El dirigente de IU Gaspar Llamazares.

El dirigente de IU Gaspar Llamazares. Gtres

Entrevistas EN PRIMERA PERSONA

Llamazares: "Por criticar a Alberto Garzón Izquierda Unida me mandó a pastar"

"Me preocupa oír a los míos defender más que nadie a Maduro... ¡que hay víctimas, hombre!" / "Nadie que haya vivido la Transición diría las cosas que hoy dicen algunos en IU, faltando al respeto a nuestros padres" / "La izquierda federalista tiene que plantarse sin ambages ante el desafío catalán".

Anna Grau

Gaspar Llamazares (Logroño, 1957) es un extraño pedazo de pan metido a político y además de izquierdas, que esto en España requiere un plus. De pasarlas canutas con Paco Frutos ha pasado a pasarlas moradas con Pablo Iglesias. O, para ser más precisos, a llevarse algún que otro zapatazo, y alguna que otra invitación a pastar, a cuenta del efecto acomplejador de Iglesias en las “neuróticas” filas de IU. O de un PSOE que parece Yo, Claudio –esto no se le ocurrió a él, pero se rió mucho…-. Ahora, el hombre que no mató a Liberty Valance pero que sí vio su cara en los carteles con que el FBI quería dar caza a Bin Laden acaba de registrar, junto a Baltasar Garzón, un partido político que se llama Actúa y que no se sabe aún oficialmente si va a concurrir a las elecciones. Oficialmente hay tiempo de pensárselo de aquí a las europeas.

Tiene usted razón, señorita, para qué nos vamos a engañar: es verdad que desde que hemos registrado Actúa como partido político, o nos ríen la gracia a mandíbula batiente o nos entran a degüello. No hay mucho término medio, no. Nosotros, desde luego, no hemos hecho nada con voluntad de polémica, hemos tenido que inscribirnos como partido porque era la única opción que nos habían dejado de proteger la marca. Es que hay una empresa que al parecer también usaba la expresión Actúa y amenazaban con una demanda a no ser que la retiráramos o hiciésemos constar que sólo nos interesaba a efectos políticos, no comerciales. Si ya dijo no sé quién el primer día, cuidado, que la palabra “Actúa” se usa mucho en publicidad... Pero no, seguro que la empresa que nos ha buscado las cosquillas no tiene agenda política oculta, es sólo una empresa. ¿Qué empresa? Pues no se lo voy a decir, perdóneme...

¿Que si tengo miedo de que esto acabe como aquella historia de mi cara en los carteles del FBI buscando a Bin Laden? Esperemos que no. Aquello dio lugar a un procedimiento judicial que hoy en día está prácticamente sobreseído. Yo intenté ir a juicio en Estados Unidos, lo intenté en serio a través de una organización americana especializada en la protección de la imagen, pero no se atrevieron, y eso que era ya en la época de Obama. Primero empezaron a enredar pidiendo la traducción al inglés de todos los documentos, luego salieron con que la responsabilidad sólo se podía pedir a la embajada americana en España. En fin, se han ido pasando la pelota unos a otros y al final, nada.

¿Cómo dice, señorita? ¿Qué esta historia mía le recuerda a la de Paco el de la Bomba, el vecino de Palomares que ayudó a los americanos a encontrar la bomba termonuclear que se les había caído allí, que reclamó y reclamó, que llegó a pedir 20 millones de dólares, y sólo se llevó calderilla y una mención? Pues sí, no me extraña nada, estos no te dan ni agua. Y conste que yo no pedía dinero, sólo quería una rehabilitación de mi imagen, de mi cara, de mi pelo.

Oiga, que yo estuve cinco años sin salir de vacaciones al extranjero porque mi hija estaba asustada, temíamos que en cualquier frontera pudiéramos tener un lío. ¿Se imagina que fuese ahora, con las delirantes restricciones migratorias de Donald Trump? Vamos, que el tema tuvo consecuencias más allá de dañar mi imagen. El entonces ministro de Defensa, Pepe Bono, escribió una carta a la entonces portavoz demócrata en el Congreso, Nancy Pelosi. El ministro de Exteriores también se involucró, pero nada, todo el mundo lo lamentaba con la boca pequeña y sin plantearse ningún desagravio serio. Que esto ha sido un artista forense con demasiada creatividad, te decían. Y se quedaban tan panchos. ¿Pero de verdad les parece normal hacer montajes de fotos de gente viva para cosas así? ¡Es una barbaridad!

Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares en un acto de la plataforma Actúa el pasado mes de abril.

Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares en un acto de la plataforma Actúa el pasado mes de abril. E.P.

Cambiando de tercio me comenta usted ese chascarrillo tan simpático que sí, ya sé que hace días que corre, que dice que desde el momento en que nos hemos juntado Baltasar Garzón y Gaspar Llamazares, sólo nos falta Melchor. Un chiste muy socorrido está siendo ese, sí. Más allá del chiste: me comenta usted que el mismo día que saltó la noticia de la inscripción de Actúa como partido político, a uno de los nombres propios del proyecto, el magistrado José Antonio Martín Pallín, le faltó tiempo para desmarcarse públicamente. Que él no quería saber nada de estar en un partido político y de concurrir a elecciones, dijo. Bueno, es verdad que aquí siempre hemos estado unos y otros a distintas velocidades, con enfoques distintos. Martín Pallín avisó lealmente desde el primer día de que él no quería hacer nada que ni remotamente pareciera que podía fraccionar la representación política de la izquierda. Quizá no le hemos sabido explicar bien el carácter estrictamente instrumental de este tema, de esta inscripción, que en sí no prejuzga para nada que esto vaya a devenir un partido político. Ni mucho menos un competidor electoral de nadie.

Si Actúa debuta electoralmente será en unas europeas para aprovechar la circunscripción única, como Podemos

Sí, probablemente no hemos sabido explicarle bien esto a Martín Pallín, entre otras cosas porque el tema nos estalló en las manos a principios de agosto, todo esto que le decía de la marca, señorita. La verdad es que nos quedamos todos muy extrañados, yo el primero. Aunque Teresa Aranguren también me llamó, muy sorprendida. Para empezar, en el Ministerio del Interior nos decían que esto iba muy para largo, al principio todo eran pegas, y así de un día para otro, de repente.

¿Cómo dice? ¿Si yo creo que en Interior alguien puede haber dado la consigna de acelerar nuestra inscripción como partido para j… a alguien? No lo creo, no. Yo estoy segura de que era y es un tema puramente administrativo. Mire, en cuanto se asoma usted al registro de partidos, se encuentra con que hay miles de ellos, de partidos y de partidillos unos vivos, otros medio muertos, otros en coma. El registro de partidos políticos debe de ser una locura. En una futura reforma electoral contemplamos la posibilidad de declarar muertos a todos los partidos que lleven más de determinado tiempo de inactividad; sí, de desconectarles el respirador, se podría decir así. No se ha hecho nunca, y hay miles y miles.

Pero de verdad que en nuestro caso la actividad política y electoral no se puede ni prejuzgar ni descartar. Protegemos la marca por si acaso, porque ya veremos. Hasta ahora Actúa sólo ha hecho un análisis de la situación de la izquierda, de la necesidad de vertebrar una mayoría frente al PP.

Foto: Gtres

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Me pregunta usted a quemarropa si, teniendo en cuenta que el sistema electoral español es una carrera de obstáculos para todos los partidos pequeños, si nos estamos reservando para las elecciones europeas, las únicas que se juegan con circunscripción única, ahí dio la sorpresa Podemos (carraspea). Bueno, sin duda ese es el marco electoral más favorable, sí. Podemos no despegó en unas elecciones generales, donde el sistema mayoritario es un gran lastre. Ni en las municipales ni en las autonómicas, que exigen tener mucha base. Podemos dio el golpe primero en unas europeas, luego fue a autonómicas y finalmente a generales. A las municipales no ha ido nunca, han ido sus marcas blancas asociadas.

