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Los gobernantes de las cenizas

Iglesias abandonando el debate de la Ser.

Iglesias abandonando el debate de la Ser.

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«Nuestros rivales son el enemigo y buscan el mal».

Intente, votante, encontrar a alguien que podría decir esta frase. Seguramente, su cerebro hurgará en el catálogo de villanos de dibujos animados para hallar una respuesta. No nacerán muchos nombres en su mente más allá de Skeletor, el gracioso y rígido villano de rostro de calavera de la serie He-man, Maléfica, la bruja malvada de La bella durmiente, o algún que otro maleante de un cómic de superhéroes de la Golden Age. A estas alturas, parece claro que esa frase está anticuada y que existe un sinnúmero de espacios intermedios entre la búsqueda del bien y del mal.

Hace un mes, Díaz Ayuso protagonizaba titulares en la prensa nacional por alegar que «cuando te llaman fascista, estás en el lado bueno de la historia». Si se aplica el sentido común, se puede entender que la presidenta de la Comunidad de Madrid se refería a la laxitud con la que, en la actualidad, se usa aquel apelativo, y no al III Reich.

No obstante, políticos como Pablo Iglesias o Echenique, así como numerosas personalidades del PSOE, intentaron hacer de esta breve frase una declaración de intenciones totalitarias. Trataron de exponer que Ayuso estaba de acuerdo con los planteamientos fascistas, algo que, evidentemente, es absolutamente incoherente con los actos y propuestas de la candidata del PP. Y es que los nombres políticos mentados no estaban realmente convencidos de que la presidenta siguiera la doctrina histórica del fascismo, simplemente buscaban relacionarla con el mal político más condenado socialmente, alineando ideológicamente a Ayuso con Hitler.

Este mismo abril, en su mitin en Vallecas, la tercera fuerza política de España fue recibida con numerosas pedradas. Esta no es la primera vez que ocurre; también había pasado durante un acto de Vox en Sestao, en el que Rocío de Meer sufrió una herida encima de la ceja por el impacto de una roca.

A pesar del informe médico que acreditaba la veracidad de la lesión, de la exhaustiva campaña que enarbolan Podemos y PSOE acerca de creer a las mujeres agredidas y de la evidente virulencia con la que se recibió a Vox, ni UP ni la Presidencia condenaron la violencia. Se acusó al partido conservador de inventarse la pedrada y de ir a provocar. Este mismo razonamiento se ha usado con los episodios acontecidos en Vallecas. Según los adversarios de Vox, este grupo es un partido fascista y peligroso para la democracia que quiere retrotraer la sociedad a tiempos oscuros. Por ello, arguyen que ha de ser detenido, incluso a través de la justificación de la violencia.

Hace pocos días, Iglesias denunció públicamente que había sufrido amenazas de muerte. Lejos de actuar con templanza y de admitir la (ir)responsabilidad de la clase política en lo tocante a la polarización que sufre la sociedad española, exigió al resto de partidos una condena taxativa y sin paliativos del incidente. Más Madrid, PSOE, Cs y PP cumplieron con lo solicitado por el candidato Iglesias, mas Vox, con Monasterio al frente, se mostró escéptico con la procedencia del sobre y se negó a condenar ciegamente aquellas amenazas, sosteniendo que la palabra de Iglesias ha demostrado ser poco fiable y que el líder de UP rehusó aborrecer la violencia ejercida contra Vox en Sestao o Vallecas.

Las tensiones culminaron en el momento en que, en el debate de la Cadena Ser, el candidato de UP se levantó de su asiento y se negó a seguir compartiendo espacio con Vox. Tras él, se marcharon los candidatos de Más Madrid y PSOE. Todos mantenían la misma premisa: seguir allí contribuía al blanqueamiento del fascismo.

Por otro lado, la candidata Ayuso ha erigido como lema extraoficial de su campaña el ya célebre Comunismo o Libertad, que ha marcado la pauta. La dicotomía se revela diáfana, estamos ante una guerra política irreconciliable entre fascismo y comunismo.
De Petyr Baelish se decía en Juego de Tronos que era un hombre que vería el país entero arder si con ello pudiera ser el rey de las cenizas. Nuestra clase política no es muy distinta a Baelish.

El guerracivilismo, inmerso en una narrativa de fascismos y comunismos y de héroes y villanos, solo beneficia a quienes dejarían España arder si con ello consiguieran sus objetivos electorales. Mientras se alimenta desde los distintos partidos esta oleada de polarización extrema, principalmente instigada por la izquierda y seguida por la derecha, los pactos del Gobierno con partidos secesionistas que parten de la premisa de la desintegración del estado que se pretende gobernar y las crecientes tensiones sociales continúan formando parte de nuestra vida política.

Votante, vuelva a observar la frase del principio e intente buscar a alguien que pudiera esgrimirla. Más allá de Skeletor y de Maléfica, es posible que se le venga a la mente el nombre de varias figuras públicas que, llevando la retórica de los villanos a la política y enardeciendo los nervios de una sociedad en crisis, sin duda se postulan para convertirse en los gobernantes de las cenizas.