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OPINIÓN

Érase una vez un planeta en el que un presunto estafador no cobraba por ir a TV

Juan M. Fdez
@juanmafdez
14.12.2014 | 05:00

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, un herrero anónimo de un planeta llamado Pandereta decidió rebelarse contra aquellos que pagaban créditos galácticos a criminales que participaban en carreras de vainas. Recopiló todas y cada una de las marcas que se anunciaron en una carrera que había pagado a la madre de un presunto criminal e inició una campaña de protesta.

Rápidamente, las redes rebeldes y los escribas se hicieron eco de aquella iniciativa. "Son sólo estudiantes y aficionados al marketing", dijo Darth Jaul, uno de los responsables de la carrera celebrada en el estadio Azurro. Fue la chispa que incendió todo. Poco a poco aquellas marcas decidieron dejar de anunciarse y buscar otros estadios donde su nombre no se asociara con presuntos criminales.

La popular carrera de vainas se quedó sin anunciantes y meses después tuvo que ser cancelada. Se había creado un precedente para el futuro. Los dueños de los estadios de las carreras de vainas tendrían que pensarse mucho si pagar a criminales, familiares de criminales, amigos de criminales, conocidos de criminales o mascotas de criminales.

Y así ocurrió. Durante unos años, en Pandereta no se pagó a ninguno de ellos. Por las gradas de las nuevas carreras de vainas todavía retumbaba el fantasma del herrero anónimo. ¡Qué miedo pasaron algunos cuando el padre de un presunto asesino cobró créditos galácticos para ayudar a sus otros hijos sin trabajo!

El joven amigo del Senador

Todo cambió con el salto a la fama de un joven esclavo que supuestamente había estado estafando a algún que otro Senador de Pandereta. Sin una ley concreta en el planeta, ¿estaría bien visto que se le pagara créditos galácticos por competir en una carrera? 

Por aquel entonces, los habitantes de Pandereta le habían dado la espalda a la carrera de vainas del estadio Azurro para apoyar a la del estadio Grün. Así que los dueños del estadio Azurro pensaron, ¿por qué no contar con el presunto estafador para sus carreras? Seguro que los espectadores volvían.

¿Era posible que un esclavo que siempre cobraba por hacer gestiones en nombre del Senador no fuera a cobrar por acudir a una carrera?

Sin embargo, el primer problema con el que se encontraron fue sacarlo de su escondite. Amenazado por la República, el joven esclavo decidió desaparecer durante un tiempo. Su detención había sido comentada en todas y cada una de las calles de Pandereta.

Finalmente, tras varias semanas negociando con él, el pequeño joven decidió participar en la carrera.Y justo como habían pronosticado los dueños del estadio Azurro, los espectadores volvieron a sus carreras de vainas. Pero, ¿cómo lo habían conseguido? ¿Era normal que el joven esclavo acudiera a una carrera sin audiencia en vez de a otra con más apoyo? ¿Era posible que un esclavo que siempre cobraba por hacer gestiones en nombre del Senador no fuera a cobrar por acudir a una carrera?

La vuelta del mediador

Algún escriba de Pandereta se atrevió a sugerir en las redes rebeldes que efectivamente el joven esclavo habría cobrado unos 400.000 créditos galácticos. Sin embargo, horas después tuvo que rectificar sus palabras después de que uno de los dueños del estadio Azurro le aconsejera retirar sus comentarios bajo amenaza de acudir a las autoridades. 

Otra cosa bien distinta es que esos créditos galácticos fueran a parar a sus dueños

Ante tanta expectación, el joven esclavo se vio en la obligación de repetir hasta la saciedad que no había recibido créditos galácticos en ninguna de las carreras de vainas en las que había participado. Otra cosa bien distinta es que esos créditos galácticos se cobraran a través de terceros, como por ejemplo sus dueños; o se transportaran a otra galaxia. 

El joven se convirtió en imprescindible para la carrera de vainas del estadio Azurro. Sin embargo, echaba de menos su época de mediador. Así que, aprovechando su relación con los dueños del estadio, decidió intermediar para que una amiga esclava participara en otra carrera con otro horario y otro recorrido.

Ya como mediador y no como participante en una carrera, el joven esclavo podía cobrar créditos galácticos sin que algún malvado herrero pudiera criticar su presencia en el estadio Azurro. Y mientras, los escribas, sin ningún papel que atestiguara el cobro de esos créditos, obligados a guardar silencio ante la amenaza de verse las caras con las autoridades.

*Éste es un relato real. Cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia.