El griterío silencioso... Tiene mil nombres...

Impotencia. El sistema bloquea la participación del ciudadano de a pie. El sistema blanquea siempre su tinta china. El sistema hace buena aquella expresión “París bien vale una misa”... La calle ocupada en silencio al amanecer, habla diariamente de las necesidades primarias inalcanzables. La calle, al atardecer, envuelve con papel pintado las ilusiones sin futuro. La calle, refugiada en los hogares, grita... grita y sus silencios hacen llorar al del primero, al del segundo pero muy poco a los que predican igualdad...

Decepción. Espejos de caras desfiguradas, cansadas. Racionamientos de derechos conquistados. Listas modernas que fabrican colas interminables de esperanzas fallidas. Enfermedades sin preferencia, sin urgencias... entablilladas en esquemas fríos sin humanidad. Ancianidad de comedores sociales, réditos de años trabajados con promesas incumplidas por todos y cada uno de los sistemas. 

Escándalo. Exigencias al pueblo llano que al “cortesano” perdona. Dinero opaco compra conciencias, sin preguntas ni respuestas. Jardines amurallados, residencias de nuevos ricos. Gritos de rabia de la “CLA” comprada, engañada y utilizada para bien de una minoría. Lágrimas de hambre de inocentes sin futuro. Vergüenza, de hábitos con promesas y votos utilizados para ellos y sus adláteres. Inocencia fértil destrozada por placeres sin tiempo ni futuro. Escándalo que hace frecuente el dicho “esto es lo que nos toca” porque, además, el Caballo de Troya ha sido reforzado contra bacterias, virus y verdades terrenales.

Pero...

Esperanza. La ancianidad prudente, la madurez reflexiva, la juventud decidida... porque Dios tiene mil nombres... a pesar del escándalo, a pesar de la decepción, a pesar de la impotencia... en el lodazal crecerá un futuro limpio y los sueños de la infancia se harán realidad.

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