La tribuna

Lo que Sánchez podría responder a Rivera

Lo que el compañero Sánchez podría responder al compatriota Rivera

Ilustración

  1. Debate de Investidura
  2. Investidura
  3. Acuerdo PSOE-Ciudadanos
  4. Ciudadanos
  5. PSOE

Leí con atención la tribuna que nos dirigiste “a mis compatriotas socialistas” tras exponer tus condiciones a Rajoy. Como en Ciudadanos habíais decidido ponerle fácil la investidura cambiando por segunda vez vuestra posición (ya de entrada le habíais entregado la abstención, contra lo prometido en campaña), nos pedías al PSOE “sentido de Estado” regalando nuestra abstención, sin que el PP hubiera aún puesto sobre la mesa ninguna propuesta.

Podría responder agradeciéndote algunos elogios que me dedicas por nuestro Pacto de El Abrazo, corresponder dándote la razón en algunos argumentos, contradecir muchos otros, criticarte en algo sin ir demasiado de frente, y acabar reiterando solemnemente mi postura. O podría ponerme más duro contigo y reprocharte haber propuesto blanquear a Rajoy a cambio de unas condiciones fáciles, otras inevitables y otras que no dependería solo de él cumplir. O adoptar un tono de amigable consejo para explicar que un ultimátum al principio y no al final de una negociación (como sí hizo Ciudadanos con el PSOE en febrero) os ha puesto en sus manos, ya que difícilmente podréis exigir nada más sin parecer caprichosos, lo que prueba quizá la displicencia con que el PP os ha respondido.

Podría devolver la pelota de esta u otras maneras para seguir enrocado en “ni Rajoy, ni el PP ni terceras elecciones”. Pero no valdría de nada. Sería un pirueta más en este juego vano (sinónimo a la vez de vanidoso e inútil) en que hemos convertido la política. No es que me rinda ni siquiera que me acompleje ante mitos como el de “recuperar el espíritu de la Transición”. Esto viene de lejos y no ocurre solo en España, por mucho que nos castiguemos a veces diciendo que “solo podía pasar aquí”.

Los errores que hemos cometido no son comparables al secuestro de las instituciones de Rajoy

Menos aún acepto el populista estribillo de “todos los políticos son iguales”. Los errores que hemos cometido otros no son comparables al secuestro de las instituciones al que ha llegado Rajoy poniendo en duda si se presentaría a la investidura para acabar desembocando en el chantaje de culpar a otros de que las elecciones pudieran ser en Navidad. No es la primera vez que debilita profundamente nuestro orden legal por conveniencia electoralista. Y no me refiero al modelo socioeconómico o educativo en el que también discrepamos sino a iniciativas que directamente comprometen el respeto a los derechos humanos o el adecuado equilibrio entre poderes.

Es el caso de varios artículos de la Ley de Seguridad Ciudadana, de otros de la Ley de Seguridad Nacional que facultarían al Gobierno para esquivar a las Cortes Generales ante un conflicto con las autoridades de una comunidad autónoma, mientras que el ejecutivo de Rajoy ha eludido su responsabilidad en el conflicto en Cataluña con injerencias a los fiscales o con una reforma unilateral del Tribunal Constitucional.

Que Rajoy se comporte como un golpista con la aquiescencia de su títere Pastor es culpa suya

Que Rajoy se comporte como un golpista con la aquiescencia de su títere Pastor es exclusiva culpa suya, con la complicidad de quienes en el PP giran la cabeza creyendo que ya se regenerarán mejor sin prisas o directamente solo piensan en que disfrutar del botín del poder bien vale la indignidad de los medios para lograrlo. Pero asumo mi parte de responsabilidad en que los españoles estén tan intoxicados de demagogia que no resulta fácil ver que el comportamiento de Rajoy es de una naturaleza mucho más grave que el “y tú más” habitual en que estamos enfangados.

Dijiste con razón, Albert, que alguien tenía que ceder para desbloquear la situación. Creo que pretendiste tomar una iniciativa generosa con España, aunque esté también alineada con lo que puede convenir electoralmente a Ciudadanos. Pero las buenas intenciones no bastan para acertar, así que mal empezamos cuando en la petición que nos hacías a los socialistas indicabas que Rajoy no es “el adecuado para liderar la nueva etapa”. Tampoco entiendo cómo aceptas que el presidente del primer partido imputado por corrupción sea el garante de un pacto donde se exige se aparten los imputados por ese delito.

Yo defiendo y defenderé que el PSOE siga rechazando a Rajoy, porque no me convence que urja confirmar como líder del ejecutivo para que pueda presentar las cuentas públicas a Bruselas a quien como presidente en funciones se permite mentir a los españoles y a la Comisión Europea con los datos del déficit, y toma decisiones presupuestarias tan severas como cerrar en julio (y avisando a los funcionarios con solo cuatro días) todas las decisiones de gasto público para 2016, algo inédito en nuestra democracia.

Lo mejor que podemos hacer los socialistas es condicionar las aspiraciones de gobierno del PP

Sería fácil reprocharte el haberte entregado al peor conservadurismo que encarna Rajoy, pero prefiero volver a tenderte la mano para que sigamos compitiendo y cooperando por el centro. Es más, te deseo suerte en la negociación que tenéis estos días con el Partido Popular. Me resultaría más cómodo que fracasaseis para evitarme la presión de que Rajoy llegue hasta los 169 síes en la investidura, pero creo que a España le viene mejor que lleguéis a un acuerdo para que así pueda comprobarse qué terreno de entendimiento programático podría haber entre el PP, PSOE y Ciudadanos, cruzando nuestro Pacto del Abrazo con el que firmarais ahora.

