Hablando sobre España

García de Cortázar: "Podemos no representa la idea elevada de la democracia que sí encarnó el PCE"

"Ni el PP ni el PSOE han hecho ningún esfuerzo de cohesión nacional" / "No creo que un líder comunista italiano hubiese podido pactar con Podemos" / "En el siglo XXI las mujeres que lo quieran deberían poder ser sacerdotes".

Reportaje fotográfico: Dani Pozo

Reportaje fotográfico: Dani Pozo

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Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942) recibe a EL ESPAÑOL en nuestra Señora del Recuerdo, el colegio de jesuitas donde se hospeda durante sus visitas a Madrid. Galardonado con el Premio Nacional de Historia en 2008 y director de las fundaciones Dos de Mayo y Vocento, acaba de publicar la novela Alguien heló tus labios.

Se considera un historiador militante, y afirma sin tapujos que uno de sus objetivos es impulsar la conciencia nacional en España. Alguien heló tus labios trata de promover este sentimiento utilizando momentos claves de la Historia, como la victoria sobre Napoleón.

Sacerdote jesuita, habla con entusiasmo no solo de historia y de religión, sino también de música y de arte. En un momento de la conversación suena su móvil y podemos escuchar Sweet dreams, de Eurythmics. Aficionado a la música de los 70 y los 80, cuenta cómo hace muchos años, cuando dirigía el Aula de Cultura de El Correo, llevó a Supertramp a Bilbao.

En cuanto a política, García de Cortázar afirma que tiene gran respeto por el eurocomunismo, y dice que le entristece la unión formada por Izquierda Unida y Podemos, convencido de que Iglesias engullirá a Garzón.

En su última novela Alguien heló tus labios, al igual que en Momentos emocionantes de la Historia de España, usted narra momentos clave del pasado utilizando el sentimiento, la emoción. ¿Le parece que falta sentimiento nacional en nuestro país?

Estoy convencido. Alguien heló tus labios pretende hablar de España como realidad histórica, pero también se plantea la idea de que con la razón, las naciones no sobreviven. La razón tiene que empujar también un sentimiento de adhesión a un pasado común, a un patrimonio cultural común. El patrimonio cultural origina un patriotismo cultural. Es decir, nuestra gran tradición cultural y artística debe mover en nosotros un sentimiento de adherencia y de orgullo nacional que ahora mismo no se dan en España.

Creo que esa falta de sentimiento nacional es uno de los grandes déficits que llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo. Lo interesante es que este sentimiento sí existe en los que tratan de afirmarse como naciones independientes de España. El sentimiento nacional se promueve desde Cataluña y se promueve desde el nacionalismo vasco.

El nacionalismo catalán ha crecido gravemente en los últimos años, en gran medida debido a la crisis económica. El deseo secesionista, con argumentos a veces fraudulentos y con una Historia manipulada para insistir en esa idea de que España nos explota, ha aumentado espectacularmente. En 1977, era casi anecdótico porque además casi no tenía representación en el parlamento.

Si la crisis ha promovido el sentimiento nacional en Cataluña, ¿por qué no el sentimiento nacional español?

Quizás porque no se ha impulsado desde el Gobierno. Yo creo que en el asunto de la independencia de Cataluña, más allá de decirles que se ajustasen a la ley, que la Constitución dice esto o lo otro, se debería haber intentado promover este sentimiento de que somos uno, de que el pasado nos ha unido, de que la gran literatura nos ha unido… en el siglo XVII Lope de Vega ya se quejaba de esto. No se cantan las alabanzas de la nación, porque muchas veces se ha creído que era un sentimiento espurio que había que eliminar.

En el País Vasco, donde yo vivo y donde tuve que llevar escolta durante 11 años por defender la idea de España, si nosotros expresamos este sentimiento de adhesión a España, se nos considera de un conservadurismo atroz, se nos llama fascistas incluso. En cambio, ellos, los nacionalistas catalanes y vascos, han sabido provocar sentimientos que en el resto de España no se han provocado.

