Opinión

Patria 2018

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Estos días leí, devoré, el libro de Fernando Aramburu, Patria. Lo leí por el buen consejo de voces contra esta anulación que vivimos de la realidad de nuestros últimos cuarenta años. Lo devoré, como hacía tiempo que no devoraba un libro, por la magnífica literatura que chorrea por cada una de sus más de 1000 páginas. Tal fue mi inmersión que, aunque en este puente he paseado por Madrid y creo que no ha llovido, siento como si la lluvia hubiera mantenido las fiestas en penumbra.

Y a la vuelta del puente otro mensajito de paz de ETA. Y al insigne Rajoy diciendo que nuestros hijos por suerte no conocen lo que fue ETA.

Terminé el libro y lo primero que pensé es exactamente lo mismo que Rajoy: que nuestros hijos no conocen lo que fue ETA, pero no por suerte, para nuestra desgracia, porque, como decía antes, lo que reconocen como realidad es la anulación de la realidad de los últimos 40 años, de las víctimas como tal, de la Constitución como ley legítima, del estado de bienestar y progreso que nos ha permitido construir la democracia y ETA lo hería siempre que podía, de la libertad de la que hemos disfrutado estos años y se les negó a muchos ciudadanos vascos por pensar diferente al “relato” de opresión, justificante de la lucha armada, dirigida hacia su región.

El libro termina con los primeros comunicados de paz de los terroristas, y hoy, unos años después, ¿qué tenemos?, ¿tenemos paz?, ¿tenemos victoria?. En la televisión vemos sonrientes a los dirigentes politicos, a los proETA, a Terroristas. Pero no vemos a las Miren, las Bittori, los Joxian,los Joxe Mari, Gorkas, Nereas, Xavier, Arantxas, los más de 800 Txatos. Y lo más importante ¿Se han podido trasladar los restos de Bittori y Txato a su pueblo? Mucho me temo que no, viendo lo ocurrido en Alsasua, creo que La Paz que rompe silencios ensordecedores, está muy lejos, mucho más lejos que esos presos que ni piden perdón y a los que no se les reclama tal arrepentimiento, más lejos que los huidos y protegidos para no entorpecer una paz de sepulcros blanqueados como Don Serapio.

Una paz sin concordia y con el consenso restringido a quien asume el “relato” de los que vencen, y por ello no hay que pedir perdón, ni asumir los asesinatos sino como ejecuciones en una guerra que se edulcora con el término conflicto, y lo peor, subiendo a las poltronas institucionales para segar cualquier voz que no asuma su paz. Algo han aprendido los terroristas, en Cataluña, dominando esas instituciones han llegado a un pulso de ruptura de España mucho más efectivo y rentable que ellos con su acción directa y fuera de este siglo XXI sibilino.

Mucho ha perdido España creyéndose mejor viviendo su historia con vergüenza pero si, a pesar de las bombas, las muertes, extorsiones, el Pais Vasco forma parte de esta patria española, creo que es por esa tozudez de las Bittori, más fuerte que su dolor y tan “loca” como para exigir la petición de perdón a quien la mató en vida para seguir viviendo tras su muerte.

Si quieren abrazo sincero de quienes tanto daño se hicieron, empiecen llevando la novela Patria a cada colegio de España, tendrán la memoria que les quieren negar y la extraordinarias sensaciones que aporta la buena literatura. Exijan pedir perdón, colaboración con la justicia e inhabilitación para cargo público para cualquier terrorista de por vida.