Visto lo visto en las últimas legislaturas exprés, me pregunta usted de frente quién de la izquierda tiene la culpa de que el presidente sea Mariano Rajoy y no ninguno de ellos. Bueno, en parte esa ha sido la voluntad de los electores, que en mi opinión han castigado insuficientemente al PP por sus deméritos. Pero es evidente que la mayor responsabilidad es del PSOE, que limitó tanto las posibilidades de acuerdo, le ató demasiado las manos a Pedro Sánchez. Pero Podemos tampoco hizo el esfuerzo suficiente, no fue generoso. Ese fue un punto determinante de inflexión. Íñigo Errejón reconoció que se habían equivocado.

Por primera vez desde la Transición están en juego la hegemonía y las lentejas de la izquierda

¿Cómo? ¿Que suma y sigue con lo de equivocarse, porque ahora van y apartan a Íñigo Errejón? Bueno, yo no entro en conflictos internos de otros partidos. Una de mis críticas a Alberto Garzón, precisamente, ha sido la de posicionar a IU como si fuésemos de Pablo Iglesias, cuando no lo somos. Ni de él, ni de nadie. No estamos con el PSOE ni con Podemos. Lo que queríamos era romper los diques entre las izquierdas y abrir un diálogo, que hubiese menos confrontación e incomprensión. Pero dicho esto, no entramos en conflictos internos de otros partidos, como ya he dicho.

Caza usted al vuelo la oportunidad de preguntarme qué ha pasado con Alberto Garzón, que de ser el líder mejor valorado ha pasado a ser poco menos que el hombre invisible. Bueno, yo creo que hay dos decisiones suyas que explican ese proceso. Una, el ir de repente a las elecciones en coalición, sin avisar, dejando a un millón de votantes huérfanos, sobre todo de IU. Y luego la inmersión en el grupo parlamentario de Podemos, donde el perfil de IU se perdió. Alberto diseñó una táctica de IU para situarse dentro de Podemos. ¿Entrismo a lo trotsko contra Pablo Iglesias?, me pregunta usted con desparpajo. Bueno, la idea de Alberto Garzón era situarse a la izquierda de Podemos. Y Pablo Iglesias, al ir contra Errejón, se deja de transversalismos y se come todo el espacio de la izquierda, izquierda. De tal modo que no hay manera de ser más izquierdista que él.

¿Qué es la gente que comete todos estos errores la que luego me manda a mí “a pastar” en Twitter? Bueno, es verdad que, ante unas determinadas declaraciones de Alberto Garzón yo tuiteo, “sin comentarios”, y ellos contraatacan también en Twitter: “Gaspar, vete a pastar”. ¿Que si estamos como en los tiempos en que yo me las tenía tiesas con Paco Frutos? Qué va, para estos Paco Frutos era hasta un moderado, estos ya saltan a identificarse directamente con Santiago Carrillo, pero encima mal, porque hablan de la Transición de una manera, con una falta de respeto por nuestros padres y por lo convulso que fue todo aquello… Desde luego, nadie que haya estado en primera línea de la batalla política de la Transición dice esas cosas.

Me pregunta usted si, a este paso, cuánto más de izquierda es o dice ser la gente aquí, más mala hostia (se ríe). Yo sí que he detectado, no sin autocrítica, cierta tendencia al dogmatismo y al sectarismo, a creerse en posesión absoluta de la verdad y a excluir a todos. Es verdad que en IU, después de tantas insatisfacciones electorales que la han situado una y otra vez al borde de la extinción, hay un elemento de psicología neurótica. Dentro de la propia organización no sabemos distinguir entre el desacuerdo, el enfado o la ira, podemos mantener entre nosotros mismos una relación muy poco amable.

Con los de fuera desde luego, pero con los de casa, doble ración. Ahora que se vive un cambio político y generacional en IU, resulta que esto no trae más tolerancia y pluralidad, sino menos. Nos sobran nuestros propios compañeros. Menudean las declaraciones extemporáneas, los insultos. Nos perdemos hasta el respeto.

Foto: Gtres

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¿Qué me parece esta cascada de dimisiones en el grupo parlamentario socialista? Pues a mí me preocupa y creo que a Pedro Sánchez también. Él y yo nos hemos tomado algún café. Yo creo que les conviene ser generosos en la victoria, es muy preocupante que personas relevantes como Eduardo Madina o Antonio Trevín abandonen la política. Con los dos he colaborado y los dos me parecen personas serias. Su marcha supone una pérdida para cualquier partido. Nadie es irreemplazable, pero… Y, además, queda esa terrible imagen de que no hay tregua, de que la batalla sigue.

