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¿Hasta cuándo?

Torra, en una de sus intervenciones

Torra, en una de sus intervenciones

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¿Hasta cuándo abusará de nuestra paciencia, Sr. Torra?Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? 

Estas palabras fueron pronunciadas delante del Senado romano el año de 63 antes de Cristo, cuando Cicerón dio a conocer la conjura que preparaba Catilina para hacerse con el poder absoluto y que al ser expuestas en público, ayudaron a descubrir a los intrigantes y derrotar a tiempo la pretendida conspiración.

Una exclamación tan popularmente conocida nos sirve como telón de fondo para hacer comparaciones con los momentos que vivimos; la historia lamentablemente se repite y los intentos de implantación de totalitarismos que menosprecian la diversidad de opiniones políticas base de nuestra democracia, están al orden del día.

Muchos ciudadanos catalanes nos preguntamos ¿hasta cuándo hemos de aguantar los desprecios personales, abusos de poder, insultos, vejaciones y asaltos a bienes y negocios privados, realizados por personas que no entienden lo que es la convivencia o han perdido definitivamente el norte de sus vidas? ¿Por qué hemos de sufrir a estos conciudadanos que han modificado sus conductas alentados seguramente, por políticos que les ríen las gracias y que, después de cada acto, evitan hacer juicios severos sobre sus intolerables acciones?

Recordemos que los poderes públicos tienen la responsabilidad de asegurar la integridad física y moral de todos los ciudadanos y, cuando hacen dejación de sus funciones trivializando las acciones incívicas, nos dejan desamparados frente a terceros consiguiendo así, que nuestras vidas pasen por momentos angustiosos difícilmente olvidables.

Recientemente la prensa se ha hecho eco de uno más de esos actos bochornosos en la línea de los sufridos por la líder de Ciudadanos Inés Arrimadas y el Juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena. El ataque a la dignidad personal de la diputada por Tarragona de Ciudadanos, Lorena Roldan.

Amparado en el anonimato de un supuesto perfil falso de Twitter, un ciudadano que hasta hace unos años probablemente era normal e incluso cívico (se ha publicado que es un facultativo que ejerce su profesión en Barcelona), ha pasado la barrera de la discrepancia de ideas o de lo opinable, para caer ahora en la vulgaridad personal, la intolerancia política y la falta de educación cívica. 

Llegados a este punto nos preguntamos: ¿Qué está haciendo el responsable máximo de nuestra comunidad autónoma Sr Torra? ¿y el responsable y morador actual del Palacio de la Moncloa Sr. Sánchez? ¿Qué dicen los responsables del resto de partidos del arco parlamentario autonómico y nacional? ¿Y las asociaciones cívicas subvencionadas? ¿y los colectivos feministas? ¿Cómo atajamos este problema de convivencia, que se nos está yendo de las manos? 

No podemos ser insensibles a estos actos y banalizarlos o enmarcarlos en unas supuestas acciones individuales, dado que se repiten con demasiada frecuencia en el tiempo. Nuestra tolerancia con hechos de esta naturaleza debería ser nula. 

Como ciudadanos agradecemos que la sociedad alce sus voces inequívocas de apoyo a nuestra diputada en prensa y foros, pero lamentablemente a nivel institucional hemos encontrado a faltar una condena expresa por esta nueva afrenta.

Al contrario de lo deseado, el Sr Quim Torra nos acaba de obsequiar con un artículo de prensa en el que nos re-define e interpreta las palabras democracia, civilización, libertad y fascismo, siendo esta última su preferida, ya que le sirve como “muletilla” para arremeter contra todo aquel o aquello que no comulgue con el movimiento independentista y con sus intolerantes ideas.

Por ello lamentando sus declaraciones nos seguiremos preguntando ¿hasta cuándo el poder político, ostentado ahora por el Sr Torra, abusará de nuestra casi ilimitada, pero frágil paciencia?

Si Cicerón salvó a Roma del totalitarismo, nuestros gobernantes y nosotros mismos deberíamos intentar seguir su ejemplo, defendiendo nuestra democracia y sus libertades; denunciando abiertamente y sin complejos todos los ataques y amenazas incívicas que sufren de manera cotidiana los ciudadanos, sin distinción. 

Y esto, a la vista de los hechos, parece que no está sucediendo.