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OPINIÓN

El cuerpo en 'Gran Hermano' y la mente ya de bolos

Luis Pérez Valiente
@luispindle
27.09.2015 | 05:00

Gran Hermano es un concurso, por lo que cualquier estrategia es lícita. Conseguir hacerse con el premio final debería ser el objetivo de todos aquellos que acceden a entrar en la casa de Guadalix de la Sierra, y por ello aceptamos que algunos prefieran llamar la atención mientras otros jueguen a pasar desapercibidos. Al fin y al cabo, todo debería valer.

Esta lógica, que debería ser aplastante, no lo es, y falla más que una escopeta de feria. Hay un tipo de concursante que no debería tener cabida en el reality show, aquel que no está dispuesto a que la convivencia le lleve, que no tiene intención de adaptarse a sus compañeros y aprender de ellos, que no desea que se le sorprenda y que tiene pensado cada movimiento desde semanas antes de poner un pie en Guadalix de la Sierra.

Julio trató de emular la relación de Arturo e Indhira y falló estrepitosamente

Hay gente que llega con el guión bien aprendido. Saben qué hacer y cuándo. Pretenden engañar al espectador y hacernos comulgar con ruedas de molino, vendiendo humo como vida real y ambición como sentimientos.

El mayor exponente de este tipo de concursante fue Julio "el feroz", aquel boxeador que fue expulsado de forma disciplinaria por actuar delante de las cámaras para dar a la audiencia "lo que quería". Cada beso que dio a su compañera Flor sólo era un ladrillo más para construir su mentira.

Él creyó que veríamos amor, que las adolescentes forrarían su carpeta con fotos de la pareja y que su pasión desenfrenada atravesaría la pantalla. Trataba de emular la relación que Arturo e Indhira habían vivido un año antes y que había enamorado al público: falló estrepitosamente.

Dani, el DJ que concursó en Gran hermano catorce trató de engañarnos todavía más, y casi lo consiguió. Su tonteó con Susana "enfadó" a su novia, que le esperaba fuera, por lo que se vengó de él posando en Interviú, para luego conseguir un pase directo a la casa, donde quedó claro que todo había sido pactado antes de entrar al concurso. Ambos fueron expulsados por la puerta de atrás.

Suso, Sofía y Maite

Este año, en la decimosexta edición de Gran hermano, algunos concursantes han asomado la patita, demostrando que su papel viene bien estudiado desde fuera. Sofía se metía en la cama de Suso a las primeras de cambio, y ambos pactaban que nada de enamorarse, lo suyo sería una relación meramente carnal.

Sofía podría querer repetir el trío de Paula, Omar y Lucía

Tres días más tarde, y con una nominación a sus espaldas, la hija de Maite sufría por amor. "Sorprendentemente" su novio, ex pretendiente en Mujeres y hombres y viceversa, ya se había sentado en Sálvame para contar su historia de traición y celos. 

Quizá tantos años viendo estos programas hayan provocado que la desconfianza sea mayor, pero en la edición en la que "nada es lo que parece", lo que sí parece claro es que Sofía nos quiere dar gato por liebre. Su trío amoroso, urdido en menos de 72 horas, podría repetir la historia (que sí destilaba credibilidad) de Paula, Omar y Lucía, pero esta vez nadie la compra.

Igual de falso parece el personaje de Muti, un chico que despedía sus primeras nominaciones con la frase "un beso a mi madre y Los Montoyas", cierra sus entradas de blog con saludos a Los Montoyas y a su "gente famosa favorita" y repite varias veces al día historias sobre Los Montoyas mirando a cámara. Por si alguien no ha caído, Los Montoyas son los gemelos de Gran hermano catorce

Méritos o deméritos propios

No se discutirá que a día de hoy cualquiera puede tener amigos famosos (o conocidillos) pero la insistencia en saludar a las mismas personas una y otra vez parece excesiva. Gonzalo y Carlos continúan siendo dos de los concursantes más populares de los últimos años, y su legión de fans podría verse tentada a apoyar a un participante por su relación de amistad con ellos, y no por los méritos (o deméritos) propios.

Que la gente entre a Gran Hermano y viva. Que no piensen en la fama efímera y se esfuercen por disfrutar la experiencia. Eso les convertirá en concursantes reales y creíbles y no en personajes que sólo transmitan su deseo de hacer bolos. Ya no es cuestión de dar juego o ser un mueble, es cuestión de ser persona o personaje.