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Estasiología e indultos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonès.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente en funciones de la Generalitat, Pere Aragonès.

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Una de las facetas más desconocidas del Conde de Romanones fue la intelectual, devorada por su exitosa carrera política. Tres veces presidente de Gobierno y ministro tantas, que, como él mismo dijo en una ocasión, no recordaba el número. A la edad de 28 años escribió un libro titulado Biología de los partidos políticos (Madrid, 1892), una aportación inspirada en el evolucionismo hegeliano de la lucha de contrarios del que surgiría el progreso aplicado a la dialéctica partidista y que continuaba los estudios estasiológicos en los que había sido precedido en España por Borrego y Azcárate.

Para Romanones lo que agrupa a los miembros de un partido político es «una fuerza simpática resultante de la identidad o semejanza de sus propias condiciones lo cual determina a su vez la aspiración a un fin común». En su obra columbra con lucidez que los partidos son una pieza constitucional, una institución de Derecho público, un órgano del Estado, en suma. Esto es esencial en un régimen liberal parlamentario donde el gobierno es sostenido por los partidos con representación en la cámara legislativa.

Partiendo de esa concepción de los partidos como elemento esencial del Estado, que se consagra en el artículo 6 de la Constitución de 1978, puede decirse que el régimen español actual viene nuclearmente concebido por apoyarse en los grupos políticos se integren en el sostenimiento del gobierno y en los que son su alternativa, porque deben asumir plenamente los postulados constitucionales. De otra forma se estarían introduciendo elementos que carcomerían el andamiaje institucional creado por la Constitución.

Hasta el año pasado, toda composición de gobierno, y por ende quien ha encabezado la defensa del Estado tal y como se plasmó en la Carta Magna, ha venido integrada por dos partidos políticos, PP y PSOE, que, por encima de sus diferencias programáticas, nunca se cuestionaron poner en entredicho las bases del sistema. Sus ocasionales alianzas parlamentarias para el sostenimiento de gobiernos de un solo partido, los obligaban a concesiones no del todo deseables, pero que nunca comprometían los ítems que construían nuestra organización política.

En días pasados el presidente del Gobierno y todos sus portavoces comenzaron a lanzar mensajes con los que preparar a la opinión pública para algo que de antemano saben que no va a convencer a una importante mayoría del país, la concesión de un indulto general, aunque se individualice por exigencias legales a los protagonistas del intento secesionista en Cataluña. Pero lo más chocante es que, conociendo el escaso éxito que se puede augurar a su empeño, no han podido utilizar términos menos afortunados al objeto de no perder al menos, y en último extremo, a una mayoría de los suyos, no digamos ya a los que abominan por principio del Gobierno.

Desde la naturalidad reclamada por el ministro de Justicia respecto de los indultos, al “enfoque holístico” reclamado por Pedro Sánchez, pasando por la obviedad de repetir que se trata de una competencia del Consejo de Ministros, como si esa fuera la discusión, identificar el cumplimiento de la ley con la venganza o el uso político del derecho de gracia como elemento de concordia, nunca han encontrado ni las palabras ni el tono (quizá porque sea imposible). Especialmente llamativa es la invitación presidencial al enfoque holístico del problema porque nada es menos holístico que los indultos que se conceden a unos condenados en razón a ser la palanca de Arquímedes del Gobierno.

Si el holismo se define por realizar un análisis integral de los sistemas y sus propiedades y no de las partes que lo componen, nada más contrario a ello que privilegiar a una parte para beneficio propio mediante el uso de una prerrogativa conferida por la ley. Un ejemplo de visión holista de un problema general es sostener que hay pobres porque hay ricos (aunque nunca se haya acabado la pobreza eliminando a los ricos), con ello se busca dar una respuesta omnicomprensiva (holística) a lo que es objeto de estudio.

La última apuesta política de Pedro Sánchez de otorgar el indulto a los presos separatistas catalanes, contra fiscales, jueces y opinión pública, ha supuesto de hecho la ruptura del régimen del 78 al evidenciarse con ello que la estrategia del dirigente socialista ya no pasa por sostener al Estado con quienes forman parte de su columna vertebral, sino por prolongar su gobierno con los que quieren descoyuntarla.

Si los partidos son el armazón que soporta el entramado institucional y algunos de los que integran la mayoría parlamentaria, y por ende sostienen el Gobierno, tienen como finalidad su destrucción, estamos en puertas de una crisis del sistema por mucho componente táctico que el presidente Sánchez secretamente albergue respecto de la alianza de hierro que quiere sellar con el rupturismo catalán, al que además escoltan otros grupos políticos minoritarios aglutinados por cuestionar el resultado de la transición política que se gestó hace ya más de cuarenta años.