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OPINIÓN

‘Terror y feria’: crítica social y un merecido homenaje al fantaterror español

Flooxer ha estrenado esta serie, creada por Benja de la Rosa y producida por Los Javis

Mike Medianoche
@mikemedianoche
05.05.2019 | 14:00

Un influencer capaz de todo por lograr likes. Una madre que no sabe qué hacer con su hija poseída. Una pareja gay que se ve amenazada por una muñeca diabólica cañí. Esas son algunas de las premisas de las que parte Terror y feria, la nueva serie de Flooxer creada, escrita y dirigida por Benja de la Rosa y producida por Suma Latina, es decir, los Javis.

Seis capítulos cortos, de entre 10 y 20 minutos, que nos dejan un regusto de Alfred Hitchcock Presenta o Historias para no dormir con un punto de vista gamberro y milenial, ibérico, desenfadado y autoparódico, un homenaje perfecto al fantaterror español.

El propio Benja de la Rosa se encarga de presentar cada capítulo con una camiseta en la que reivindica un cineasta (de Eloy de la Iglesia a Brian de Palma) y deja claro que él es un amante del cine de terror en general y del español en particular. Hay homenajes y guiños a figuras reconocidas como Jesús Franco, Chicho Ibáñez Serrador o Paul Naschy, pero también a otras menos conocidas como Marián Salgado (protagonista de La endemoniada, la versión española de El Exorcista), a Silvia Tortosa (que presenta un capítulo y rememora alguna de sus películas de género) o a José Lifante, que protagoniza un episodio interpretándose a sí mismo. Un actor de cierta edad que ya lo ha hecho todo ante las cámaras… O casi todo.

Cómo un robo se convierte en un homenaje

La serie comienza con Los Javis encontrándose a Benja de la Rosa viviendo debajo de un puente, y ya desde ese momento se hace chistes sobre el hecho de hacer homenajes a la obra de autores que admiras, y cómo algunos homenajes se convierte en un robo, pero no por ello se es menos homenaje.

Así, en Terror y feria veremos capítulos en los que se roba con amor a Muñeco Diabólico y En los límites de la realidad, a El Exorcista, a Posesión Infernal, todo de manera descarada; tanta, que hasta si no te has enterado, te lo dicen los personajes, para que no haya dudas.

Hay humor gamberro, hay sangre, hay espíritu español cañí (esa feria a la que se refiere el título de la serie), hay cameos maravillosos, como esa Esty Quesada Soy Una Pringada fregando la puerta de la Strong (famoso bar para público homosexual en Madrid) mientras da las claves del episodio para que el protagonista pueda luchar contra el mal. 

Risas y crítica social

Pero no se queda en una sucesión de chistes sobre travestis, sobre estar poseída viva o sobre crímenes. También hay crítica social, como la muñeca Marifé, que está poseída por un espíritu homófobo, o la transexual que se aparece a la que fue su compañera de cabaret para que vengue su muerte, invitando a la reflexión de qué poco se habla en los medios de los crímenes cometidos por transfobia.

Además, hay guiños (y puñales) contra el mundo influencer (un personaje es Morenus, claro guiño al Rubius) así como a la televisión actual, pues los protagonistas ven programas como ‘Ordinaria a tu pesar’ (con un grafismo que emula a Lo que necesitas es amor), que premia a ser la persona más soez del mundo ante las cámaras, y también nos anuncian ‘CSI Malasaña’ o ‘Acuéstate con todos sin condón y adivina quién es el padre’.

El terror no es que una muñeca esté poseída, sino que te quiera matar por ser maricón

Terror y feria no es perfecta, ni pretende serlo. Solo quiere entretener, que te eches unas risas en un ambiente de terror. Pero también que tiembles de miedo, pero no porque una muñeca pueda matarte ("si eres maricón, Marifé te matará"), o porque tu hija esté poseída.

El terror del que nos habla la serie es que en la actual sociedad existe la homofobia y la transfobia y te pueden matar matar por ser maricón o trans. De cómo hay gente que se preocupa más de que su hija se haga famosa y le haga ganar dinero que de los problemas que la misma pudiera tener.

El auténtico horror que supone que las personas mayores no encuentren en el lugar y el respeto que se merecen en la sociedad y se conviertan en trastos inservibles, por más que se hayan hartado de trabajar durante su longeva vida. El pánico que da imaginar hasta qué punto un programa de televisión puede hacer cualquier cosa por subir la audiencia.

Porque esas situaciones y esas injusticias sociales sí que acojonan, y no los rituales satánicos en casas rurales, ni los fantasmas, ni las posesiones diabólicas. Ese es el terror que hay dentro de esta feria en la que vivimos.