Foto: Dani Pozo

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Ya que menciona a Lope de Vega, su libro Momentos emocionantes de la Historia de España abre con una cita del dramaturgo en la que se queja de que España tiene muchas hazañas y no tiene quien las cante. ¿Ha predominado una visión negativa de la Historia española?

Sí, ciertamente. Ése es el problema. Este pesimismo, que nos ha hecho mucho daño, empieza a aparecer en las grandes realizaciones poéticas. Si tú lees ese maravilloso soneto “miré los muros de la patria mía” que está describiendo Quevedo, habla del desvencijamiento de España en un momento en el que es un país hegemónico. ¡Está a la cabecera del mundo! Nosotros nos hemos quedado siempre, en distintos momentos de la Historia, con esa idea de decadencia.

Ni el PP ni el PSOE han hecho ningún esfuerzo de cohesión nacional, pensando que ese localismo les puede dar más votos

España tiene un siglo XVI prodigioso, como no tiene ninguna otra nación, en todos los terrenos. En un momento en el que todas las naciones europeas están defendiendo el origen divino de la autoridad y los reyes, en España se habla de que la autoridad tiene que estar al servicio del pueblo.

Los españoles tienen un gran protagonismo en dos momentos históricos: en el Concilio de Trento, los teólogos españoles afirman la libertad del hombre frente a ese entreguismo total en manos de Dios de los protestantes. El otro gran fenómeno en el que España tiene un gran protagonismo socio político y cultural es el descubrimiento de América. Esto provoca una serie de reflexiones del más alto nivel sobre los derechos humanos, sobre quiénes son los habitantes de este continente, si son como nosotros y si tienen los mismos derechos.Es decir, el siglo XVI es el origen de las libertades europeas y mundiales, que ya encuentran su camino definitivo en la Ilustración.

Realmente la Ilustración no se concibe sin el gran esfuerzo que hacen los teólogos, los hombres de cultura y los economistas en el siglo XVI. Cómo no referirnos aquí a la Escuela de Salamanca, cómo no recordar a Francisco de Vitoria, ese gran creador del derecho internacional. Pues habría que decirlo, pero no lo decimos.

De usted se han referido alguna vez como “historiador militante”, ya que ha reiterado varias veces que la Historia debe ser un instrumento de cambio en el mundo.

Yo siempre he sostenido eso, aunque probablemente algunos historiadores no estén de acuerdo. La Historia debe servir para algo, debe servir para transformar. La Historia hay que hacerla desde el presente, pero no con un presentismo que olvide el pasado. El propio San Agustín ya decía que todo es el presente, porque el pasado se contempla desde el presente, y el presente es el aliento para el futuro.

¿Entonces usted intenta promover la conciencia nacional a través de la Historia?

Sí, por supuesto. Yo sí tengo una gran conciencia nacional, porque así me han educado. Así es como se forman las conciencias nacionales en Europa. Si examinamos los planes de estudios de los principales países europeos, veremos que en la escuela francesa e inglesa se trata de fomentar esa conciencia de pertenencia a un gran país. Esto en España no pasa.

La capacidad que las autonomías han tenido para regular la Historia es un fallo enorme

Hemos tenido mala suerte, porque nos hemos creído nosotros mismos la leyenda negra. Es llamativo que hispanistas extranjeros como Elliot o Hugh Thomas estén recreando ahora nuestro pasado, pero no con un sentido pesimista sino optimista. Por ejemplo sobre la colonización americana.

Efectivamente hay luces y sombras, pero hay luces impresionantes. España trasladó en los primeros años de colonización sus universidades al continente americano. Esto es excepcional. Con cualquier otra colonización esto no pasa, tienen que pasar muchos años para que la metrópolis ponga sus universidades en los países que se están colonizando.

La imagen que hemos dado de la imposición de la cruz y de la lengua española tampoco es cierta. El mapa lingüístico americano se completa finalmente a finales del siglo XIX porque la Iglesia, que es un elemento evangelizador, respeta los idiomas primitivos. La unificación en torno al español sólo se consigue prácticamente a comienzos del siglo XX.

Foto: Dani Pozo

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Hablando de educación, ¿usted cree que en las aulas hay un exceso de historia local o regional?