Yo estuve cinco años sin salir al extranjero por culpa de que el FBI usara mi rostro en un cartel de Bin Laden, intenté ir a juicio en USA pero se ha sobreseído

¿Cómo dice, señorita? ¿Que este PSOE ya parece Yo, Claudio? Pues sí, la pena es eso, que las heridas siguen abiertas en el territorio, que no cesa el forcejeo entre mayorías y minorías, todo esto a la postre nos enfrenta con el problema más profundo, que es, si falta pluralismo interno en la izquierda, ¿cómo lo va a haber externo, de cara al exterior?

Es verdad que siempre ha sido difícil. La inercia del PSOE es la de actuar con la prepotencia de quien se ha sentido siempre la fuerza con mayor masa, yo soy el planeta, tú eres el satélite. Ante eso IU siempre se ha sentido disociada: una parte acusando al PSOE de traidores y la otra parte queriendo pactar. Ha sido siempre como una tensión entre el hermano mayor al que el menor le sobra, el PSOE es como Caín que si puede le pega un viaje a Abel y lo deja en la estacada. Esa lógica gravita también sobre Podemos, aunque ellos pretendan llegar nuevos y hacerse de nuevos. Lo cierto es que el PSOE teme seriamente por fin perder la hegemonía. Está de verdad en juego, por primera vez desde la Transición, la primogenitura de la izquierda. ¿Y las lentejas? También, también.

¿Que si Podemos me recuerda a mí la pesadilla del PCE? ¿Que cómo se me queda a mí el cuerpo, por ejemplo, cuando les oigo hablar de Venezuela? Mire, a mí me preocupa más cómo defienden aquello los míos que los de Podemos, que a veces la gente cuando ya no sabe qué hacer para diferenciarse y para parecer más radical, pues hala, a defender todavía más a Maduro… Yo mira que estoy muy preocupado, mucho, por la estrategia subversiva de la derecha en toda la América Latina; en Venezuela está ganando esta estrategia subversiva de la derecha, pero es que la reacción de la izquierda, tan autoritaria, me preocupa todavía más, si eso es lo que no deja de dar baza tras baza a la derecha. Sin dejar de ser solidario con la izquierda bolivariana, hay que poner algún límite. No se puede aceptar el retroceso de las libertades o de la igualdad social. No puedes eludir la realidad, la evidencia. ¡Que hay víctimas, hombre! En eso nos hemos equivocado.

Estando Baltasar Garzón y yo juntos en Actúa nos dicen que sólo nos falta un Melchor, es un chiste muy socorrido, sí…

En cambio, en el tema catalán, yo estoy mucho más con Alberto que con Pablo. Hay que decir no al referéndum, que no es verdad que sea un acto de movilización social. En absoluto. En Cataluña estamos ante una de las situaciones más complicadas que ha habido en el modelo territorial España. Lo del País Vasco fue peor por la presencia de la violencia terrorista, pero ahora en Cataluña todo es muy complicado. Ante esta iniciativa unilateral de segregación, se impone una firme respuesta legal, que no penal. Pero la ley y la Constitucion no pueden ser banalizadas, esto no es, insisto, una movilizacion ciudadana más. Están usando las instituciones catalanas para impulsar un proceso de secesión y ante eso una izquierda federalista se tiene que plantar sin ambages. Diferenciándote de Rajoy en la deriva penal, que eso además alimenta el agravio, pero sin negar la evidencia de que los secesionistas están haciendo activismo institucional como la copa de un pino, y ademas buscando reconocimiento internacional encima.

¿Qué haría yo entonces?, me pregunta usted. ¿Poner multas? Pues sí, ir por la vía civil administrativa, a deslegitimar institucionalmente. ¿Lo de rendir cuentas ante el FLA de que no se gastan un euro en el referéndum? Eso me pareció un mecanismo preventivo, un tanto discutible desde el punto de vista legal. Pedir cuentas a posteriori todavía, pero a priori… Si se niegan, ¿qué haces? ¿Cortar el grifo? Lo mires por donde lo mires, eso tiene poco recorrido.

