Opinión

Vox, el Leviatán liberticida

Abascal, hace una semana en Córdoba

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Que de aquellos polvos vienen estos lodos, a nadie le es extraño. El péndulo impulsado por los excesos, inacciones y tibiezas de los dos grandes partidos en cuestiones tan fundamentales como la igualdad de todos los españoles explica sobradamente el maniqueísmo creciente, que ha cobrado vida con los dos extremos encarnados en Andalucía por Vox y la marca de Podemos. Ambos venden un mismo producto, amparados en la frustración ciudadana, con, previsiblemente, un mismo desenlace: la configuración de un neototalitarismo, en un caso de corte comunista, y en el otro nacional católico.

Despojado ya Podemos de su piel de cordero con su actuación en las instituciones, considero más interesante analizar los excesos que nos acechan y proponen de la más rancia derecha con un programa electoral con tintes alarmantemente viscerales, que supera el empeño reformista y se impregna de un carácter revanchista, calificados por ellos mismos de “reconquista”.

Abogan por una recentralización sin paliativos, siendo que una excesiva recentralización es, al fin y al cabo, tan inoperante como una excesiva descentralización. Hablan de una impresionante rebaja de impuestos, difícilmente sostenible en blanco sobre negro en un papel de presupuestos. Azuzan la cuestión identitaria con la defensa a ultranza del Español, como si el Catalán, el Gallego y el Vasco no fueran también riqueza patrimonial española. Llaman a la recuperación de la soberanía española, incidiendo en el problema migratorio, lo que nos recuerda poderosamente al discurso sostenido en otras naciones como la inglesa, que lo pagarán con intereses en la miseria venidera a raíz de la escisión de Europa.

Hablan de proteger la familia natural, en un sospechoso intento de promover e imponer visiones sobre la familia y el amor, reniegan del acuerdo social en materia abortiva y excluyen avances como la gestación subrogada altruista. Quieren derogar la ley de memoria histórica, para que no nos impongan visiones de lo que fue la triste contienda, pero parecen empeñarse en definir lo que es sentirse y ser español, como si a alguien a quien no le guste los toros lo fuera o lo sintiera en menor intensidad. Y están resueltos en general a un generoso endurecimiento del sistema penal, incluida la perpetua, lo que choca con el principio constitucional del artículo 25.2, que aboga por la reeducación y reinserción. 

Prometen, a fin de cuentas, lo que nunca van a tener que cumplir ni van a poder cumplir, desde un prisma revanchista, para satisfacer los bajos impulsos que en la ciudadanía despierta el devenir de nuestras sociedades con la globalización. Ya están aquí, unos nuevos aprendices de brujo, dibujando su propia arcadia, confabulando para desterrar de nuestra tierra la sensatez. La firmeza en la defensa de la igualdad, no precisa de radicalidad. Y yo quisiera recordar lo que decía Franklin: “Quien renuncia a su libertad por su seguridad, no merece ni libertad ni seguridad”, y añadiría que es muy probable que acabe perdiendo las dos.