos más joven y otro más maduro. Las pruebas están distribuidas del mismo modo (una prueba de líder, una de equipo, y una de eliminación) y los montajes, los insertos, son bastantes parecidos.En ese sentido, el programa podría mirar hacia Cuatro y sus realities. Siempre tienen un aire tróspido, sí, pero no se fotocopian los unos a los otros.

Y es que a veces con Maestros se tenía la sensación de ver MasterChef, solo que en lugar de carnes, pescados y verduras hay telas, encajes e hilos. Por cierto ¿para cuando un crossover entre ambos espacios?

La duración

Es un clásico, quejarse de la duración de ciertos programas. En el caso de Maestros de la costura ocurre como con MasterChef: para encontrarnos tres pruebas, el programa se alarga más de dos horas, y en el caso de su final, llegó a durar casi tres (sin contar el par de cortes publicitarios de cortesía, para poder ir al menos al baño).

Maestros de la costura podría meter la tijera, hacer las pruebas más ligeras mostrando solo lo esencial y permitiendo al espectador irse a la cama a una hora normal, sin necesidad de hacerse un café para ver quién resulta eliminado.

Por supuesto, esto repercutiría en primer lugar en el share, que sería más bajo, pero a una cadena pública eso no le debería obsesionar. Y en segundo, que el espectador podría enamorarse menos de los concursantes. A Antonio, Luisa, Alicia o Pa les cogimos cariño a base de verles dos horas y media a la semana.

Sin embargo, repitiendo el ejemplo de antes, en RuPaul’s Drag Race, con solo 50 o 60 minutos por episodio (depende de la temporada), el espectador queda rápidamente fascinado con los participantes, por su simpatía, por su creatividad, por su forma de aceptar las críticas. Seguro que también nos podíamos enamorar de los futuros costureros si el programa redujese su duración hasta la mitad.