Richi González Dávila (Madrid, 1972) se sienta en una cafetería de Madrid para concederle a EL ESPAÑOL la primera entrevista a un medio escrito que da desde su nombramiento. No se le nota nervioso, aunque en unas horas va a emprender un vuelo para irse a trabajar en el país más opaco del mundo. Apura una Coca-Cola, bebida que, a buen seguro, no podrá probar mientras se encuentre trabajando en el paraíso anticapitalista que es Pyongyang. Porque Richi, que es entrenador de baloncesto, es el elegido por Corea del Norte para liderar a su país hasta la victoria... deportiva.

Kim Jong Un le ha fichado para que lleve a la selección de baloncesto de Corea del Norte a lo más alto. "Algunos amigos me han dicho que estoy loco. Otros que tengo más cojones que el caballo de Espartero. Yo lo que creo es que es una oportunidad que quiero aprovechar", sentencia. 

UN EMAIL CON LAS INSTRUCCIONES

Cuando Richi recibió un email procedente de Corea del Norte, el primer sorprendido fue él. Es entrenador profesional de baloncesto desde los 18 años. Ha sido, entre otros, seleccionador junior de la Comunidad de Madrid o seleccionador femenino absoluto de Chile. También ha entrenado en clubes de Bolivia. Pero nunca tuvo relación con el país de la dinastía de los Kim.

En el correo electrónico, una oferta de trabajo. El Comité Olímpico de la República Popular de Corea había pensado en él para liderar a la selección nacional de baloncesto, el deporte estrella del país. Kim Jong Un es un fanático de esta disciplina. El mayor ejemplo es que recientemente se llevó al exjugador de la NBA Dennis Rodman a que mejorase el nivel de la selección.

Richi González Dávila es amigo personal de Jorge Garbajosa, al que entrenó en categorías inferiores.

Richi González Dávila es amigo personal de Jorge Garbajosa, al que entrenó en categorías inferiores. Cedida

Corea del Norte no es una potencia mundial del baloncesto, pero sí que es una de las naciones más fuertes de Asia en este deporte. La altura media de los coreanos es de 1,72 metros, lejos del 1,77 de los norteamericanos o del 1,79 de los españoles. Respecto a su situación política hay poco que añadir: se trata de un país gobernado por la dinastía Kim desde 1948. La nación sufre varios bloqueos de la comunidad internacional y se encuentra en una situación de aislamiento comercial que hace que mantenga relaciones comerciales con muy pocos países. Las constantes amenazas nucleares de su máximo mandatario y el eterno conflicto que mantiene con sus vecinos del sur tiene al país en el foco de los medios de comunicación constantemente.

NO SABE CÓMO LLEGARON A ÉL

Richi sigue sin explicarse cómo se fijaron en él, pero cree que es una cuestión secundaria. “No sé cómo llegaron a mí, ni quién les dio las referencias, ni nada. Sólo sé que se trataba de un escrito oficial en el que me proponían irme a la capital, Pyongyang, a entrenar”. Richi no se lo pensó. Dio el "sí quiero" y se convirtió así en el segundo occidental contratado por la República Popular Democrática de Corea. 

Ahí empezó la aventura de este madrileño nacido en el castizo barrio de Prosperidad. Lo ha dejado todo para ir a enseñar baloncesto en los dominios de Kim Jong Un. Y por “dejarlo todo” nos referimos a dejar en España a su mujer, su hija de poco más de un año, sus amigos, sus padres y su hogar. Todo por la pasión del baloncesto.

Mi niña tiene poco más de un año de vida, pero ya lleva más kilómetros que Willy Fog

"Lo que me da más apuro es dejar a mi mujer y a mi hija aquí solas. Aunque la niña tiene poco más de un año de vida, ya lleva más kilómetros que Willy Fog", bromea. Y es que los viajes no le son ajenos. Ni a él ni a su mujer. De hecho, ella ha sido su principal apoyo porque conoce a fondo el mundo del baloncesto profesional. Se trata de Lidia Mirchandani, una canaria que ha sido internacional 34 veces con España, que ha representado a España en unos Juegos Olímpicos, que ha ganado una medalla de bronce en un Eurobasket y que se ha pasado la vida haciendo maletas. “Nadie mejor que ella para comprender la situación. Tengo una gran suerte estando con ella”, confiesa Richi, que es sobrino del periodista Carlos Dávila, exdirector de La Gaceta y antiguo director de publicaciones del Grupo Intereconomía

De momento se marcha él solo. Va a estar un mes desarrollando un programa de tecnificación. Una vez concluya, volverá a Madrid para pasar las navidades y allí valorará la oferta. "La idea del Comité Olímpico de Corea del Norte es que me quede un año allí, al frente de la selección. Cuando vuelva será el momento de plantearse muchas cosas", resume. 

SIN MIEDO PERO CON FRÍO

Si ya resultaba inédito que un país tan particular como Corea del Norte pensase en un madrileño para llevar las riendas de su selección, más extraña fue la reacción del propio Richi: “Me voy; me apetece mucho entrenar en Asia”, les dijo a sus allegados. Y se fue. "Sé que últimamente Corea del Norte ha salido a la palestra por cuestiones relacionadas con conflictos políticos y demás. Pero yo no tengo miedo; no pienso en eso. Voy con la confianza del que va a trabajar en un lugar donde son serios y profesionales para trabajar", resume.  

