Perro no come perro

Perro no come perro

Coliseo

Perro no come perro

¿Es una cárcel el lugar adecuado para negociar unos presupuestos de un Estado democrático avanzado?

La respuesta anterior solo tiene una respuesta posible: no. Sin embargo, el líder del principal partido político que sirve de apoyo parlamentario al Gobierno de Pedro Sánchez, Podemos en la persona de Pablo Iglesias, anunció ante los medios periodísticos su visita a la prisión de Lledoners para, entre otras cosas, intentar recabar el apoyo de ERC, en conversación con Oriol Junqueras, presidente de dicha formación, preso preventivo a la espera de juicio en relación con los hechos delictivos de los que se le acusan en relación al 1-O y la declaración de independencia consiguiente.

En cualquier caso, como todo lo anunciado previamente, debemos suponer un componente, no menor, de una teatralidad en cuyos detalles se encierra la clave de lo que realmente ocurre.

Ya antes de la propia reunión en sí, portavoces de ERC, desde su diputado en el Congreso, Joan Tardá, al actual ‘vicepresident’ del Govern, Pere Aragonés, descartaron la posibilidad de cualquier apoyo a los presupuestos propuestos por el PSOE, apoyados por Podemos, en documento firmado por el presidente del Gobierno y el líder de la formación morada en el propio palacio de La Moncloa, siempre que no se den avances en la situación procesal de los políticos presos, y exiliados, a consecuencia de los hechos ocurridos en Cataluña entre septiembre y octubre del año 2017, no reconociendo la separación de poderes, entre el legislativo, ejecutivo y judicial, que se da en todo país con una democracia avanzada, como España.

Todo lo anterior sin perder de vista que aun recabando la comprensión de Esquerra Republicana de Cataluña, sería necesaria lograr, al menos, la abstención de los herederos de la CDC liderada tantos años por Jordi Pujol.

¿Qué es lo que subyace debajo de esta escenificación de, aparentemente, tan corto recorrido? La división en el independentismo catalán, más allá de Carles Puigdemont y Quim Torra, es evidente; ERC parece decidida al pragmatismo y la capitalización de la ejemplaridad con que ha llevado la prisión preventiva su líder Junqueras, así como también Romeva o Forcadell, en comparación con la huida protagonizada por el ex-president en Waterloo e, incluso, sectores del propio PDeCAT se alinean en esa tesis.

En pocos meses podría haber elecciones en Cataluña y en España, además de las, seguras, municipales y el diseño de una nueva mayoría, tanto en Barcelona, Cataluña y España podría darse rompiendo el eje a partir del soberanismo, recomponiéndolo, de nuevo, a lo largo del estrato político de izquierdas y derechas, recuperando en Cataluña un tripartito que pudiera estar constituido por ERC, Podemos y el PSOE, que actuara de embrión a nivel nacional.

¿Qué pasa entonces con los Presupuestos del 2019? Es posible que no cuente con apoyo parlamentario la propuesta enviada a Bruselas, acordada previamente por PSOE y Podemos, calificada por Ciudadanos y el PP de simple herramienta de una larga carrera electoral, pero siempre le quedará a Pedro Sánchez el recurso de prorrogar los presupuestos actuales, permitiéndole avanzar en el calendario, lo cual sería bien visto tanto en ERC, como en el PDeCAT, poco interesados ambos en volver a acudir a unas elecciones autonómicas en Cataluña, mientras mantienen el enemigo del Estado como coartada para sus bases, aún presidido por el dialogo ofrecido por Pedro Sánchez en contraposición a Mariano Rajoy, a la espera de la indulgencia que pudiera llegar tras una sentencia firme.

La política en España se ha atomizado, hoy existen dos opciones, al menos, tanto en izquierdas como en derechas, que se reparten lo que antes solo ocupaba una única formación en cada sector, y el centro del debate se sustenta en remarcar las diferencias unos de otros; pero cuatro meses después de que una mayoría parlamentaria se pusiera de acuerdo en una alternativa a quien gobernó los anteriores siete años, no parece que haya llegado el momento, ni la motivación, de cambiar el status quo, a pesar de la teatralización de unos y otros, mientras sus posiciones respectivas se mantienen. Perro no come perro.