Cabeceras especiales

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OPINIÓN

Lo que aprendí de esta última temporada televisiva

Daniel Jabonero
@DanielGJabonero
02.07.2015 | 06:00

Se termina un curso televisivo intenso y las cadenas se quitan su uniforme escolar para ir a recoger las notas. Unas llevarán a casa más suspensos que otras. Papá se va a enfadar con algunos y se quedarán sin verano. Otros no volverán a pensar en los estudios hasta septiembre, cuando El Corte Inglés vuelva a anunciar la vuelta al cole. Siempre hay un empollón en cada clase.

Esta última temporada ha sido intensa. Las cadenas han empezado a notar que los bolsillos vuelven a estar llenos y el número de producciones ha ido en aumento en estos últimos meses. Hay recursos para arriesgar. Y el que se arriesga, gana (o no). Ha habido numerosos tropezones, pero en esta vida de todo se aprende.

Hay quienes dijeron que el papel estaba muerto. También hay algunos que se atrevieron a decir que los talent ya no triunfarían como antes. Incluso hay algún loco que se atrevió a decir que el fenómeno Gran hermano estaba desgastado. Ilusos. 

Los niños se han hecho con el mando en verano y en invierno, dentro y fuera de la pantalla. Pero esta temporada ha demostrado que no todos los programas se pueden convertir en kids. La Voz, Levántate, Pequeños gigantes o Masterchef funcionaron en versión reducida. Pero Tu cara me suena mini no supo ver que si el gamberreo del formato se pierde ya no queda nada.

Cada oveja con su pareja

Esta temporada televisiva me enseñó que no todo lo modélico tiene que triunfar y que todo lo descarriado termina por encontrar su sitio cuando la desconfianza rezuma por todos los poros de su piel. Refugiados era el gran proyecto de laSexta. La ficción española se acercaba al modelo inglés con esta coproducción con la BBC. Un gran paso para nuestra expansión cultural que, sin embargo, no tiene nada de atractivo para el público español.

Otros intentaron fijarse en antiguos éxitos para relanzarlos en el presente. O, más bien, lanzarlos a la piscina. Resines regresaba como el Pajares del siglo XXI a la parrilla de Telecinco. Y no era necesario. Una serie que intentó recuperar el humor de barrio y familiar de Los Serrano sólo sirvió para insultar a la inteligencia del público. Las cosas mal hechas mal resultan.

Nuevos tiempos

Me dijeron que era hora de empezar Un tiempo nuevo. Los políticos no debajan de hablar de ello y Telecinco se apuntó el tanto. Lo que mal empieza, mal acaba. Y la cadena arrancó a matacaballo un programa al que le faltaba todavía varios meses de cocción e incubadora. Por el camino ha ido cambiando de logo, de contenidos o de diseño gráfico. Estos nuevos tiempos me enseñaron que las prisas no son buenas cuando de un programa de televisión se trata.

Y si las prisas no son buenas, los prejuicios tampoco. Esta temporada me ha enseñado a morderme la lengua y a dejar de hacer juicios de valor antes de tiempo. Cuando me dijeron que Telecinco saldría a la mar con una serie llamada Anclados o que Antena 3 preparaba una serie de una cárcel de mujeres pedí cita en el confesionario. Blasfemias, me dijo el cura. Sólo tuve que sentarme delante de la televisión y ver cómo me abofeteaban la cara. 

Y así, de pronto, me encontré con uno de los mejores años de ficción española. Tanto, que se me acumularon los capítulos de Juego de tronos en Yomvi. Una temporada en el que se han juntado series como Allí abajo, Vis a vis, El Príncipe, Isabel, El ministerio del tiempo, Hermanos, Cuéntame, Velvet… Series que dan un aviso: ya no podemos bajar el listón.

El curso más político

Ha sido una temporada televisiva muy política. ¡Viva CNN! ¡Viva la BBC! Puede que allí tengan más recursos, pero este año he podido ver en la televisión a grandes periodistas viviendo con entusiasmo un curso político apasionante. Un trabajo que me ha hecho estar pegado desde por la mañana hasta por la noche consumiendo Bárcenas, Cospedales, Marianos e Iglesias. Consumiendo corrupción y consumiendo cambios. Consumiendo historia en directo contada por los nuestros.

Una historia que sólo ha dejado en entredicho a la televisión de todos. Una casa que han llenado de indecorosos y han vaciado de escrúpulos. Una casa con buenos cimientos bombardeada por aquellos que sólo creen que las urnas son peligrosas. 

Pero esta temporada también me ha enseñado que la televisión, si es algo, es entretenimiento. Y me ha enseñado que puedo ver Salvados y Sálvame, como ya dijo mi compañero Juan Manuel Fernández, sin parecer un bicho raro. Esta temporada me ha enseñado que la televisión da tanto de sí como la imaginación de uno mismo. Esta temporada ha dicho “hasta nunqui”.