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Un gobierno criminal

Pedro Sánchez, en Moncloa.

Pedro Sánchez, en Moncloa.

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Transcurrido un año desde las trágicas manifestaciones feministas del 8 marzo 2020, determinantes, solo 6 días después, de la declaración del estado de alarma por el presidente, en su comparecencia del sábado 14, ninguna duda queda sobre la criminalidad de las negligentes acciones y omisiones del Gobierno Sánchez-Iglesias ante la pandemia Covid-19, oficializada por la OMS entre ambas fechas, el día 11.

Al bicéfalo Gobierno, engendro de las superfluas elecciones del 19 noviembre 2019, no le sirvieron de nada la amargas experiencias chinas ni de nuestra vecina Italia. Y fue enteramente responsable de infestar de coronavirus a toda la Nación, promocionando y rubricando con su presencia física en la cabecera de la manifestación de Madrid, abigarrada y contagiosa, como se hizo patente en ministras y consortes.

Inició con ello, el Gobierno del contubernio, un camino criminal de graves negligencias catastróficas, evitables en gran parte con una gestión responsable. Decenas de miles de muertes, deterioro físico y sicológico de la salud de millones de españoles, caída fulgurante del PIB y del empleo, ruina de cientos de miles de negocios, indigencia de millones de hogares y deterioro de la educación y la cultura.

Una actuación responsable ante la crisis de la pandemia china, habría exigido promover las mismas acciones urgentes que ante una confrontación militar. Esto es, movilizar de inmediato todo el entramado económico nacional capaz de producir los bienes y servicios necesarios para hacer frente al enemigo, la Covid-19. El Gobierno debería haber propiciado la urgente fabricación de respiradores y otros útiles de UCI, de pruebas diagnósticas (PCR) y de cuantos elementos de protección del personal sanitario y de la población (mascarillas, geles, mamparas, etc.) fuesen necesarios.

Estimulando, con financiación y fiscalidad, a fabricantes y laboratorios. Elaborando un modelo de actuaciones en orden a optimizar la interacción de las medidas de preservación de la salud con las de salvaguarda de la actividad económica y, por ende, del empleo y del nivel de vida de la población.

Pero nada de esto hizo el sectario Gobierno socio-comunista, atenazado por su manifiesta incompetencia, centrado en medidas de represión y confinamiento para amedrentar y adocenar a la población, incautando y atenazando las iniciativas de ciertos gobiernos autonómicos. Tapando su inacción con bochornosas importaciones caras e inservibles y con el escudo de los medios escandalosamente sobornados con millones de euros públicos. Medios que tapaban o difundían profusamente blanqueadas las mentiras y contradicciones gubernamentales, dando continua voz a un zafio bufón con careta de doctor, a la par que a un ministro lego en sanidad, ambos bajo el amparo de un tramposo presidente, petulante y demagogo, pródigo en peroratas propias de Fidel Castro y sordo a las peticiones de cese de tanto incompetente.

Bufón, ministro y presidente adormecían a la población con toda suerte de embustes y falacias: Que no habría muchos contagios. Que las mascarillas eran contraproducentes, primero, para luego ser obligatorias, incluso en espacios abiertos y despoblados, que eran mejor las FP1 para luego ser las FP2. Que daba bula al confinamiento domiciliario con mascotas pero no para niños y ancianos. Y que los muertos y contagiados eran muchos menos, sin hacer PCR ni autopsias.

Imponían toques de queda abusivos y carentes de toda lógica sanitaria, que aún perviven. Negaban la distribución gratuita por Seguridad Social de mascarillas y no admitían un IVA reducido. Menospreciaban e incluso rechazaban las iniciativas privadas de producción de material sanitario, incluso las de conventos. Omitían controles y pruebas médicas en aeropuertos y otras vías de entrada a España, pese a las demandas de comunidades autónomas. Nos perseguían en las redes sociales.

Aprovechaban la crisis sanitaria para prodigar decretos carentes de urgente necesidad y tramitar torticeramente cambios legales en materias de necesario consenso y socialmente sensibles como la educación.Y, lo que es peor, escalaban al primer puesto en todas las estadísticas de muertes, contagios y caída de la actividad económica.

La incuria y negligencia criminal de Sánchez y de los miembros de su gobierno es flagrante. A la fecha, más de 100 mil muertes (aunque el Gobierno maquille en 72 mil), con la tasa mayor del Mundo por millón de habitantes (2.100) y el más alto deterioro de la economía (PIB y tasa de paro). Motivos sobrados para ser llevado Sánchez y sus adláteres ante los tribunales, en causa penal sumarísima. ¿Instará de oficio a su procesamiento la indigna ex ministra de Justicia que encabeza la Fiscalía General, sin reunir el requisito de independencia que exige la Constitución?

Espero que, al menos, las instancias judiciales no obstaculicen la tramitación de las muchas demandas que se han presentando desde tantos ámbitos y sectores víctimas del Gobierno del desafuero.