El madrileño no conoce Asia. Menos aún la República Popular de Corea, así que se ha ido sabiendo muy poco acerca de lo que se va a encontrar allí: “Hombre, lo que sí sé que me voy a encontrar es muchísimo frío. Me han dicho que ahora están a temperaturas entre los -15 y los -20 grados, pero que en diciembre y enero llegan a los 40 bajo cero”, cuenta sin inmutarse.

Richi González Dávila, en la imagen con un polo a rayas, entrenó a Felipe Reyes, primero por la derecha en la fila superior

Richi González Dávila, en la imagen con un polo a rayas, entrenó a Felipe Reyes, primero por la derecha en la fila superior Cedida

Aparte de las duras condiciones climáticas, Richi González Dávila no es ajeno a la imagen de Corea del Norte que proyectan los medios de comunicación occidentales. Pero no quiere entrar a profundizar. Prefiere comprobarlo in situ: “Si me tuviese que guiar por lo que dicen de cada sitio, no me hubiese movido de aquí, y en mi trabajo las cosas no funcionan así. Soy de los que piensan que hay que ir y valorar por uno mismo. He sido seleccionador de Chile, he entrenado a un club boliviano. He estado trabajando incluso en países como Venezuela o Cuba. Y, aun reconociendo que son países donde la situación es difícil, no están ni de cerca como nos explican en los medios. No he tenido ningún problema, he podido trabajar con tranquilidad, he conocido a gente maravillosa y a grandes profesionales. ¿Por qué iba a ser distinto esta vez?”, concluye.

He trabajado en Cuba o Venezuela; no he tenido ningún problema y he conocido a gente maravillosa. ¿Por qué iba a ser distinto esta vez?

¿Por qué él? Richi lo ignora. No ha tenido relación previa con nadie de ese país. Pero estas cosas suceden. Los comités olímpicos tienen listados con referencias de los profesionales de cada disciplina. Al parecer, las de Richi son inmejorables. Como seleccionador chileno femenino consiguió los mejores resultados de la historia del país. Y es que Richi no es ningún novato. Lleva entrenando a equipos desde los 18 años. Bajo su tutela han pasado nombres que han acabado en la NBA, como Jorge Garbajosa, o actuales estrellas del baloncesto europeo, como Felipe Reyes. En Corea del Norte valoraron su trayectoria y le contactaron por mail. “Así lo negociamos todo, por correo electrónico. Es verdad que nunca había estado en una negociación tan particular, pero también es cierto que han sido muy serios desde el primer momento y eso me dio mucha confianza”.

Así, hizo las maletas y se fue. El visado, tal vez el más difícil de conseguir en todo el mundo, no fue problema. El propio Comité Olímpico de Corea se lo facilitó enseguida. Y el viaje lo ha gestionado la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA).

EL SUEÑO DE ABRIR FRONTERAS

Aunque no conozca la realidad social de la República Democrática de Corea, sí que se ha empapado a fondo de la situación deportiva: “Sé que el nivel es de los más altos de Asia. La selección femenina es una potencia continental y siempre está luchando por las medallas. Ahora la apuesta consiste en conseguir éxitos también con la masculina y yo voy a ayudar”.  También sabe que “las instalaciones deportivas son de primer nivel y me consta que tienen a muy buenos profesionales. Estoy bastante seguro de que no voy a tener problemas”, afirmaba antes de irse. 

Como profesional del deporte, Richi se toma esta experiencia como "una oportunidad de abrir fronteras y estrechar lazos entre países. Soy de los que piensa que el deporte tiene ese poder y que hay que aprovecharlo". Richi González, que es amigo personal de grandes estrellas del baloncesto patrio, tiene un sueño, que consiste en "jugadores españoles disputando un partido de exhibición en Pyongyang. Sería bueno para todo el mundo" concluye, acabando su Coca-Cola que, probablemente, será la última que tome hasta que vuelva a Europa.

Antes de marcharse, le pido que pose con un balón de baloncesto y una fotografía del líder supremo de Corea del Norte. "Con la pelota sí que me hago una foto. Con la foto no. Prefiero no ser irrespetuoso", se excusa.

SU MUJER TRANQUILIZA

Tres días después de su marcha, hablamos con Lidia Mirchandani, su mujer. Nos cuenta que "Richi está bien. Le han puesto un guía y un traductor, que le acompañan a todos lados". Con respecto al plano profesional, Mirchandani relata que "se ha encontrado un entorno de trabajo muy profesional; cuando pide algo lo tiene enseguida y dice son gente con una gran predisposición a aprender y trabajar". 

Como puntos negativos, la esposa de Richi González no tiene dudas: "Lo más duro está siendo no poder comunicarnos apenas. Entrena 6 horas diarias, la diferencia horaria con Corea del Norte es de 7 horas y media y si quiero hablar con él tengo que ponerme en contacto con el hotel aunque no siempre está disponible", asegura. También subraya que "está echando de menos la comida. Es raro, porque Richi tiene 'muy buena boca' y come de todo. pero me imagino que es cuestión de adaptarse". También apunta que "otra de las cosas que más le ha chocado es la oscuridad, porque cuando se va el sol, apenas se ve nada. El alumbrado público es mínimo y eso le ha impresionado mucho", reconoce.

Lidia no quiere pensar más allá. "Volverá en un mes y luego tendremos que valorar que hacemos. Existe la posibilidad de irnos con él, pero tenemos que tener en cuenta que la niña es muy pequeña. Él es un profesional y tiene que hacer lo que más le convenga. Nosotros le apoyamos en todo", acaba su esposa, aclarando que ella tampoco tiene miedo. "Va a ser una gran experiencia, estoy segura".