Un carnívoro cuchillo

Las pateras del CNI

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El Gobierno acaba de comprometer 60 millones de euros para renovar y modernizar el Centro Nacional de Inteligencia, el CNI. El general Félix Sanz anunció recientemente el fichaje de “500 espías más”. No se buscan tanto Mataharis o Jamesbonds como matemáticos, ratas de internet, expertos en nuevas tecnologías. El mundo de la inteligencia deviene más y más virtual, con feroces batallas invisibles que pueden consistir antes en tirar abajo toda la red eléctrica de un país que en declararle formalmente la guerra.

Es bueno tener ciberejército. Más que nada para cambiar cromos con otros ciberejércitos amigos o no tanto. Pero en los servicios de inteligencia a veces sobra tecnología -bueno, o más que sobrar, igual es que no siempre saben qué hacer con ella- y falta sentido común. Un alto cargo del CNI me deslumbra con una confesión genial: me asegura que “la Casa”, como la llaman ellos o por lo menos algunos, es la orgullosa propietaria de una impresionante flota de pateras, de un parque móvil náutico que para sí habrían querido los turcos que se fajaron con Juan de Austria. ¿Y por qué tiene el CNI tantas pateras? Pues porque una de las maneras más simples y tajantes de evitar que estas se usen para transportar seres humanos en condiciones ilegales y de extremo peligro es retirarlas de la circulación. Ir directamente al astillero donde se fabrican y comprarlas todas, o todas las posibles. Como la revista Hola cuando compraba fotos de Diana de Gales en topless para que no vieran la luz jamás. Pues es el mismo sistema, aunque por causas de fuerza infinitamente más mayor.

O como cuando se pagan rescates de periodistas, cooperantes, etc., secuestrados en zonas calientes y de guerra. El gobierno nunca admite haber pagado por nadie para no dar ideas y, atención, porque a veces el reino de la chapuza juega inesperadamente a favor: ha llegado a ocurrir que se deposite tal millonada por tal rescate en tal sitio, que suelten al rehén, le recibe la vicepresidenta a pie de avión con los familiares y con gran fanfarria, vas a los quince días y la millonada del rescate sigue en su sitio. Vete tú a saber cómo y por qué. El caso es que la vuelves a coger y la vuelves a meter dentro del sobre de los fondos reservados del CNI, que ahora mismo parece una hucha bastante más saneada que la de la Seguridad Social.

Idea inquietante: para que algo funcione con un mínimo de eficacia, ¿es bueno que se militarice? Tantos golpes de mano armada como está habiendo en el mundo contra otros tantos regímenes oficialmente civiles y a la vez profundamente entregados a la religión y al islam, ¿significan algo? A ver si al final tendremos que dar usos inesperados a las pateras del CNI…