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Ideas para desarrollar la España vaciada II

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Como decía en la primera parte de éste artículo publicada el pasado 1 de Julio en El blog del Suscriptor de EL ESPAÑOL, incluso si todo se hace bien, la repoblación tardará en llegar si no se toman medidas específicas para aumentar la población lo antes posible.

La repoblación es urgente por muchas razones (económicas, ocupación del territorio, etc.), pero, sobre todo, porque cuanta más población tenga la España vaciada, más diputados y más peso político relativo tendrá en el Parlamento y en la formación de gobiernos, algo que, como han demostrado los nacionalismos periféricos, puede ser muy provechoso.

¿Qué se puede hacer para que la población empiece a crecer pronto?

Vencer al gran prejuicio

En primer lugar, habría que superar el prejuicio de que las actividades técnicamente complicadas sólo se pueden realizar en las grandes ciudades. Las centrales nucleares, son un buen ejemplo de lo contrario, son técnicamente complejas, todas están situadas en municipios de menos de 1.500 habitantes y no por ello dejan de producir electricidad cuando se necesita. La pregunta es: ¿Acaso una fábrica de baterías, un superordenador, o un centro de investigación avanzada son más difíciles de hacer funcionar que una central nuclear? Si no lo son, y no parece que lo sean, ¿por qué se les localiza, o se les piensa localizar siempre, en grandes ciudades?

Si en 1980 sin la informática ni las telecomunicaciones actuales, fue posible hacer funcionar centrales nucleares en medio del campo, con más motivo, ahora se podrán hacer funcionar superordenadores, fábricas y centros de investigación en esos mismos lugares, y en ciudades pequeñas y medianas, que también son víctimas de la despoblación. Esto nos lleva a admitir que localizar fábricas, superordenadores y centros de investigación avanzados en la España vaciada, depende más de la voluntad política de desarrollar y equilibrar el territorio que de otras razones esgrimidas tradicionalmente. ¿Acaso los usuarios de toda España notarían una gran diferencia en el uso de un superordenador si éste estuviera en Palencia, Zamora, Teruel, Cuenca, Huelva, Orense u Oviedo, en lugar de Barcelona?

Los jubilados

Cuando se habla de repoblación tendemos a pensar en población con empleo, olvidando que en España y en Europa hay millones de jubilados que convenientemente incentivados vendrían a instalarse en la España vaciada.

Los jubilados españoles

Muchos jubilados disponen en sus pueblos de casas en las que pasan largas temporadas disfrutando de los amigos y lugares de su infancia. Los hijos y nietos son lo único que les retiene en la ciudad a la que emigraron, pero estas personas harían lo que fuera por favorecer a sus pueblos de origen. Si apelando a sus sentimientos, se les explicara que empadronándose en sus pueblos darían a su comunidad autónoma de origen un peso político comparable, e incluso mayor, que el de los nacionalismos periféricos que tantas ventajas políticas y económicas obtienen, muchos no dudarían en volver a empadronarse en su pueblo.

Apelar a los sentimientos puede dar resultado, pero como decía mi admirado Jack Welch, el mejor manager del siglo XX, a las personas hay que motivarlas en el alma y en el bolsillo, es decir, volverán más si a los sentimientos se añade alguna ventaja fiscal para ellos y sus hijos. A modo de sugerencia, y teniendo en cuenta que el impuesto de sucesiones es autonómico, y que es el que más preocupa a los mayores y a sus herederos, un incentivo razonable para motivar el retorno podría ser la reducción de dicho impuesto, a razón de un 10% por año, a contar desde el tercer año del empadronamiento y residencia efectiva en un pueblo de la España vaciada de menos de 2.000 habitantes.

Los jubilados extranjeros

Portugal nos muestra el camino. Los incentivos fiscales atraen a los jubilados europeos. Teniendo en cuenta que si no vienen no ganamos nada, y que si vienen consumen y pagan impuestos indirectos, un potente incentivo al estilo de lo que se hace en el Reino Unido, sería darles la residencia fiscal, pero eximirles de impuestos por sus ingresos y patrimonio en el extranjero, de modo que solo paguen aquí los impuestos correspondientes a los ingresos que tengan aquí, y los impuestos indirectos.

Naturalmente, antes de darles la residencia fiscal tendrían que demostrar que tienen los ingresos necesarios para vivir, y los seguros médicos necesarios para asegurar el pago de las eventuales prestaciones de los servicios de salud españoles.

Reflexión final:

Si subvencionamos a las empresas para que se instalen en España, ¿por qué no subvencionar a los jubilados, para que se instalen en la España vaciada, eximiéndoles de impuestos que de todos modos no pagarán si no vienen?

Un trato es justo cuando las dos partes ganan. En este trato ganan los jubilados, que se ahorran impuestos, y gana la España vaciada que se reactiva y cobra los impuestos indirectos de sus nuevos habitantes.