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OPINIÓN

Adiós a Marisa Porcel, la Pepa que antes que fue la tía Paca

Fue lo más parecido a una villana en 'Médico de familia'

Mike Medianoche
@mikemedianoche
16.08.2018 | 09:37

Marisa Porcel era, como dice el compañero Javier Zurro, una de esas actrices secundarias robaescenas, con una gran vis cómica pero con mucho carácter. Su nombre y su cara nos invitan a ponernos los rulos, como la Pepa que ella interpretaba en Escenas de Matrimonio, aquella señora cruelmente encantadora que adoraba a un marido que sabía cómo sacarla de quicio. Una de esas parejas en las que hay tanto amor y complicidad como para que te insulten y sepas que no es un ataque de verdad, y que te llaman imbécil como te pueden decir cariñito.

La actriz murió este miércoles a los 74 años, y ha dejado viudo a su Avelino (Pepe Ruiz), pero también a los espectadores. Marisa Porcel transmitía familiaridad, sus personajes generalmente dulces pero de trasfondo amargo eran como el de esa vecina que casualmente siempre está limpiando la mirilla y sabe con quién entras o con quien sales, pues tiene un innato don para llevarlo todo hacia adelante.

No solo comedia

Con ella muere una parte de la televisión de España, pues Marisa Porcel comenzó trabajando en la pequeña pantalla ya a inicios de los 60 en series como en la serie El barquito de papel, Tiempo alegre y tiempo y hora. Aunque todos la asociamos a esos roles cómicos, Porcel también nos dio miedo, de la mano de Chicho Ibáñez Serrador.

Y es que ella participó en un par de capítulos de Historias para no dormir, y en el capítulo El Doble incluso nos presentó una historia en la que los robots han sustituido a los seres humanos en la sociedad. Con Chicho también trabajaría en cine, en ¿Quién puede matar a un niño?, en un pequeño papel de madre de uno de los niños asesinos en una escena en una finca.

La tía Paca

No hay década en la que Porcel no hubiese trabajado en una serie de éxito. Da igual que fuese de protagonista como en Cañas y Barro o como personaje episódico, como en Curro Jiménez. Ojo, o en proyectos que nadie recuerda, como Los negocios de mamá, aquella fallida producción que supuso la primera serie televisiva de Rocío Dúrcal, o aquella Eva y Adán, agencia matrimonial.

Sin embargo, de todos sus trabajos, por recuerdos, me quedo con el de la tía Paca. Y es que Marisa Porcel encarnó este personaje en la última temporada de Médico de familia, en el que daba vida a una tía de Juani (Luisa Martín) que llega desde Andalucía a Madrid para poner la vida de su sobrina del revés. Además, no llegó sola, sino que lo hizo acompañada de la pequeña Luisa (Estefanía Falcón), aquella niña andaluza impertinente capaz de decirle al doctor Nacho (Emilio Aragón) que si su profesión es la de matasanos, y que coge confianzas pronto para llamarle Nachete.

En cierto modo, la tía Paca fue la gran villana de una serie tan blanca y tan carente de malos como Médico de familia, donde salvo excepciones lo peor que podía hacer un personaje era llegar tarde a una cena o romper un jarrón. Aquella tía tía Paca se metía hasta en los charcos, no había asunto del que no opinase, y se acoplaba en casa de los Martín como si fuese una más de la familia y no la tía de la asistenta doméstica del clan. Y tú, como espectador, solo querías que la pobre Juani viviese feliz y tranquila.

Pero Paca también tenía un buen corazón, y mejor mano en la cocina. Y sus famosas croquetas sirvieron para levantar el bar Alabama que montaba el marido de su sobrina en la última temporada. Porque en el fondo, todos los personajes de Porcel había que acabar queriéndolos, ya fuese como la arisca Pepa, la metomentodo tía Paca, o la hermana Esperanza de Aquí no hay quien viva, aquella monja con tendencia a empinar el codo y que acaba adoptada por Radio Patio. Hasta siempre, Marisa.