El rugido del león

Cuando un golpe de Estado es sofocado por Twitter

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Qué gran paradoja que un enemigo declarado de las redes sociales como Tayyip Erdogan recurriera a ellas cuando se vio sorprendido por el golpe de Estado y constató que los rebeldes se habían hecho con el control de la radio y la televisión públicas. El presidente turco ya ha pasado a la historia como el primer dirigente de un país que tuitea contra una sublevación militar. "Llamo a nuestra nación a ir a aeropuertos y plazas para defender nuestra democracia y nuestra voluntad nacional", escribió en Twitter. También subió un vídeo a través de FaceTime con su llamamiento a los ciudadanos.

El intento de golpe de este viernes es el primero retransmitido por las redes sociales. Podría decirse por ello que es, plenamente, el primer golpe de Estado del siglo XXI, en el que internet ha desempeñado un papel crucial. Ha tenido lugar además en un país del peso y la importancia geoestratégica de Turquía, con 80 millones de habitantes, miembro de la OTAN y socio clave de la Unión Europea.

Causas del fracaso 

Una de las causas que explican el fracaso de la sublevación es que fue retransmitida al instante por las redes sociales. Eso permitió a la población saber cuál era la situación en todo momento y en tiempo real, e incluso organizarse para combatir el golpe. La gente pudo ver a través de los móviles no sólo los tuits de Erdogan, sino a él mismo vivo, animando a tomar la calle. Sus simpatizantes se lanzaron a las principales plazas y se enfrentaron a los tanques en Ankara y Estambul. Ahí se desinfló la asonada. Hay que tener presente que Erdogan ganó las elecciones con mayoría absoluta hace sólo ocho meses y que su grado de popularidad es enorme.

Turquía atesora una larga experiencia golpista como consecuencia de tener un Ejército que ha funcionado tradicionalmente con independencia del poder civil. En la mitad del siglo XX no hubo una sola década en el que no se escuchara ruido de sables: lo hubo en 1960, en 1971, en 1980 y en 1997. Quizás los promotores de esta última rebelión no tuvieron en cuenta la existencia de un factor nuevo: las redes sociales. Se ha demostrado que han restado poder a los militares y se lo han entregado a los ciudadanos. Bien podemos decir que los golpes de Estado no volverán a ser lo mismo tras la experiencia de Turquía.

La recomposición

Ahora habrá que ver cómo se recompone el país tras una convulsión que ha sacudido los cimientos del Estado y que se ha saldado con más de 260 muertos. Con Erdogan en el poder hace más de una década, el país ha experimentado un notable crecimiento económico a la par que un deterioro en la calidad democrática. Islamista moderado y conservador, Erdogan ha recortado libertades, ha hostigado a la oposición y ha tratado de depurar el Ejército. Ahora tiene la excusa perfecta para terminar esa labor con mano de hierro y reforzar sus poderes. Sin embargo, nada hace presagiar que impulsará una sociedad más abierta, aun cuando uno de sus instrumentos, las redes sociales, le han salvado a él.

Lo último que le interesa en estos momentos a la UE, crítica con algunos de los desmanes autoritarios de Erdogan, es un nuevo foco de inestabilidad. Con un pie en Europa y otro en Asia, Turquía es fundamental para la seguridad del continente. La amenaza permanente del terrorismo yihadista y la crisis de refugiados son argumentos que invitan a Bruselas a prestar apoyo y colaboración al Gobierno de Ankara. Y ello por más que este sábado en Turquía haya sido trending topic el lema "quiero la pena de muerte". Su abolición, en 2002, fue un guiño del Gobierno turco para llamar a las puertas de la UE.