Opinión

Rivera torea de salón

Albert Rivera, en el debate de la moción de censura.

Albert Rivera, en el debate de la moción de censura. Efe

La tercera moción de censura en nuestra historia reciente, al igual que las anteriores ha resultado fallida, sin ninguna novedad, dado que de antemano se conocía el resultado a alcanzar.

Toda ella un despropósito desde el principio y hasta el final, ha reforzado al Presidente a censurar, y aunque el Gobierno requiere censura, el candidato alternativo no ha resultado merecer el beneplácito pretendido ante un hemiciclo desconfiante, tanto del espada como de la cuadrilla dispuesta a auxiliar, al poner en riesgo nuestra soberanía nacional.

La mejor faena en el ruedo de la moción de censura la realizó Albert Rivera, quién no se arrugó y directamente se dirigió a puerta de toriles recibiendo al candidato alternativo, como requiere la ocasión. Acusó a Pablo Iglesias de toda la situación, dado que el censurado es Presidente por culpa de su formación, quien tuvo la ocasión de haber asentido a un Acuerdo de Gobierno que hubiese evitado lo que hoy es su pretensión, siendo además el responsable del incremento de escaños del Partido en cuestión, y por ende, no puede ser candidato presidenciable, sino oposición. Antes de devolver un toro a los corrales hay que tener en cuenta si tiene o no condición y sacar el pañuelo verde a instancias de la afición.

En siete meses de Gobierno Ciudadanos ha cuajado para España faenas varias, mientras Podemos torea festivales, sin importarle plaza, coso o cartel, con toda su cuadrilla incluido el matador, sin obtener triunfo alguno. Solo le interesa el ruido de la afición. Sin ton ni son. Jaleo.

Desde el burladero Rivera cita a Pablo Iglesias, quien ahormado acude al encuentro, poniendo en evidencia en solo tres muletazos. El despropósito de su programa de gobierno, dado que “nunca le ha oído formular ninguna respuesta al problema de desempleo, sólo derogar y derogar”, “ha propuesto la mayor subida de impuestos de la historia de España” y que lo único que quiere es “nacionalizar y expropiar empresas”. Lo suyo es atacar, atacar y atacar, sin encaste. Solo sabe empitonar. Busca el descabello pero sin torear.

Sin aportar soluciones a la lidia, se pasa al tercio de banderillas, reconociendo Rivera en un pase de pecho, que le tiene menos miedo a su ideología que a su incompetencia. Ovación y suena la música. Pasodoble taurino: “Suspiros de España”.

El cronista taurino Jorge Bustos describe la situación de un Rivera “disfrutando”, dando pases al natural, con ortodoxia taurina. Sin más.

Ante la falta de embiste Rivera busca el centro de la plaza, en la arena más liberal y progresista. Lo suyo es la posición, toreando con pase corto, tanto a derecha como a izquierda, tomando lo mejor de las dos. El arte del capote lo sustenta garantizando la unidad de España, amenazada precisamente por el desplante del candidato alternativo y de quienes lo vienen a auxiliar, cuya pretensión es la convocatoria de un referéndum unilateral, corneando así no sólo nuestra indisolubilidad, sino nuestra igualdad.

Rivera es buen torero, con hechuras y nobleza, que tiene proyecto para España, su condición, brindando la lidia indistintamente a toda la afición, con independencia que se encuentre en tendidos de sombra o de sol.

Rivera abrirá la Puerta Grande, se lo debe a su afición. Torea bien de salón.