Opinión

El corazón de Donostia

La Concha, San Sebastián

La Concha, San Sebastián

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Un oleaje de pensamientos, ideologías y restricciones, un convencimiento de que aquello se quedó anclado en los años 80 en plena movida donostiarra, sin un Radio Futura que pusiera sintonía, sin ver cómo nacía una Pepi Luci Bom y otras chicas del montón, sin un Tierno Galván que invitara a la “peña” a colocarse, sin un cotilleo de flirteo entre Madonna y Antonio Banderas orquestado por Pedro Almodóvar. La movida vasca era otra, la sintonía a las calles venían de la mano del Euskadi Tropikal, lo que se veía era la predicción en la bola de cristal de La Bruja Avería con el cierre de Altos Hornos, Euskalduna y General Electric, muchas empresas que habían dado trabajo a miles de vascos, se acabó de golpe. En el escenario político aparecía un Carlos Garaikoetxea, Lehendakari que no tenía ganas de “fiestuki”, tenía ganas de un Estatuto de Autonomía del País Vasco que tenía que desarrollar, la creación de la EiTB y su Hitz eta Pitz que sintonizaban las pequeñas pantallas. 

Las calles estaban habitadas por la Kale Borroka, el escenario eran cajeros y autobuses quemados, no había ‘Terror en el hipermercado’ ni en el ultramarinos, lo había en todas partes, ETA batió por aquel entonces un record en victimas mortales. El famoso y ‘atractivo’ movimiento de los 80 de provocación, de blasfemia, no consistía en llenar nuestro cuerpo de cruces colgando, enormes y horteras cruces colgando de las orejas que aún hoy en día seguimos viendo, la censura de años atrás nos había hecho salir con una voz muy grave, con ‘MCD' al filo de la provocación sólo con leer su nombre. 

Sin embargo, la Movida que se convirtió en leyenda frente a la auténtica Movida tienen algo en común, la llegada de la heroína. Como aquel donostiarra que antes de ir a comer al baserri de sus viejos se metía un pico en el Fiat 124 que tenía; igual que esa madrileña que antes de pasar al mítico Rock Ola, se untaba con glitter en el pelo, tacón de aguja y hombreras gigantescas, verdaderos ‘Reyes del Glam' preparada para escuchar a una de las cientos de bandas que no sabían ni tocar la guitarra ni cantar, pero su estética extravagante “molaba”, para así unirse a la moda de calles del lugar, compartir jeringuilla. 

Todo eso acabó, las dos movidas finalizaron, y aún hoy hay nostálgicos que creían haber dado con la “Tierna Galván” de nuestros días, Manuela Carmena, pero no es cierto, pasó una época, se cerró un ambiente de terror, de muertes a punta de pistola y también del germen de la droga, al menos no de esa manera. 

Pero lo que no evoluciona son los pensamientos de antaño, la gran crispación del momento parece haber quedado grabada a fuego en muchos españoles, esos que se niegan a abrir su mente, a dejar el odio y el rencor a un lado, a pasar página a aquellos años que costó la vida casi una generación, por un motivo u otro, a aprender que ‘Barricada’ con su Okupación gusta a miles de personas de todos los rincones del país. El corazón de Donostia nos ha demostrado que puede latir tan fuerte que sale del pecho, una actualidad de tranquilidad, de gente trabajadora y amable, de sitios que descubrir y muchos pintxos que probar. Cada cual con una historia distinta a la nuestra, unos ojos que veían lo que ocurría desde la playa de La Contxa, con una situación que salir adelante era muy duro y lo han conseguido. Al margen de todo ese tema político, conocer la cultura, la manera de vida, lo mucho que muchas personas han batallado para no verse envuelta en cosas que jamás harían por si mismos, es admirable.

Son aún muchos los que catalogan a Donostia como el pulmón de toda esa guerra política, sin conocer, sin ir, resignados a pensar que la gente allí es una kale borroka constante, nada más lejos de la realidad, el corazón que posee esa ciudad se extiende a los donostiarras, que pasean por la Zurriola, se reúnen cuadrillas “en lo viejo”, disfrutan su día del “pintxopote”, sin clasificar a nadie, sin dar una categoría de malos o buenos por el lugar del que procedemos a los que vamos continuamente a disfrutar del paraíso que tienen ante sus ojos.

Porque lo cierto es, que no somos tan distintos, como en todas partes, en cada ciudad se tienen unos hábitos y costumbres, una manera de hablar, les encanta recordarnos esa “j” tan marcada que tenemos los madrileños, ya sabéis, un es que es un “ejjjjjque” para nosotros, y aquí nos encanta ese “Agur Ben Hur” propio de su idioma, la finalidad de entonces era la rebeldía allí y aquí, la finalidad de ahora es poder cerrar aquel libro que tanto daño nos hizo a todos, para conocernos y que llegue ese día que no haya mentes cerradas, ese día que todos conozcan en verdadero corazón de Donostia.