Ese es uno de los grandes defectos de la educación española. No hablo sólo de las manipulaciones que hacen los nacionalistas de la Historia; los localismos y regionalismos también nos impiden aceptar una visión común de la Historia de España. Destacan lo diferente de cada comunidad por ser diferente, no porque sea de calidad.

En los planes de estudio se están fomentando verdaderas barbaridades que también erosionan la conciencia nacional y hacen perder mucho tiempo a los alumnos. Ni el PP ni el PSOE han hecho ningún esfuerzo de cohesión nacional, pensando que ese localismo les puede dar más votos. Nadie se atreve a plantear una Historia común porque piensan que lo local o regional tira más.

¿Entonces usted piensa que las autonomías tienen demasiado poder en lo referente a la educación?

La capacidad que las autonomías han tenido para regular la Historia es un fallo enorme. Se ha engolfado la Historia en los hechos locales y regionales. Me parece gravísimo que en virtud de los principios regionalistas los alumnos conozcan determinados poetas regionales o locales y olviden a los grandes poetas nacionales, los grandes pintores, los grandes hechos culturales.

Yo no creo que un líder comunista italiano hubiese podido pactar con la gente de Podemos

En su libro Los perdedores de la Historia de España, publicado en 2006, usted afirma que los últimos en desempeñar este papel son las víctimas de ETA. ¿Sigue pensando esto o cree que ahora hay nuevos perdedores?

Está bien la pregunta, porque ya han pasado unos años desde que publiqué ese libro. Yo creo que actualmente los grandes perdedores son las personas que son educadas en la banalidad, en la trivialidad. Estos años se ha quebrado un cierto horizonte cultural, primero por la crisis y luego porque desde el poder no ha habido un intento de salvar los muebles, sobre todo los muebles desde un punto de vista cultural.

Yo creo que los grandes perdedores de estos años son los alumnos que no han sido educados en saber que pertenecemos a una gran cultura, sino en esta tontuna del laicismo ignorante, que no recuerda que, seas creyente o no, el hecho cristiano está presente en la idea de Europa y en la idea de la libertad.

En su Historia de España desde el arte, usted narra acontecimientos de nuestra Historia a través de sus creaciones artísticas. ¿Qué obra reflejaría la situación política que vivimos ahora?

¡Me pones en un aprieto horrible! Yo diría bastante de la obra de Goya, la que trata sobre los disparates y los enfrentamientos entre españoles, podría representar muy bien la España de ahora.

¿Qué le parece que tengamos que ir a nuevas elecciones?

Yo intento mirarlo de forma optimista. Hemos tenido una campaña electoral más amplia, los partidos a los que pensamos votar se han podido manifestar con mayor profundidad durante estos seis meses. Aunque también me parece un reflejo de esta situación que estamos viviendo de falta de liderazgo, político y moral, y del desvencijamiento que se puede percibir en la política.

Yo tengo una idea muy elevada de la democracia y no creo que Podemos la represente

¿Quién tiene la culpa de que no se haya podido formar Gobierno?

Probablemente los españoles tengamos parte de culpa. Cuando hablamos de corrupción, hay líderes corruptos porque también la sociedad es muy corrupta. Los propios españoles en general no han acertado, quizás porque no conocían bien las distintas opciones, sobre todo las nuevas. Ahora han tenido más tiempo para conocerlas mejor.

¿Qué le parece la estrategia de Podemos e IU de ir juntos a las elecciones?

Me parece tristísimo, porque realmente no tienen nada que ver. Si Izquierda Unida es el partido Comunista, uno de los grandes protagonistas de la Transición, de aquí en adelante dejará de ser el Partido Comunista para ser el partido de los otros, que los van a engullir.

Yo he tenido siempre enorme respeto por el eurocomunismo. Yo no creo que, por ejemplo, un líder comunista italiano hubiese podido pactar con la gente de Podemos. También es sorprendente que, al englobarse IU con este partido, ellos también utilizan ese eslogan de ser un partido nuevo, una política nueva. ¡No me parece que la política del Partido Comunista pueda ser considerada como nueva!

