El merodeador

No es sentido de Estado, es guerra por el poder

El PSOE libra ya la primera gran batalla por el liderazgo a cuenta de su abstención en la investidura de Rajoy. En lugar de reivindicarse como el partido que va a desbloquear España y que evitará la repetición de elecciones, los barones se enfrentan a cara descubierta ante la insistencia de la comisión gestora de imponer la disciplina interna en el grupo parlamentario. El tono y la intensidad de la refriega son indicativos de que el PSOE no dirime sólo el modo en que los diputados se tragan el sapo de permitir que Rajoy sea presidente, sino que existe una guerra de desgaste de cara al próximo congreso extraordinario. 

De hecho, la escalada de hostilidades que este lunes ha vivido el PSOE no se entiende sin el mensaje que fijó Pedro Sánchez en su cuenta personal de Twitter tras conocer el resultado de la votación del Comité Federal del domingo: "Pronto llegará el momento en que la militancia recupere y reconstruya su PSOE. Un PSOE autónomo, alejado del PP, donde la base decida", puede leerse.

Ruptura con el PSC

La dirección interina del PSOE, la vieja guardia socialista y Susana Díaz insisten en que todo el grupo parlamentario debe acatar una decisión que levanta ampollas en el PSC, mientras Miquel Iceta reúne este martes a su ejecutiva para ratificarse en el "No es no". El secretario general de los socialistas catalanes, apelando a la autonomía del PSC como 'partido hermano' del PSOE, ha propuesto reconsiderar el marco de relaciones entre ambos. Y Rodríguez Ibarra, Fernández Vara, García-Page y los socialistas andaluces le han tomado la palabra y han salido en tromba para alentar la ruptura definitiva con alusiones gruesas al poco tirón de Iceta.

Por si esto fuera poco, los secretarios generales de Baleares, Madrid, País Vasco, La Rioja, Navarra, Castilla, Ceuta y León y Murcia han desafiado el mandato de la gestora al pedir en una carta conjunta una abstención técnica de 11 diputados: sólo los imprescindibles para que Rajoy saque adelante su investidura. La aparición en escena de Josep Borrell, que se deja querer y ya cuenta con una plataforma de apoyo en Twitter, añade más tensión a la crisis.

Socavar a Sánchez

Sólo la pugna por el liderazgo permite explicar por qué los socialistas se afanan en ahondar en su división. Susana Díaz, que sabe que nunca tendría el respaldo de los socialistas catalanes a su candidatura, quiere romper amarras con el PSC para socavar las opciones de Pedro Sánchez o cualquier otro aspirante a disputarle el liderazgo del partido. Y los barones no alineados con la presidenta andaluza quieren poner en evidencia la debilidad de la dirección interina que ella dirige bajo mano.

El PSOE podría haber utilizado su abstención en la investidura de Rajoy para reivindicar su sentido de Estado, pero todo estos movimientos tácticos demuestran que es rehén de sus luchas internas por el poder.