La tribuna

Así es Francisco: el hambre, tan pecado como el aborto

Juan Rubio
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Pocas novedades contiene la carta 'Misericordia y Amor' con la que el papa Francisco clausuraba el Año Santo de la Misericordia. Todo lo escrito ya lo ha dicho muchas veces y lo repetirá aun más. Si acaso una novedad practica que ya se esperaba y es la autorización para que los sacerdotes puedan “para siempre” absolver el pecado de aborto, antes reservado solo a los obispos. Es un paso más en su tarea renovadora que se suma a otros recientes como el decreto que pedía para agilizar, suavizar y resolver las nulidades matrimoniales, abriendo con ello una puerta para que los divorciados vueltos a casar, puedan recibir la comunión y no se sientan “excomulgados”. Son reformas que avanzan más en el ámbito de lo personal que institucional.

Es ahí, en la reforma institucional de la curia en donde a Francisco le ponen palos en las ruedas, especialmente en lo que ya se conoce como el núcleo contrario al papa y que “salió del armario” hace un año después de una entrevista personal que pidieron al papa emérito Ratzinger un grupo de cardenales para expresar sus quejas por las reformas de su sucesor. Benedicto XVI los escuchó en silencio sonriente. Al acabar marcó en su teléfono el número del móvil de Bergoglio y le dijo: “Santidad han venido a verme unos cardenales quejosos con el papa. Les he dicho que no soy yo el papa. Si quiere se los paso y que hable con usted” . Sonrojo y estupor; se rompió la línea y creció el bloque anti Francisco.

Es ahí, en la reforma institucional de la curia en donde a Francisco le ponen palos en las ruedas, especialmente en lo que ya se conoce como el núcleo contrario al papa

Vuelvo a lo que considero lo más importante y clave de futuro en la carta del Papa. Son dos cosas. Por un lado el tono y el estilo propositivo y no de condena de sus palabras. Por otro lado, las notas a pie de pagina que muestran las fuentes en donde bebe para expresarse. En las notas de pie de pagina hay mucho silencio y omisiones al canon 1398 del Código de Derecho Canónico de 1983, tan duro con las penas a quienes abortan. Faltan referencias al lenguaje duro sobre el aborto en el magisterio de Juan Pablo II y de Ratzinger. Las notas son textos de los primeros cristianos y del evangelio. Insisto que el contenido es una repetición y resumen de lo tantas veces dicho. Y un subrayado que resume la carta al decir que, aunque se cierre esta puerta simbólica, es “el momento de abrir puertas y dejar paso a la fantasía de la misericordia”El texto de la carta continúa manteniendo la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el aborto cuando dice: “El aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente”, pero añade que “no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir”. Y se atreve a señalar otros pecados graves contra la dignidad de la persona tan graves como el aborto y que cometen los responsables de quienes consienten el hambre y la sed del mundo, especialmente entre los niños, la emigración forzada, la situación denigrante de tantos enfermos y ancianos, los encarcelados en lugares inhumanos y todas aquellas situaciones, que, como el aborto, atentan contra la dignidad inviolable de la vida humana.

“El aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente”, pero añade que “no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir”

Leyendo la carta he recordado cómo me respondió en octubre de 2012, durante un paseo disfrutando de la primavera austral, el entonces cardenal de Buenos Aires, Bergoglio, cuando le pregunté cómo veía a la Iglesia en ese momento. La respuesta la resolvió poniéndome este ejemplo: Cuando unos padres dan permiso a su pibe para salir con los amigos de fiesta , pero hasta las doce de la noche, cuando no ha vuelto a las tres de la madrugada, indignados lo esperan para regañarle y anunciarle los castigos por la desobediencia. Se oye abrir la puerta ya de madrugada y vieron entrar al hijo con la cabeza vchorreando sangre y el cuerpo magullado. Lo primero que hicieron fue llevarlo al hospital ara curarlo y dejar la regañina, si acaso , para más tarde”. Y al acabar su respuesta soltó una de esas sus carcajadas argentinas diciéndome. “Así veo yo a la iglesia, muy preocupada por regañar y poco por curar heridas". Lo más importante de la carta es su estilo.

*** Juan Rubio es periodista y sacerdote.