Autismo, puzles y galletas

En este espacio os contaremos nuestra vida. La mía, que aporto la firma. La de Ana, mamá, que pone el corazón, la fuerza, la esperanza y el amor. Y la de nuestros hijo, del que nunca usaremos su nombre ni colgaremos imágenes. Os contaremos penas y alegrías. Los malos tragos y todo aquello que, creemos, puede servir de ayuda para superarlos y, por supuesto, las alegrías, que también las hay, y muchas.

Un niño con problemas de hipersensibilidad auditiva.

Un niño con problemas de hipersensibilidad auditiva.

Autismo: cuando todo es demasiada información

No hace mucho, Ana, la terapeuta de nuestro hijo, nos contaba el caso de otro niño con TEA al que ha tratado durante años. Cercano ya a la mayoría de edad, un día le espetó una frase en mitad de una sesión que la dejó tan atónita como al resto de quienes la escuchamos: "¿Te miro o te escucho? Porque las dos cosas...".

En el primer post de este blog hablabamos de los superpoderes de nuestro hijo autista. Uno de los más desarrollados es la supersensibilidad. Lo definíamos así: "Si un sonido difiere media nota del siguiente, sus orejas se ponen de punta como las de Daredevil. Si dos paredes de la misma habitación difieren una micra en el grosor del gotelé, las yemas de sus dedos se activan como las de Spiderman. Y si las galletas no son las de siempre, su gusto se agria".

Obviamente la realidad es menos dulce que la literatura y la supersensibilidad, tanto en versión hiper como en formato hipo, son uno de los problemas más serios de los niños con Transtorno del Espectro Autista.

La gran mayoría está realizando ahora mismo la asociación auditiva, pues efectivamente, y de forma mayoritaria -como ilustramos en este post-, el gran problema es el oído, sobre todo en aquellos niños hipersensibles. Sin embargo, la vista, el gusto, el tacto y el olfato también son fuentes inagotables de problemas para ellos y sus familias.

Para nada es extraño un autista con auriculares. Es la mejor forma de centrarse en un único sonido (y no sufrir lo mismo que el niño del anterior vídeo). De hecho, los docentes que lean esto quizás hayan tenido en clase un micrófono en su pecho destinado única y exclusivamente a los oídos de un niño autista que en algún lugar de la clase podía seguir de esta forma el mismo ritmo que los demás sin atender al ruido ajeno a la voz de su profe. Pero los problemas con la sensibilidad del oído van más allá.

Los hipersensibles suelen tener miedo de los ruidos fuertes, así que sus padres pueden ir olvidando las aglomeraciones de gente, las olas del mar, cortarle el pelo con tranquilidad... En cambio, los hiposensibles pueden realizar ruidos repetitivos a gran volumen, le gustan las vibraciones (y las cosas que vibran)...

En el caso de la vista, las variaciones van desde aquellos que no soportan la oscuridad o las luces brillantes a aquellos otros que se abalanzan sobre cualquier luz u objetos brillantes, de aquellos que optan por mirar al suelo continuamente a aquellos que se fijan con una intensidad extremada en su mirada hacia los objetos y las personas.

Y el tacto... Quizás sea el menos llamativo, pero desde luego no el que menos inconvenientes genera. Hay niños que no aceptan el contacto físico (se nos quedó grabado a fuego el relato de una madre cuyo hijo rechazaba que lo tocase con apenas seis meses de edad) ni toleran la ropa nueva. Niños que necesitan que su ropa sea todo lo apretada posible o todo lo contrario. Niños que no manifiestan dolor ante golpes o quemaduras.

Aún nos quedan el olfato (y los problemas con la orina y los escrementos que puede traer) y el gusto, con pequeños que chupan todo porque reciben la información como si aún fueran bebes o niños que sólo comen un determinado tipo de comida porque su paladar únicamente acepta ese tipo de texturas -en nuestro caso con salchichas y similares-.

En el fondo, se trata únicamente de la forma en que ellos gestionan la información que reciben a través de sus sentidos. El pequeño que te escucha atentamente pero no te mira porque su cerebro no puede asimilar tanta información en simultáneo o aquel que camina siempre de puntillas porque apoyar la planta del pie en su totalidad le da tanta información que se vuelve loco.

Información excesiva que cada niño (y cada familia) tiene que comprender, aprender a gestionar y canalizar de la mejor de las maneras posibles, siempre con la ayuda de profesionales y con el objetivo único, como este blog, de lograr incorporarse un poquito más a la sociedad, de ser uno más.

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