Corridas toros

"Los políticos y los antitaurinos hacen el mismo daño"

José María Manzanares vuelve a Las Ventas para recordar su gran tarde. "Lo que ocurrió es lo que siempre he buscado, lo que me transmitió mi padre, mi concepto".

Manzanares, en Las Ventas.

Manzanares, en Las Ventas.

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José María Manzanares es un torero de dos orillas. La árida y la exuberante, como si lo bueno fuera inalcanzable y lo malo, inexplicable. Ha convertido su trayectoria en una montaña rusa perfecta: sube y baja, gira, se encuentra y desaparece, vuelve y asciende de nuevo. En ese laberinto que alinea con su vida personal apareció en la lejana Beneficencia 'Dalia', el toro de Victoriano del Río con el que volcó Las Ventas. Una autopista para encontrar el camino. 24.000 personas lo vieron: Manzanares tocó tierra.

Después de un mes y siete días de aquello, Las Ventas no parece ni el mismo lugar. La arena gris está arrancada, surcada por costurones de barro reseco, cicatrices de rodadas graves y profundas. No cuelgan adornos, está vacía y la piedra brilla caliente. Hay por fin un silencio que rebota en los tendidos. Algún visitante se asoma a los toriles laicos de la mañana de un viernes. Coelho no encontraría ni el eco apagado. La primera plaza del mundo es una radiografía, un esqueleto verde de reflejos, prosaica y en alpargatas. Faltan 24 horas para que un toro parta en dos a Víctor Barrio, el toreo mantiene aún esa inercia interior de ferias y provincias, "nadie habla ya de nosotros" -que dirían los Urdangarin- y los animalistas son todavía simpáticos.

Manzanares posa en el ruedo de Las Ventas.

Manzanares posa en el ruedo de Las Ventas.

Sí, está él. Manzanares vuelve a Madrid, a Las Ventas, para hablar con EL ESPAÑOL. Entra por la puerta de arrastre, posa para una conocida revista en el '7' -pobre Rosco- y pisa los medios. El triunfo palpita. "Ha sido muy importante", avanza el alicantino. "Más por lo emocional", resuelve. "Está claro que era Madrid y en una época difícil para mí por todo lo que he pasado con lo de mi padre. Más que el triunfo", paladea, "es la forma en la que salió todo".

La sorpresa llegó desde el capote -"lo he trabajado mucho en este tiempo"- al natural la agitación: el muletazo depurado y austero, sólido y liviano, suave, fluido y profundo. La derecha apagada, al revés que siempre. Un larguísimo pase de pecho aterrizó 23 años antes, cambiando el grana por el salmón. "Es lo que siempre he intentado buscar en mi tauromaquia. Ese ha sido mi concepto. Por suerte o por desgracia, la evolución del torero es muy lenta. Tienes que ir buscándote, por eso es tan especial. Me acerqué a lo que mi padre y mi abuelo me transmitieron".

-¡Tu padre era un genio! -interrumpe Jaime Ostos, impaciente, con su inconfundible tono de voz agudo y carrasposo, que pasaba por allí.

-¡Hombre, maestro!

El abrazo en el interior de la plaza recoge el hilo entre dos generaciones de toreros. Desde que empezó, Manzanares ha tirado difuminando la unión y ciertos cánones: ha participado en cotizadas sesiones de fotos -"los toreros son diferentes y tienen que transmitirlo"- se ha olvidado de la competencia -"compito contra mí mismo, no me fijo en mis compañeros"- y ha preferido interactuar con la afición a través de las redes sociales, las tertulias modernas -"en Twitter escapo de bastantes cosas, ahora estoy un poco más encerrado en mí mismo"-. En estos tiempos turbulentos cree que "políticos y antitaurinos hacen el mismo daño. Unos porque utilizan la tauromaquia, los otros por no estar informados". Su tercer vástago, Gabriela, la segunda niña, acaba de nacer. La chaquetilla pesa más. "Desde que soy padre ha cambiado mi forma de afrontar las ferias, de ir a la plaza", asume.

Manzanares, en el callejón del tendido 7.

Manzanares, en el callejón del tendido 7.

Y diez días antes de Gabriela, 'Dalia'. "Es una inyección enorme cuajar a un toro así, que fue muy bueno. Sentir lo que sentí ese día me hace feliz para todo el año. Ha llegado cuando ya no busco el triunfo ni la estadísticas; después de morir mi padre he cambiado mis prioridades, sólo estoy centrado en torear, fiel a mi concepto. No voy a prostituirlo. Llegar a Madrid y triunfar, sentir lo que sentí, te hace feliz para todo el año", aclara. El golpe en la mesa después del bache. ¿Una forma de reivindicarse? "Bueno, no sé. La temporada 2011 fue brutal en cuanto a resultados. Hubo triunfos en cada plaza. Repetir eso es imposible". "Ahora", explica, "creo que estoy toreando mejor. Al menos eso pienso yo. En los días malos hay que tener fe en que tardes como la de Madrid van a llegar. Los toreros mejoramos con los años. Por eso me gusta ver a los mayores, ese poso que tienen". Manzanares es en realidad el torero de los dos toros: 'Arrojado' y 'Dalia'. "La tarde de Sevilla me acerqué a lo que quiero, aunque faltó naturalidad. La de Beneficencia ha sido la más importante de mi vida", ataja.

La temporada avanza y en el horizonte no está Bilbao. "Es una de mis plazas preferidas. Tanto, que aunque no haga el paseíllo, sí iré a la feria". ¿Qué ha pasado? "No ha habido acuerdo con la empresa y ya está. Hemos quedado bien, de manera amistosa. No hay problema. No nos han podido ofrecer lo que nos hubiera gustado y ya está. No pasa nada". El rumor del cambio de apoderados está siempre ahí. "Sí, no sé que ocurre. Eso se dice siempre. Llevan siete u ocho años comentándolo. Ya sabes cómo es el mundo del toro. Nunca se me ha pasado por la cabeza cambiar. Con los Matilla [una de las casas empresariales más importantes] estoy feliz. Con Koke [Jorge, el menor de los dos hermanos que la componen] la relación va más allá de lo profesional: va a ser el padrino de mi hija", añade. "Son los mejores, inteligentes y trabajadores", remata. ¿No le molesta compartirlos con Talavante? "Para nada. Me alegro por las dos partes. Hablé con ellos. No seré yo quien imponga nada. A los tres les hacía ilusión. No soy celoso ni envidioso", se pone serio. ¿Y Pepín Liria? "Tenemos una relación especial, como hermanos. Siempre estamos juntos y eso da que hablar, pero sólo eso. Ya sabes que en el mundo del toro se comenta todo", ríe.

Otras dos tardes han marcado, en menor medida, la temporada. Ambas con José Tomás: Jerez y Alicante. "Hay mucha repercusión, son tardes marcadas, pero eso no significa mayor presión. Hay compañeros con los que te gusta más torear que con otros. Es por conceptos. Te gusta más ver a unos que a otros. Intento disfrutar al máximo de ese tipo de tardes". La Puerta Grande, las dos orejas y el faenón dejan en el ambiente una respuesta. "La estrategia de venir a Madrid una sola tarde me ha salido bien. El año pasado corté una oreja; éste, lo de 'Dalia'... No sé. La temporada se planifica en invierno. Lo único que sé es que quiero volver. Ya se verá cuántos días".

Manzanares, en Las Ventas.

Manzanares, en Las Ventas.