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Marta Fernández denuncia el acoso de un fan: “Era prisionera en mi casa”

El caso está denunciado y un juez le ha puesto una orden de alejamiento de quinientos metros.

Marta Fernández.
Marta Fernández.
Redacción
@Bluper
09.09.2019 | 12:35

Espejo Público ha revelado este lunes en exclusiva el acoso que ha sufrido la periodista Marta Fernández durante dos años por parte de un fan, que llegó incluso a presentarse diariamente en la puerta de su domicilio.

“El acoso comienza de una manera en que es imposible de detectar. Un individuo comienza a escribirme a través de las redes sociales. Eran mensajes raros, pero no preocupantes. Más inquietante si acaso la insistencia, porque eran bastante frecuentes”, relata Fernández.

“De repente me asusté cuando un día me envía una carta a mi domicilio particular con número de portal, piso y letra. Lo más alucinante es que mi acosador se identificaba. Había plasmado de su puño y letra su nombre y su dirección en el remitente. No entendía nada”, continúa. 

“Las cartas tenían un contenido delirante. En una de ellas decía que me había visto en una terraza de mi barrio y que yo le había mirado y que su corazón había empezado a palpitar. A partir de ahí se había construido una historia de amor, absolutamente caballeresca y enloquecida

Un día en una carta me envió un pequeño regalo, una llave. Fue más preocupante cuando una noche de Reyes llego a mi casa y me encuentro una caja en el balcón. Comprendí que no solo me escribía cartas a casa, si no que había estado allí, en mi puerta y me podía incluso haber roto el cristal del balcón. Esa fue la primera vez que fui a comisaría”, explica Marta.

"Comenzó a acercarse a mí físicamente. Un día presentando un acto lo identifiqué. Me entraron los mil males. Me tuvieron que sacar por la puerta de atrás", prosigue.

"Volvieron cartas. En una me mandaba sus carnets, el DNI, el de conducir y se presentaba como candidato. Pero lo peor es que comenzó a presentarse debajo de mi domicilio. Se plantaba en mi puerta todos los días. A eso de las siete y media ocho de la mañana se ponía debajo de mi balcón a jugar con una pelota o a cantar o hacía que hablaba con el móvil. Yo le veía desde arriba. Es como estar prisionera en tu propia casa, porque no puedes bajar". 

"Un día bajo a un bar de al lado y me lo encuentro. Me suelta: '¡Que no me haces caso! ¡Las mujeres cómo sois! ¡Las guapas cómo sois!'. Y luego mirando a la gente que había en local seguía: '¡Esta que no me hace caso. ¡Mira las guapas! '¡Las mujeres que solo queréis a los hombres por el dinero!', '¡Que no me hace caso!'. 

"En julio y en agosto de este año volvió y ya tuve que acudir de nuevo a denunciar a la policía.Le detuvieron en su casa y un juez le ha puesto una orden de alejamiento de quinientos metros. No ha vuelto", finaliza.