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Y yo en la Junta de Accionistas de EL ESPAÑOL

Pedro J. Ramírez, durante su discurso en la Junta de Accionistas. / Pablo Cobos

Pedro J. Ramírez, durante su discurso en la Junta de Accionistas. / Pablo Cobos Madrid

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Cuando alguien como yo, que nunca ha invertido en un proyecto de empresa que no estuviese dirigido por mí, me veo en la Junta de Accionistas de EL ESPAÑOL, privilegio que me ha permitido mi condición de modesto accionista,  sólo pido una cosa: salir más tranquilo de lo que entré.

El ambiente del acto no era malo. Amenizado, antes de su comienzo, por la agradable sintonía corporativa y presidido por los logotipos del león, con azafatas y 'azafatos' elegantes y amables, en un lugar como ese, presuntamente caro. Yo me dije: “mi dinero está aquí invertido, en el atrezo del acto”. Eso no me tranquilizaba mucho.

La entrada de los miembros del Consejo de Administración, encabezado por Pedro J., no modificó en nada mi estado de ánimo. Yo seguía pensativo.

Las palabras de Pedro J. comenzaban a tranquilizarme un poquito. Su análisis estratégico-periodístico de la empresa me relajó. Pero su análisis de la situación política española, comparándola con la de 1917, me puso un poquito nervioso. Cuando terminó Pedro J. el interesante, pero largo discurso político, aprovechándose de que no tuviera un moderador que le frenara, yo me dije: “Pedro J. ha cambiado de estilo de corbata y encima no ha nombrado ni una  sola vez la palabra euro'’

“Uy, uy…. mi dinero”, pensé.

Seguidamente vi subir al atril a una señorita con buena presencia, con una apariencia más tranquila que la que yo tenía en ese momento, y comienza a nombrar la palabra “euro”. Ese idioma lo entiendo mejor.  La señorita disecciona y analiza con coherencia el recorrido tortuoso de mi “euro” en el pasado y el futuro viaje idílico que le espera. Cuando me quise dar cuenta: “oye, que ¡estaba tranquilo!”.

Tras las risas con el señor, típico de la junta de propietarios de mi edificio, que domina un tema concreto, en este caso la sintaxis periodística, y tras disfrutar de los canapés, me vi en el Paseo de la Castellana mucho más tranquilo de lo que entré.