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OPINIÓN

'Alta Mar', el primer tropiezo español de Netflix; el tercero de Bambú en dos meses

A la productora le toca hacer autocrítica y reflexionar sobre el rumbo que ha tomado en los últimos tiempos.

Póster promocional de 'Alta Mar' (Netflix).
Póster promocional de 'Alta Mar' (Netflix).
Juan M. Fdez
@juanmafdez
27.05.2019 | 08:00

Para su primera serie original grabada en España, Netflix pidió a Bambú Producciones una serie como Velvet. Una petición nada sorprendente teniendo en cuenta que había sido hasta entonces su ficción más exitosa a nivel internacional con ventas a más de 120 países.

Y así nació Las chicas del cable, una serie que replicaba de forma notable la serie de Antena 3 y que fue bien acogida tanto por la crítica como por el público. Tanto que a día de hoy ya va por su cuarta temporada.

De ahí que no extrañara que la compañía de streaming volviera a confiar en la productora gallega de cara a una nueva y ambiciosa serie, Alta Mar, una historia ambientada en un transatlántico de lujo en los años 40.

El recibimiento de la crítica especializada ha sido de lo más frío

Para ello parece que no se escatimó en gastos a juzgar por las declaraciones de sus responsables. “El set de Alta Mar ha sido uno de los proyectos más ambiciosos a los que nos hemos enfrentado”, apuntaba Carlos Bodelón, director de arte de la serie.

Sin embargo, al igual que ocurriera con el Titanic, el Bárbara de Braganza hace aguas. Y no lo decimos, obviamente, por sus datos de audiencias ya que Netflix no los hace públicos. Sólo hay que echar un vistazo al recibimiento de la prensa y a la endeble promoción de la plataforma para darse cuenta que estamos ante un gran tropiezo.

“Alta Mar, una serie ‘marca de la casa’ que hace aguas con el misterio”, titulan los compañeros de Vertele. “Netflix tira por lo facilón con un mediocre misterio de asesinato en un barco”, opinan desde EspinOf. “Un envoltorio de primera clase para una historia de tercera”, escriben desde Cadena SER.

Poco más podemos añadir desde este diario. O sí. Quizá sobre la mala elección que se hace en algunos momentos de su música llevando a la historia al más absoluto de los ridículos.

En lo que se refiere a la promoción, nada que ver con la de otras series como Las chicas del cable, Élite, La casa de papel o incluso Paquita Salas, cuyos estrenos calienta Netflix con bastante ímpetu. En este caso, sólo hay que pasarse por la cuenta de Netflix para ver que no están muy por la labor de sacar pecho de este producto.

No obstante, eso sí, para intentar crear percepción de éxito, la plataforma ya se ha encargado de anunciar que ha comenzado el rodaje de la segunda temporada cuando en realidad desde el principio se firmaron dos temporadas.

Un cambio en el timón

De esta forma, después del ‘éxito’ de Las chicas del cable y, por supuesto, Élite, que ya tiene aseguradas dos temporadas más, Alta Mar se convierte en el primer gran tropiezo de Netflix en nuestro país.

Mientras, en el caso de Bambú Producciones, este tropezón es aún más doloroso teniendo en cuenta el fracaso absoluto de 45 Revoluciones en Antena 3 -ya es la serie con peores audiencias de la historia del canal-, la mala acogida de Instinto en Movistar o las malas críticas de la cinta A pesar de todo en Netflix

Bambú ha perdido ese punto de factoría artesanal que les venía precediendo

De ahí que desde la productora toque hacer autocrítica y reflexionar sobre si no se han industrializado demasiado, produciendo en exceso en los últimos tiempos como si de una fábrica de rosquillas se tratase, y llevándoles a perder ese punto de factoría artesanal que les venía precediendo y que tanto prestigio les reportaba.

De hecho, al mirar a Bambú es inevitable acordarse de la antigua Globomedia, de aquella etapa conservadora en la que no salía de sus típicas producciones de corte familiar y que les llevó a una profunda crisis. Una etapa que, no obstante, consiguieron remontar tras plantearse nuevas vías en la ficción con series como Vis a vis.

Quizá ese momento ahora haya llegado a Bambú y sea positivo rescatar aquella buena idea de crear una nueva filial en la productora que llevaría el nombre de Blow y en la que se acogerían apuestas más arriesgadas, con menor gasto, menos actores y tramas más potentes.