Sobre esa base, reuniré a mi Comité Federal el 3 de septiembre y pediré un mandato para negociar una abstención con un candidato digno de centro-derecha, distinto de Rajoy y de quienes le deben toda o casi toda su carrera política. Personalmente, defenderé que sea un “político” (no confundir con un “político profesional”), es decir, alguien que se conozca cómo piensa porque se haya atrevido a expresarse e implicarse en política. Sería una abstención que daría valor a los votos del PSOE, porque sería valiente y valiosa. Ya que los españoles por dos veces nos han impedido a los socialistas formar gobierno sin recurrir a quienes proponen no reformar la Constitución sino forzarla, lo mejor que podemos hacer no es animar al PP a buscarse malos socios, sino condicionar útilmente sus aspiraciones de gobierno.

Está pues en nuestra mano exigir límites al programa de investidura y también que el candidato no sea Rajoy. No se trata de cobrarse simbólicamente una pieza, sino de apartar del gobierno a quien tan deslealmente lo está ejerciendo. Pero si alguien necesita saciar su sed de venganza con un intercambio de peones, quede claro que ni intentaré mi investidura ni me presentaría a unas terceras elecciones, porque considero que ninguno de los 350 diputados actuales deberíamos volver a sentarnos en el Congreso tras dos legislaturas fracasadas.

Si hay terceras elecciones y son el 25 de diciembre será solo achacable de Rajoy y Pastor

Si el Comité Federal no me apoyara, dimitiría y quedaría pues convocado el aplazado Congreso del PSOE, que se celebraría a principios de noviembre, pero con una elección de un nuevo secretario general a mediados de octubre, que habría ocasionado un debate de ideas y personas que permitiría fijar posición respecto a la eventual investidura antes de agotarse el plazo previsto. En cualquier caso, quedará claro que el PP es el único partido que está atrapado por un presidente y candidato que se perpetúa sin ni siquiera convocar los órganos previstos para ser reelegido.

Pero, aunque me fuera, hay un último servicio que querría ofrecer a los españoles desde el PSOE y al que me gustaría especialmente que os sumarais desde Ciudadanos: evitar la amenaza de que si hubiera terceras elecciones fueran a caer en Navidad, aunque la culpa solo sea de Rajoy y Pastor. Prueba de su mala voluntad es que hayan querido utilizar vuestro ofrecimiento de negociación como una coartada pero, como les llegó antes de tiempo, se permitieron burlaros pidiendo una semana de reflexión para negar después que hubiesen tenido que analizar vuestras condiciones.

Sin ese inútil periodo, un posible gobierno llegaría una semana antes y unas eventuales elecciones serían el 18 de diciembre. Por si no fuera poco, se permiten la cínica desfachatez de culparme a mí o a cualquier otro de que pudiéramos volver a las urnas en Navidad. Si hay terceras elecciones, será culpa de todos –en proporción al número de escaños con los que cada partido no hemos sabido hacer posible un acuerdo–; pero que sean el 25 de diciembre sería solo culpa de Rajoy y Pastor.

En política hablamos poco de planes B, temiendo que reconocer la posibilidad del fracaso contribuya a provocarlo. Debiera valorarse más ser precavido; tener claro el orden de preferencias es además la base para negociar, partiendo de intereses y nunca de posiciones. Así que Rajoy y Pastor no pueden escudarse en que su único objetivo es formar gobierno para desentenderse de cuándo caería una repetición de elecciones. Leyendo la advertencia de este periódico, Paxti López decidió adelantar la fecha anunciada para mi debate de investidura para que cayera en domingo la vuelta a las urnas que no deseábamos pero acabó llegando.

Para evitar unas elecciones en navidades vamos a presentar a una reforma para acortar la campaña

Desde el PSOE queremos dar ejemplo de que mucho más importante que buscar culpables es encontrar soluciones, así que para evitar a los españoles la inconveniencia de unas elecciones en navidades, vamos a presentar una proposición de reforma de la ley de electoral para acortar una semana la campaña. Aún sería posible abreviar más los 54 días entre la convocatoria y la jornada electoral heredados de una regulación previa a esta era digital, pero eso requiere un estudio más sosegado y técnico con especialistas, mientras que reducir la campaña exige solo un acuerdo entre las fuerzas políticas.

Estaríamos encantados que la propuesta sea conjunta con cualquier otro partido, pero solo esperaremos a mañana para registrarla porque no queremos pecar de ingenuos: sabemos que el plazo está muy justo (aun recurriendo a la lectura única y trámite de urgencia) y queremos evitar que el Gobierno y el Senado pudieran bloquearla solo alargando los plazos para pronunciarse.

Para que resulte aprobada será necesario una mayoría absoluta del Congreso. Ya no me haré ilusiones en que ese resultado pudiera haber prefigurado un gobierno encabezado por mí después de perder dos veces las elecciones, pero sí estaré muy orgulloso de haber contribuido a que mi centenario partido esté entre los pioneros de un pacto transversal que inauguraría una “buena nueva política”.

*** Víctor Gómez Frías es profesor en ParisTech y militante del PSOE.