¿Cómo definiría a Podemos?

Es una especie de un todo revuelto, basado más bien en los impulsos mediáticos, en la trivialidad, en la banalidad y en los gestos que en la reflexión concienzuda. Yo tengo una idea muy elevada de la democracia y no creo que ellos la representen. Sí creo que la representó el Partido Comunista, uno de los grandes artífices de la Constitución de 78, pero no Podemos.

¿Cree que el 26-J será distinto que el 20-D?

Yo tengo la esperanza de que después de unas nuevas elecciones se pueda pactar.

¿Cómo cree que pasará a la Historia el Gobierno de Mariano Rajoy?

Yo creo que se le recordará por unos grandes esfuerzos en el terreno económico y probablemente por el detrimento del ímpetu nacional y la promoción cultural.  Le ha faltado ambición nacional y liderazgo, tanto político como moral.

Foto: Dani Pozo

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Usted ha dicho que la corrupción de nuestros políticos también es culpa en parte de los españoles.

El caciquismo está muy metido en la idiosincrasia de España. Si hay políticos corruptos es porque la sociedad misma no ha sabido implantar los mecanismos para impedirlo. Las democracias tienen que ser vigilantes, tienen que tener mecanismos. Y quizás en España no se han puesto suficientes, porque tenemos una democracia bastante joven todavía.

Si usted es ministro en Inglaterra y se lleva la cucharilla del café probablemente tenga que dimitir en el acto. En España no hemos visto eso. La sociedad española no ha tenido nunca un gran sentido público, ha tenido más sentido de lo privado.

En el siglo XXI las mujeres que así lo quieran deberían poder ser sacerdotes

Como historiador, ¿qué le parece la retirada de calles franquistas que está llevando a cabo el Ayuntamiento de Madrid?

Yo preferiría que las arreglaran y que las limpiaran antes de que cambiasen los nombres. Entiendo que si hay determinados nombres que son graves para la conciencia democrática deberían ser retirados, pero los hay también desde la izquierda que no son democráticos.

A mí me parece que las calles que han sido dadas debido a una creación artística habría que mantenerlas. Y por otro lado sorprende que en Barcelona no estén haciendo esto, cuando allí también tienen calles con el nombre de personas franquistas o que pactaron con el franquismo. Yo creo que en el 78 se trató de evitar este enfrentamiento y no veo el sentido de reavivarlo ahora.

Usted ha mencionado que vivimos en un laicismo inculto. ¿Qué quiere decir con esto?

Los estados no tienen que hacer teología, pero sí tienen que respetar los grandes hechos culturales. Me parece absurdo esta especie de anticlericalismo en la que vivimos cuando la Iglesia ya no plantea un problema para la democracia. Negar la realidad de la cultura cristiana es la máxima ignorancia.

Como ya dije antes, en el siglo XVI español, los grandes impulsores de la libertad fueron los teólogos. Negar la presencia del hecho cristiano, más allá de que seas religioso o no, en la historia española, me parece absurdo y anticultural. El protagonismo que ha tenido la religión cristiana en la afirmación de los valores, también democráticos, es innegable.

¿Cree que el papa Francisco ha acercado la Iglesia a los fieles?

Hemos hablado antes de los gestos. Yo creo que la Iglesia necesitaba símbolos, y sobre todo desde la izquierda, muchas personas han podido ser seducidas por el mensaje del papa. Yo le pediría continuamente mucha mayor realización. Responde muy bien a su condición de argentino, ese populismo que él tiene y que a muchos intelectuales no les gusta. Yo conozco intelectuales agnósticos que prefieren a Benedicto XVI.

¿Qué opina de la iniciativa del papa de estudiar la posibilidad de que haya mujeres diáconos?

Yo le diría al papa que aproveche el esfuerzo, y ya que se plantea que las mujeres puedan ser diáconos, ¿por qué no sacerdotes? Me parece un anacronismo el papel de la mujer en la Iglesia. Yo creo que hay que ser radical. En el siglo XXI las mujeres que así lo quieran deberían poder ser sacerdotes.

Foto: Dani Pozo

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