Opinión

El sol brilla para todos

Una bandera luce en la marcha del Orgullo.

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Antonio Machado a través de Juan de Mairena sentencia que la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Hace patente una de las falacias, un engaño que presenta un argumento como válido cuando no lo es, que más daño ha producido desde que comenzamos a pensar. El argumento ad hominem, en suma, no es otra cosa que una descalificación que en vez de enfocarse en los argumentos lo hace contra la persona que los presenta.

Para ejemplo sirva un botón, la nueva campaña publicitada por los tránsfobos de Hazte Oír. Con una avioneta de color naranja y con el mensaje: Ley Mordaza LGTBI: Van a por tus hijos, nos recuerdan al Dragon Rapide al prevenirnos de un contubernio, liderados por Podemos y por los partidos de la oposición, a los ingenuos bañistas desde Cádiz hasta Girona. Todo un poema.

Resulta curiosa la identificación que hacen de la Ley LGTBI con una ley mordaza, al menos para un grupo ultra católico, puesto que la mordaza fue uno de los instrumentos de tortura de la Inquisición -vamos a obviar lo de Santa- utilizada por los verdugos para sofocar los gritos de los condenados. A su vez, permitía una vez tapado el único agujero del que disponía y por donde le entraba el aire, provocar fácilmente la asfixia, el ahogo.

Precisamente esa asfixia, esa opresión, ese ahogo quien lo ha sentido durante lustros y sigue sintiéndolo es el colectivo LGTBI. Lo sienten familias homoparentales como la que intentó matricular a su hijo en un colegio de Castilleja de la Cuesta (Sevilla) y fue discriminado por ello, siendo inhabilitada su directora tras denunciar sus padres (2017).

Esa opresión y ese ahogo es el que debió de sentir Alan, un joven transexual catalán que en diciembre de 2015 decidió quitarse la vida después de sufrir años de acoso por expresar su identidad de género. Esa opresión es la que debió de sentir Diego, un niño de Leganés (Madrid) al que sus compañeros le llamaban, entre otras lindezas, maricón y que terminó trágicamente con su vida. Ese ahogo es el que sienten tantos y tantas personas que por expresar su orientación sexual o su identidad de género son habitualmente insultados, estigmatizados, hostigados por sus pares e incluso a veces por sus familias. Sin ir más lejos, en Mérida, pasados cuatro días de la inauguración de un monumento a la diversidad, esa misma que tanto les preocupa, fue atacado con martillos y radiales.

Pero lo más grave de todo ello, es que las campañas que orquesta el señor Arsuaga y sus acólitos, son financiadas entre otros con los impuestos de personas que pertenecen al colectivo LGTBI al ser la asociación que preside, declarada de utilidad pública pese a no fomentar la tolerancia, ni defender a las personas en riesgo de exclusión social. Ingresos que aumentaron hasta un 69 % desde que fue declarada con este velo por el gobierno del PP, el mismo que el pasado día uno de julio portaba una pancarta en donde se podía leer Por los derechos LGTBI en el mundo, el día Orgullo Mundial celebrado en Madrid.

No es la comunidad LGTBI, ni Podemos ni el resto de partidos políticos, salvo el PP, quienes van a por los hijos de nadie, en todo caso van a por los hijos de todos y todas, al igual que la ONU, son los que están construyendo un mundo de absoluta tolerancia, libertad e igualdad, un mundo donde todas y todos seamos libres de tener una vida digna ya que los derechos humanos le corresponden a todos sin importar quién sea o a quién ame.

Protéjase del sol, que al menos, brilla para todos.