Feria de San Isidro

La disposición de Roca no tapa el petardo ganadero

Juan Pedro Domecq volvía a Madrid después de descubrir el premio a la mejor corrida de la pasada feria. Resultó ser un fiasco. Confirmó Posada de Maravillas.

Roca Rey da un pase de rodillas.

Roca Rey da un pase de rodillas. EFE

  1. Feria de San Isidro
  2. Plaza de toros de las Ventas

Esta mañana, en el día del patrón, Juan Pedro Domecq descubrió el azulejo a la mejor corrida de la pasada feria. Aquel año el viento se la llevó por delante. Se dice que la cortina descubre además un gafe. Se trata de estadística. Juan Pedro ya lo superó yendo a por su segundo premio consecutivo. Primero Parladé. El que viene no repetirá ceremonia. El petardo de este domingo en la confirmación de Posada se recordará tanto como los días buenos, que los ha habido. La tarde cayó en barrena desde la devolución del buey quinto. El escurrido sobrero también se fue para atrás. Y el vergonzante sexto.

La corrida estaba marcada por los cuatro cinqueños, dos a punto de cumplir los seis años, que se comieron por hechuras a sus otros dos hermanos. No hubo equilibrio y no precisamente por la edad: muy mala selección de los que debían sostener la presentación exagerada de los mayores. El ejemplo estuvo cuando salió el tercero. De un toro casi para Bilbao se pasó a otro al que le costaría pasar el fielato de Sevilla. El sexto se tapaba por la cara y ni eso.

Entre todo ese despropósito, con Don Juan Carlos otra vez presente, destacó la disposición de Roca Rey desde las caleserinas al segundo. El quinto se devolvió solo. En la tercera saltillera salió del lance trastabillado el peruano y tuvo que rodar por la arena para evitar la cornada con el toro lanzado hacia él. Se escapó Roca y se escurrió el toro. Pañuelo verde. Cuando salió el quinto bis el cabreo era generalizado. En los tiempos muertos, con los cabestros en el ruedo, un chotis arrancó la veta más pueblerina de esta plaza. Insólita ovación a la banda. Las voces volvieron con el segundo sobrero al que el joven recibió por gaoneras amansando a las fieras de la piedra. Levantó los tendidos con la larga de rodillas y el pase de pecho con el capote hizo rugir a la plaza. Volvieron los cabestros y el chotis.

El definitivo quinto de Marca salió corraleado, midiendo y sin querer capotes. Brindó al público Roca y se abrió por estatuarios. El primero de infarto. El toro se fue apagando irremediablemente para quedar agarrado al piso. Lo intentó Roca por ambas manos y se montó encima de él.

Pudo hacer algo más con el tercero, un torito que tuvo cierta clase sin poder, bajo, un zapato. 'Marc' se llamaba. Para otra plaza le hubiera valido. Brindó al Rey emérito. Corrió la mano derecha y casi. 'Marc' se quedaba en el tercero asfixiado. Los pases de pecho lo quebraban. Todo lo quería por abajo y sin abusar, las cosas de las cosas. Imposible mayor lucimiento. ¿Qué toro se puede llamar 'Marc'?

Talavante brindó al viejo Rey el segundo y la plaza lo tomó entusiasmada, como si la montera hubiera caído a cada uno de los 23.000 asistentes. Se excusó de la ausencia del viernes. Directo a los medios. El cartucho de pescao se convirtió en un cambio por la espalda. El torazo al galope pasó cerca. Esa arrancada hasta el centro lo desfondó. Ahí quedó. Tuvo quizá otro arreón. No podía con su alma. Talavante dejó algún natural suelto. Y las tafalleras al primero y la revolera volando el revés del capote en uno de los recibos. El cuarto se desentendió rápidamente de la muleta y Talavante desconectó en la suerte suprema. A la tercera. Aún quedan dos cartuchos.

Posada de Maravillas confirmó con 'Danzarín'. Roca Rey fue testigo dos días después de la suya. Encastado el toro tomó los vuelos con motor. 590 kilos que no dudaron en acudir al embroque. Volumen para diez 'Marcs'. No salía con la misma facilidad de la muleta. Se vio algo sobrepasado a Posada. La lógica es cruel: sólo mató una corrida el año pasado en España, la de la alternativa. Perdió pasos para tratar de desembarazarse del final de embestida en los flecos. No terminó de romper aquello. Tampoco el toro. Madrid respetó. Se cayó el sexto y el sobrero tampoco lo arregló. Descompuso la lidia. Talavante, como director, lo tuvo que poner al caballo. Quiso hacer el cartucho de pescao Posada después de ofrecer la faena al Rey. No iba el toro. Optó por la derecha. Provocó la arrancada con el bicho y el público en desbandada.

JUAN PEDRO DOMECQ/ Alejandro Talavante, Roca Rey y Posada de Maravillas

Monumental de las Ventas. Domingo, 15 de mayo de 2016. Décima de feria. Lleno. Toros de Juan Pedro Domecq, un repetidor 1º que no se rebozó, desfondado el 2º, con clase el 3º de contador poder, soso el 4º, y dos sobreros, uno de José Luis Marca (5º tris) parado y el deslucido 6º bis de Conde de Mayalde.

Alejandro Talavante, de malva y oro. Pinchazo y espadazo casi entero atravesado (silencio). En el cuarto, tres pinchazos, espadazo caído y un descabello (silencio).Roca Rey, de canela y oro. Dos pinchazos y estocada caída. Aviso (palmas). En el quinto, pinchazo y estocada casi entera (silencio).Posada de Maravillas, de azul marino y oro. En el de la confirmación, tres pinchazos y estocada casi entera. Aviso (silencio). En el sexto, estocada entera (silencio).