Llegamos al fin a la turismofobia, a Arran y a la CUP: pues qué me va a parecer. Un puro oportunismo. Como lo que ha pasado en el aeropuerto de El Prat. Se aprovecha cualquier cosa para caldear el ambiente y agitar las aguas del referéndum. Como si fuera de Cataluña ni hubiera clases sociales ni problemas turísticos, como si este no fuera un problema de modelo turístico globalizado… No es un tema ni catalán ni local, no puedes usar eso para hacer gimnasia antisistema.

Apunta usted de repente que le llama mucho la atención mi sintonía con alguien como Baltasar Garzón. ¿Y eso por qué? Yo siempre me he llevado bien con él. Conoce muy bien los temas de derechos humanos, de justicia penal internacional... No siempre estamos de acuerdo, pero siempre hemos tenido una colaboración muy fluida en estos temas. Y su compromiso con la memoria histórica es admirable. Él siempre ha estado ahí en estos asuntos, como Martín Pallín. Yo siempre decía que en Madrid tenía dos agrupaciones, la nuestra de IU, donde todo eran broncas y volaban zapatos, y luego otra agrupación más cultural y profesional donde me juntaba con esta gente, donde coincidíamos en la oposición a la guerra de Irak o en la denuncia de lo del Prestige.

Por criticar los errores de Alberto Garzón, me mandaron a pastar en Twitter: si no hay pluralidad interna en la izquierda, si todo son broncas e insultos entre nosotros, ¿cómo va a ser con los de fuera?

Sugiere usted que yo tengo imagen de ser un hombre muy bueno, muy de buena fe, mientras que Baltasar Garzón siempre ha quedado más como un oportunista. Yo no tengo esa percepción, fíjese. Él ha tirado siempre para adelante, en su lucha contra ETA, en su compromiso por la paz, corriendo no pocos riesgos para su imagen, pues ciertamente le dieron leña por un tubo. Cuando se metió en todo el jaleo de la memoria histórica, alguien muy importante me dijo: "Garzón acaba de levantarle las faldas al franquismo y eso no se lo van a perdonar". Qué más puedo decir, es una persona generosa, comprometida y con convicciones.

¿Que si no me pareció un tanto raro eso de dejar de investigar el caso GAL para irse de candidato del PSOE y, en cuanto se peleó con el PSOE, vuelta a abrir el sumario de los GAL? Bueno, es verdad que en aquella época no teníamos tanta experiencia en las puertas giratorias entre la política y la justicia. Y, sin duda, Felipe González le engañó. Pero yo creo que con engaño de Felipe o sin él, Baltasar Garzón habría seguido investigando los GAL.

Hablando de puertas giratorias, me comenta usted que sólo en mi partido ha visto usted a un secretario general dejar la política para volverse a trabajar ¡a la mina!, como hizo Gerardo Iglesias. ¿Que si yo me volvería o me volveré a trabajar a la salud pública, que es para lo que me formé? Bueno, de hacerlo necesitaría cierto reciclaje, creo que a día de hoy soy mejor en el ámbito parlamentario que en el sanitario, y la Sanidad pública ha cambiado mucho desde mis tiempos.

¿Cómo veo lo de las donaciones de Amancio Ortega? Pues yo ya sabe que he sido crítico. Cuando uno hace una donación finalista está condicionando todo el modelo de la Sanidad pública. Yo prefiero que, si faltan recursos, pongamos más impuestos directos. En Estados Unidos la Sanidad es privada y patrocinada, no hay un modelo que defender, pero aquí... Hasta el Estado, cuando da dinero a las comunidades autónomas para la Sanidad, hace donaciones no finalistas. ¿Cómo dice? ¿Que tal como ha ido y está yendo todo a lo mejor la gente se fía más de Amancio Ortega que de la gestión sanitaria de los políticos? Por supuesto, por supuesto, este es uno de los desastres provocados por tanta corrupción y tanto despilfarro público, que la gente no se fía, vivimos una grave devaluación de la política. ¿Cómo lo ha definido usted, señorita? ¿Estar hasta los huevos? Sin duda ese es uno de los peores venenos para la política y para la democracia.