La tribuna

Por qué fue decepcionante la comparecencia de Guindos

Del fracaso y de Guindos en el Congreso

Ilustración

El pasado martes, Luis de Guindos, ministro de Economía en funciones, tuvo una comparecencia complicada en el Congreso. Las complicaciones venían incluso por el propio foro de comparecencia. La mayoría del Congreso quería que las explicaciones fueran en un pleno monográfico sobre la propuesta, fallida, de nombrar al ex ministro Soria como director ejecutivo del Banco Mundial, mientras que el Gobierno sólo quería una comparecencia en la Comisión de Economía, aprovechando que el ministro había solicitado comparecer para explicar la situación del déficit público.

Sobre la posición de Ciudadanos, que había apoyado la comparecencia en un pleno monográfico, y que también apoyó la comparecencia en comisión, ha habido muchas críticas. En realidad, tampoco había muchas opciones: el lunes, el presidente de la Comisión, del PP, convocó la comparecencia para que el ministro explicase al día siguiente la cuestión del déficit a petición propia. Así las cosas, si la mayoría de la Comisión no lo citaba también para que explicase el caso Soria, el ministro saldría del Congreso sin tener que dar cuenta de este tema, pudiendo encima presumir de que la Cámara se negaba a escucharle.

Ante esto, el "no" a todo iba a impedir obtener alguna explicación en el Pleno, puesto que si se convocaba, es seguro que nadie del Gobierno asistiría. En general, la negativa a todo sin una alternativa viable no suele servir para nada, aunque a Podemos y al PSOE no se lo parezca.

El martes,  el ministro de Economía certificaba la peor ejecución presupuestaria que se recuerda en España

Creo que fui el único diputado que formulé preguntas escritas al Gobierno sobre la propuesta de nombramiento de Soria como director ejecutivo del Banco Mundial. Decir que a mí y a mi grupo el nombramiento nos despertaba todas las dudas es ser muy suave. Sin embargo, en términos prácticos, en la medida en que el interesado renunció al puesto a petición del Gobierno, la respuesta estaba muy clara: José Manuel Soria no debía ser el candidato idóneo para ostentar la máxima representación de España en el Banco Mundial.

Ahora bien, la segunda parte de la comparecencia era mucho más relevante, aunque tuviese mucho menos interés mediático. En ella, el ministro de Economía en funciones reconocía que España no iba a alcanzar el 4,6% de déficit pactado con la UE si no se aprobaba un Real Decreto que endureciese el Impuesto de sociedades y que exigiese a las empresas, en consecuencia, que adelantasen 6.000 millones de euros. Si no estaba en vigor el 15 de octubre, España se enfrentaría al posible pago de una multa de 5.000 millones de euros que sería muy complicado evitar. Por otra parte, ese mismo 15 de octubre el Gobierno en funciones enviaría a Bruselas un escenario presupuestario basado en la prórroga de los Presupuestos del Estado. Evidentemente, este escenario no cumpliría el objetivo de déficit del 3,1%.

Las implicaciones de todo esto son muchas. En primer lugar, el ministro de Economía certificaba la peor ejecución presupuestaria que se recuerda. Es sabido que los Presupuestos Generales de 2016 pretendían conseguir un objetivo de déficit del 2,8%. Ahora, si no se recaudan los 6.000 millones de euros del Impuesto de sociedades, acabaríamos con un déficit del 5,2%. Esto quiere decir que tendríamos una desviación de más de 25.000 millones de euros.

La situación demuestra que los ciudadanos y las empresas han hecho sus deberes pero que Hacienda ha fallado

Además, esta cifra supone asumir que con un crecimiento del PIB superior al 3% no se reduce el déficit sino que aumenta. Sin embargo, con un crecimiento económico tan fuerte, deberían incrementarse los ingresos por todos los impuestos y cotizaciones, y debería reducirse el pago por prestaciones por desempleo. Pues bien, con todos estos elementos a favor -derivados en buena medida de factores externos, como el bajo precio del petróleo o la política monetaria expansiva del BCE-, no conseguimos reducir el déficit. Eso significa que los ciudadanos y las empresas han hecho sus deberes, pero Hacienda no.

