Opinión

El pecado original

  1. Opinión
  2. Blog del suscriptor

Otra gloriosa semana acaba de pasar, hete aquí la vuelta a las trincheras. Hablaron las serpientes: “El día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal”. Y gustosos comimos del fruto. Y así, aprendimos cosas como que las mazorcas de maíz son la prueba del algodón del feminismo y que los niños ya no vienen de París, que se compran en el supermercado y su único objeto es donarlos en sacrificio en el altar de la patria. Y ya se sabe, que no hay nada como mezclar temas como los hijos, el sexo y la moral para lograr un precioso batiburrillo de inflamadas necedades.

Dicho lo dicho, Vox ha acertado, así hay que reconocérselo, al menos en lo tocante a la propaganda. Si pensamos dentro de la caja que nos ha ofrecido, probablemente podamos concluir que, aunque no nos entusiasme el pin parental, probablemente sea menos dañino y peligroso, desde el punto de vista de las libertades, el que los padres puedan oponerse a una charla concreta del repertorio extracurricular, que el hecho de que un Estado se arrogue el derecho exclusivo a definir lo que está bien o mal. A fin de cuentas, así viene recogido en la Constitución, aunque ello pueda chocar con los derechos del infante. Que un dios jurídico nos ilumine… qué vida más aciaga la del individuo en eterna lucha contra el Estado.

A la vista de ello, permitan que les sugiera una idea. El pin parental, más que una solución, es un síntoma de los problemas que hábilmente explotarán los que se sitúan en el extremo, a expensas de los que nos han conducido a un gobierno tristemente escorado e impúdico, con la inestimable complicidad necesaria de unos medios y una sociedad enferma de sensacionalismo y notoriedad.

El pin es el síntoma de una sociedad que no confía en sus políticos, donde las instituciones están degradas por la corrupción, por la quiebra de la legalidad, por nombramientos tendenciosos e inicuos, por inacciones bochornosas ante el adoctrinamiento en ciertas regiones o por pactos que no presagian ninguna mejora en lo anterior. Habrá que agradecer a Sánchez, o quizás a Iván Redondo, la generosa dieta proporcionada con este gobierno al pequeño "Gigante Verde".

Así las cosas, remontándonos a los tiempos del génesis, encuentro que el verdadero pecado original del pin parental ha sido, y es, esa erosión de la confianza en las instituciones, y la incapacidad de izquierda y derecha de lograr un pacto de Estado por la educación. Y lo seguirá siendo mientras se socave esa confianza, para mayor gloria de los únicos beneficiados por el desahucio del paraíso: Vox y Podemos.

Por todo ello, encuentro que el verdadero remedio es promover ese pacto, como ya propuso Inés Arrimadas en la vía 221, y apuntalar nuestras instituciones con la debida imagen de ejemplaridad y neutralidad. El resto son tristes remiendos en nuestras túnicas, que nos seguirán dejando expuestos a nuestra suerte en la tierra del bien y del mal.