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CRÍTICA

'Bajo sospecha' aprende de sus errores y madura como ficción

Yon González y Vicente Romero (Atresmedia)
Daniel Jabonero
@DanielGJabonero
12.01.2016 | 04:00

Segunda oportunidad, más que segunda parte, para Bajo sospecha. La serie de Antena 3 regresa a la programación este martes con un nuevo caso. Un año después, la ficción tiene por delante una misión que se le presupone más fácil que al resto de series tradicionales: el cierre de las tramas de la temporada anterior le permite empezar de cero sin llamar demasiado la atención.

Bajo sospecha sigue siendo, en esencia, lo mismo. Asesinato / desaparición que salta a los medios de comunicación y que pone en entredicho a mogollón de personas. Así es a grandes rasgos. Esto mismo se puede contar de muchas maneras diferentes como hemos visto a lo largo de los thrillers televisados a lo largo y ancho del planeta.

Su primera temporada lució con un episodio piloto que dejaba buen sabor de boca pero una primera temporada que se fue descafeinando. Las tramas eran demasiado presumibles y el único juego con el que se divertían era el sospechar de todos y cada uno de los actores que intervenían en la serie. Incluso tuvieron que invitar algunos factores externos para seguir jugando a la ruleta. 

Un juego que, si bien permitía divertirse al espectador en un principio, terminó aburriendo al personal. Finalmente, la traca final de la primera temporada supuso un engañabobos para algunos con una resolución que deslució el trabajo de interpretación que vimos muchos excelentes actores. 

La serie se ha vuelto más adulta con un historia mejor construida

Bajo sospecha ha aprendido en esta segunda etapa. La serie se ha vuelto más adulta con un historia mejor construida. Al menos, menos presentada en un primer capítulo que sigue jugando al ratón y al gato como viene siendo el esquema habitual de su marca. La trama deja atrás las ñoñerías más familiares que vimos el año pasado para presentar un enjambre mucho más oscuro y en un principio más atractivo y claustrofóbico para el espectador.

El mayor aliciente, sin embargo, sale de su primera temporada. Vicente Romero lucía en un segundo plano el año pasado y ahora ha eclosionado logrando encontrar el punto de humor más ácido y desintoxicante que esta serie necesitaba. Antes, todo esto, era un drama continuo. Ahora al arenal le ha salido alguna florecilla que nos ayuda a no tener que estar durante dos horas pegado a una pantalla sin perder detalle. 

Para los que se lo preguntan. No, no echamos de menos a Blanca Romero en la serie. Su ausencia está suplida por el propio Vicente Romero en cuanto a trama profesional y por Hugo Becker en cuanto a la trama más personal. Un personaje el de este último que hará babear al colectivo homosexual cuando sus ojos se crucen con los de Yon González. Tensión sexual que de tratarse de una fémina y un varón sería resulta en cuestión de varios capítulos.

El resto de nuevos personajes, de momento, se quedan en un segundo plano. Pero irán tomando importancia cuando al señor que pone las pruebas incriminatorias se le antoje el momento de sacar algo a la luz. De momento, Concha Velasco es la que se lleva las frases más contundentes y los planos mejor diseñados. 

Nuevos personajes. Una nueva traca de sospechosos. Se presupone un enredo más seductor que no debería caer en los mismos errores que su predecesora si quiere que los seres que se sientan delante de la pantallita sigan queriendo consumir asesinatos. En un mundo donde los juegos de la sospecha están tan trillados, Bajo sospecha tiene eternos ingredientes para innovar en el género sin necesidad del machacado escuchar detrás de las puertas.