Hay dos cuestiones que destacar: por una parte, la previsión de ingresos ha sido un absoluto desastre. Por ejemplo, en 2015 se recaudaron cuotas de Seguridad Social por unos 100.000 millones de euros. Los ingresos por cotizaciones estaban creciendo al ritmo del 1,3%. Sin embargo, el Gobierno del PP previó para 2016 unos ingresos por cotizaciones de 117.000 millones de euros. Estas previsiones, que parecían encargadas a Antoñita la Fantástica, parece que no se van a cumplir y van a dejar un agujero brutal en las cuentas de la Seguridad Social. Esto nos deja el Fondo de Reserva bajo mínimos, y además, nos lleva a incumplir el déficit. Algo parecido, aunque a menor escala, ha ocurrido con el IRPF. Se veía venir desde hace mucho, de hecho yo ya lo comenté en mi primer artículo en EL ESPAÑOL en agosto del año pasado.

Lo del Impuesto de sociedades es bastante más grave. No sólo la previsión ha sido un desastre, es que la reforma del PP ha sido un completo fracaso. En los Presupuestos, se preveía un incremento del 10%, y de momento llevamos una caída del 85%. Como expliqué con más detalle hace unos meses en mi blog, a este ritmo íbamos a acabar el año con 10.000 millones de euros menos de recaudación. Esto tiene particular mérito, porque las empresas españolas están ganando más dinero que nunca.

Necesitamos reformar un impuesto que permite unas tasas efectivas de tributación ridículas de las grandes empresas

En el primer trimestre de este año, por ejemplo, las empresas ganaron 74.620 millones de euros (suma de los resultados contables positivos de las empresas que facturan más de 6 millones de euros). Este resultado es un 10,1% más que el año pasado y el resultado récord absoluto de la serie histórica. Eso sí, estos resultados récord pagaron la tasa efectiva más baja de la historia, el 4,7%. Nunca las grandes empresas, y especialmente los grandes grupos consolidados, ganaron tanto dinero, y nunca pagaron tan pocos impuestos sobre sus beneficios.

Ante esto, necesitamos mejorar la lucha contra el fraude, pero sobre todo necesitamos que nuestro sistema fiscal transforme el crecimiento económico en más recaudación y no en menos. Desde Ciudadanos creemos que antes de exigir más impuestos a los contribuyentes honestos, incluyendo a las grandes empresas que han visto caer drásticamente su factura fiscal, es imprescindible exigir el cumplimiento de las leyes a los defraudadores. El PP debería cumplir especialmente el compromiso alcanzado con Ciudadanos de exigir el 10% efectivo a los defraudadores de la amnistía fiscal, haciendo valer el Real Decreto Ley de amnistía fiscal.

Además, no podremos cumplir el déficit si el Impuesto de sociedades recauda menos que nunca. Necesitamos reformar en profundidad un impuesto repleto de agujeros que, como se ha visto, permite unas tasas efectivas de tributación de las grandes empresas simplemente ridículas. La reforma del PP en este ámbito no ha solucionado nada y ha agravado los problemas. No es sólo una cuestión aritmética, sino también política: no podemos explicarle a los ciudadanos que habrá recortes y subidas de impuestos sólo por la incapacidad de obtener un mínimo de recaudación de las grandes empresas. Bueno, yo por lo menos, me negaría a hacerlo.

Lo peor es que el parche a la desastrosa reforma del Impuesto de sociedades lo redactarán los mismos autores del fiasco

Seguramente no quede más remedio que incrementar los pagos fraccionados de las empresas, pero eso sólo será un parche para este año. El año que viene habrá que devolver el dinero. Si eso se mantiene en vigor, el efecto total será cero. Y el año que viene hay que reducir el déficit en 15.000 millones de euros. Lo peor de todo es que el Real Decreto para parchear la desastrosa reforma del Impuesto de sociedades lo tiene que redactar el mismo Ministerio de Hacienda responsable de este gran fiasco.

Esto es lo que le conté el martes al ministro y a los pocos diputados y periodistas presentes en la Comisión de Economía. Finalmente, Luis de Guindos señaló que estaba de acuerdo conmigo, y que era imprescindible una reforma en profundidad del Impuesto de sociedades. Es un detalle que le honra, especialmente después de haber recibido duras críticas en una comparecencia muy complicada.

Eso sí, francamente me hubiese gustado estar equivocado, porque lo importante de la comparecencia de Guindos en el Congreso no era que el nombramiento de Soria era un error. Eso ya estaba certificado con su renuncia. Lo que también han sido errores mucho más graves han sido los Presupuestos de 2016 y la reforma del Impuesto de sociedades. Esto es lo que certificó el ministro en el Congreso. Y no va a ser tan fácil de arreglar como el caso Soria.

 *** Francisco de la Torre Díaz es diputado de Ciudadanos y presidente de la Comisión de Presupuestos del Congreso.