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CRÍTICA

'Foodie Love', puro postureo para el público más snob de HBO

La serie de Isabel Coixet bien podría ser parodiada por Pantomima Full.

Laia Costa y Guillermo Pfening (HBO España)
Laia Costa y Guillermo Pfening (HBO España)
Juan M. Fdez
@juanmafdez
04.12.2019 | 13:37

“Hemos tenido un meeting con los jefes de los jefes que nos querían dar un speech de su filosofía de quiénes son de su nuevo enfoque del nuevo mundo (...) Nos han hablado de nuevas tecnologías post millenial, realidad”. 

Esto que leen no es una frase sacada de una de las aclamadas parodias de Pantomima Full que intenta dejar en evidencia ese postureo de la generación millennial de ciudad. Ésta que leen es una de las frases que podemos escuchar en el tercer capítulo de Foodie Love, la primera serie original de HBO España, y que define a la perfección la propia ficción dirigida por Isabel Coixet.

Durante las últimas semanas había leído decenas de titulares hablando de lo sobresaliente que era la primera aventura seriéfila de la directora catalana. Poco menos parecía que estábamos ante la mejor serie del año.

Algo que parecía que venía a confirmar el hecho de que, sin ni siquiera haber sido estrenada, estuviera nominada a mejor serie dramática en los Premios Feroz. Pero, un momento, ¿no se estaba vendiendo esta ficción como una comedia romántica?

Ahí ya había algo que me decía que quizá debía desconfiar de la visión que se estaba dando de la serie. ¿No sería que, sabiendo que en comedia sólo pueden resultar tres nominadas al competir 15 o menos obras, desde la plataforma habían optado por presentar la serie en drama, donde los críticos de cine no iban a darla de lado?

Mis temores se terminaban confirmando al ver los cuatro primeros episodios. Obviamente que el trabajo de dirección de Coixet es sobresaliente, estimulante, ofreciendo al espectador toda una experiencia sensorial gastronómica. Y ya ni qué decir del trabajo actoral de Laia Costa y Guillermo Pfening, cuya química es formidable, o el cameo de la siempre genial Yolanda Ramos en el segundo de los episodios. 

Sin embargo, conforme van pasando los minutos y, tras escuchar más de una frase que parece sacada de una taza de Mr. Wonderful, uno empieza a alejarse cada vez más de la historia, de ese pijerio de ciudad, y pensar que la serie se antoja como puro postureo para el público más snob. 

Y, oye, bien por el objetivo de HBO que siempre ha tenido claro el concepto de ficción que quiere en su plataforma. Sin embargo, ese snobismo terminará echando para atrás a más de uno porque no, no estamos ante la mejor serie del año. 

En tiempos de fast food televisivo, Foodie Love se convierte en un plato para saborear con calma, con lentitud, casi como la experiencia de ir a un restaurante con estrellas Michelín en el que la degustación de más de una decena de platos nos lleva casi cuatro horas.

Otra cosa es que en tiempos de ver series por encima de nuestras posibilidades, uno prefiera gastar esas cuatro horas en algo fácilmente más digerible, aunque no por ello sea de peor calidad. Y es que, a veces, donde se ponga la cocina más tradicional que se quite la cocina de vanguardia.