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ANÁLISIS

¿Por qué se sigue desdeñando lo nacional y encumbrando lo de fuera?

'Perdida', 'Drama' o cualquier serie de una cadena nacional no obtiene el interés mediático de los productos de plataformas

Daniel Grao en 'Perdida' (Atresmedia)
Daniel Grao en 'Perdida' (Atresmedia)
C. Abel
@Crissabel
08.05.2020 | 08:00

En una entrevista publicada hace dos años a Stanley G. Payne, este reconocido hispanista e historiador estadounidense apuntaba que el complejo de inferioridad español surgió en el siglo XVII, cuando dejamos de ser la potencia más temida del mundo, pero fue a más a principios del XX cuando el ritmo de modernización del país se aceleró.

Ese sentimiento patrio de creernos menos valiosos en casi todo frente al resto del mundo todavía perdura en casi todos los campos profesionales, incluidas las disciplinas artísticas y audiovisuales, pese a contar con multitud de éxitos fuera de nuestras fronteras que apuntan a todo lo contrario.

Jamás en la historia de la producción nacional de ficción, España ha triunfado tanto a nivel global

Jamás en la historia de la producción nacional de ficción, España ha triunfado tanto a nivel global, sin embargo, hasta que los medios extranjeros no han puesto el acento en la calidad de nuestras producciones no hemos sido capaces de darle el reconocimiento que merecen. La calidad de los contenidos televisivos se miden en función (y por este orden) de los registros de audiencia, el beneficio económico que reporta en función de los costes, y el talento de sus creadores.

De esta manera, son muchas las series que, pese a contar historias atrevidas, con guiones a la altura de los cánones de calidad que impone el mercado internacional, y haber echado el resto en su producción (sin olvidar que los presupuestos de aquí están a años luz de los de Hollywood o Inglaterra), desaparecen de la parrilla ante el asombro generalizado de telespectadores atónitos.

Es el caso de La casa de papel. La producción Vancouver Media se despidió de las pantallas de Antena 3 en noviembre de 2017 tras caer por debajo de los dos millones de espectadores de media, cifras que hacían inviable su continuidad en el competitivo mercado nacional. Sus creadores nunca lo concibieron como un producto para arrasar en audiencias, tal y como señaló a Bluper Alex Pina, pero el tiempo ha demostrado justo lo contrario.

Netflix reconoció su enorme potencial y con dos temporadas bajo su manto la ha convertido en el mayor éxito internacional español de todos los tiempos. Probablemente, desligada de esos imperativos a los que deben claudicar las series en abierto, su equipo creativo adquirió la libertad suficiente para hacer la ficción sin complejos que es a día de hoy, jalonando el top de las más vistas en todo el mundo, sucumbiendo también en pleno confinamiento el público británico, que hasta ahora se mostraba más receloso.

Solo cuando la historia de estos atracadores enfundados en un mono rojo y con una careta de Dalí se confirmó como un fenómeno a nivel global y obtuvo el primer Emmy para la industria nacional muchos reconocieron su mérito y vanagloriaron su procedencia.

Lo mismo ha sucedido con Vis a vis, que hace apenas unos días estrenaba su spin-off bajo el título de El Oasis y con el que se pone punto final al relato carcelario femenino con las andanzas de Maca y Zulema. La producción de The Mediapro Studio para Antena 3 fue la sensación en abril de 2015 y logró superar los tres millones y medio de espectadores, cifra que se tradujo en su renovación apenas un mes después de su estreno.

Sin embargo, la caída de un millón de seguidores en la segunda entrega puso en el aire su continuidad en las pantallas de San Sebastián de los Reyes. Fox España estuvo al quite y supo escuchar a una ‘marea amarilla’ extendida por todo el mundo, que clamaba por la permanencia de unas reclusas con una carácter y personalidad propias, que se habían ganado la empatía incluso en el mercado asiático.

Con Toy Boy se repite la historia. La producción de Plano a plano para la cadena de Planeta no ha logrado ese nicho de espectadores en sus pantallas, pero es el último filón de Netflix. Vapuleada por la crítica especializada debido a la insuficiente calidad interpretativa de su elenco, la ficción erótica ha revivido en la plataforma y se ha jalonado como la segunda más vista en España; ha alcanzado el puesto número uno en países como Suiza, Israel o República Dominicana, y se encuentra entre las diez más seguidas en el exigente mercado estadounidense.

Es más, suena fuerte la posibilidad de una segunda entrega que solo tendría cabida en la plataforma después de registrar tan solo un millón de espectadores en el abierto. Sin embargo, el operador de televisión todavía no se ha pronunciado sobre su continuidad.

Pequeñas coincidencias, la comedia romántica creada, dirigida y protagonizada por Javier Veiga y Marta Hazas, ha renovado por una tercera entrega en Amazon Prime Video. Esta coproducción de Atresmedia Studios, Onza Entertainment y MedioLimón ha calado entre los abonados de la plataforma y ha llamado la atención de los responsables de Ficción de la cadena NBC, que se han hecho con sus derechos para hacer un remake. Pero esta circunstancia, nada baladí, apenas ha tenido la repercusión mediática que merece.

Tampoco parece que han obtenido una cobertura mediática equiparable a la de las series de Netflix, HBO o Amazon ficciones de cadenas españolas como Drama, que al igual que Patria iba a competir en el festival internacional Séries Mania, Gente Hablando, que ya ganó en ese mismo festival a mejor comedia; Perdida, de la que ya hablamos como una joya ignorada; o Mentiras, que también ha obtenido excelentes críticas. Sólo parece que Veneno ha atraído el interés de esa prensa cegada por las plataformas. ¿Será por aquello del complejo de inferioridad o por ese esnobismo intelectual que desdeña, juzga y decide?