Geografía de un gourmet

Cola para comer en Londres

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Son las 13.45 de un sábado de principios de abril cuando mi acompañante y yo llegamos al restaurante taiwanés Bao, en el corazón del barrio del Soho en Londres. Y nos encontramos con una larga cola de clientes deseando entrar. A mí no me importa hacer cola si es para el concierto de algún artista del que soy fan. La espera forma parte de mi ritual, ese momento previo de máxima ilusión. ¿Por qué no también para comer rico? Mi acompañante es más impaciente. Prefiere que yo haga la cola y unirse en el último momento. Pero esta vez se queda. Al fin y al cabo hace tiempo primaveral.

“¿Todos hacéis cola para este sitio?”, nos preguntan los sorprendidos viandantes que pasan cerca de Convent Garden. “Debe de ser muy bueno”, musitan medio burlándose de nosotros. En realidad, se trata de una de las tendencias que causan furor en Londres: los pequeños restaurantes muy populares que no aceptan reservas. El primero que llega, se queda con el sitio. Así maximizan el uso de su espacio y se garantizan estar siempre a tope. El Bao tiene sólo 32 plazas. Las colas son el único inconveniente.

El interior del restaurante Bao.

El interior del restaurante Bao.

Es el extremo contrario de los locales de moda en los que sólo se puede conseguir mesa con varios años de antelación. Y mucho menos frustrante para los foodies como nosotros. Para comer, basta con un poco de paciencia o con ir a deshoras. Sin tener que pelearse con horribles sistemas de reservas.

Mientras esperamos (admito que en el frío y lluvioso invierno londinense esto debe de ser mucho menos tolerable), la camarera sale y nos entrega un papelito con la carta para que vayamos decidiendo. Tenemos que marcar con un lápiz los platitos que queremos pedir. Hay una veintena para escoger y el más caro cuesta 7,4 euros. Por supuesto, la factura engorda si quieres probarlos todos, como hacemos siempre nosotros. Gajes del oficio. Uno de los primeros entrantes es la vieira, presentada en su concha.

La vieira en su concha.

La vieira en su concha.

La espera ha durado unos 40 minutos y comemos ya a hora española. El interior del Bao, con predominio de madera, recuerda a la sobriedad y el minimalismo del interiorismo japonés. De ser un antiguo puesto callejero de comida, se ha convertido en restaurante de moda desde que abrió hace un año. Platos tradicionales taiwaneses pero con otra vuelta de tuerca. Mis entrantes favoritos son la berenjena, muy ahumada y sabrosa, y los nuggets de manitas de cerdo, crujientes por fuera y gelatinosos por dentro. También nos encanta la morcilla con yema de huevo.

La morcilla con yema de huevo.

La morcilla con yema de huevo.

De bebida pedimos cerveza taiwanesa y un cóctel de ginebra, yuzu y limón. Los camareros, de blanco quirúrgico, son atentos y eficaces. Quizá la única pega es que no dan tregua, traen todos los platos demasiado rápido y nos desbordan. Está claro que no quieren que nos quedemos mucho rato. “Estos chicos han venido aquí a hacer fotos en lugar de a comer”, dice a la camarera nuestro vecino de barra, medio en broma y medio en queja. El plato favorito de mi acompañante es el especial del día, corazones de pato. Nos pierde la casquería. Más entrantes recomendables: la ternera curada con salsa de soja blanca o el arroz de pintada.

El arroz con pintada.

El arroz con pintada.

Pero como no podía ser de otra manera, el plato estrella son los bao, los deliciosos mini bocadillos al vapor taiwaneses: clásico, de cerdo confitado, de pollo empanado, de espalda de cordero, de rábano japonés e incluso de helado para postre. Impresionantemente ricos. Para los que tenéis paciencia, muy aconsejable. La espera vale la pena.

El bocadillo al vapor clásico.

El bocadillo al vapor clásico.

Restaurante Bao. 53, Lexington Street, Londres. Cocina taiwanesa. Precio: 131 euros para dos personas (con cerveza y cóctel). Visitado el 3 de abril.

http://baolondon.com/