La viñeta de Tomás Serrano con la que acompañábamos este lunes nuestro editorial, en la que se ve una pequeña avioneta exhibiendo una estelada frente a un rascacielos con los colores de España, ha causado revuelo e indignación en medios separatistas de Cataluña. Periódicos como El Nacional.cat, Naciódigital o Directe!.cat se hicieron eco de una polémica que consideramos absolutamente injustificada, y Pilar Rahola, que había concertado una entrevista con EL ESPAÑOL para este miércoles, la suspendió en protesta por ese dibujo.

La interpretación que se ha querido hacer de la viñeta es que equivale a llamar "terroristas" a los independentistas, algo que sólo puede sostenerse desde el arraigado victimismo con el que tantas veces reacciona el nacionalismo. Ese victimismo que les lleva a denunciar ante la Comisión Europea las prácticas de vuelo de unos cazas del Ejército cual intento intolerable de amedrentar a la población catalana o a considerar un insulto las ya famosas palabras del ministro Margallo -"de una crisis se sale, un ataque terrorista se supera, pero la disolución de España es absolutamente irreversible"- que sólo pueden herir a quien trata de buscar cualquier excusa para hacerse el ofendido.

Si las alegorías sobre hechos o acontecimientos catastróficos no pudieran formar parte del material para ejercer la libertad de expresión estaríamos limitando el campo de la expresividad e imponiendo una absurda censura. Hoy mismo ilustramos nuestra Tribuna, que aborda el problema de la crueldad con los animales, con un dibujo de Cinta Arribas en el que se ve a un torero haciendo funcionar la guillotina. ¿Deberán ofenderse todos los toreros y amantes del mundo del toro por que se les llama asesinos? O, ciñéndonos a la política: ¿debería escandalizarse la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, después de que Javier Muñoz la representase en la Carta del director de este domingo blandiendo un cuchillo como si fuera la descuartizadora de una casa de pique de la política española?

La viñeta de EL ESPAÑOL no es ofensiva, y no entendemos cómo puede haber molestado a Rahola, que defendió en su día con valentía a Charlie Hebdo. El dibujo estaba contextualizado, por lo demás, en un editorial en el que se explicaba que el edificio del Estado "es de una envergadura muy superior a la frágil avioneta que representa la amenaza rupturista". Nunca podría ser una alusión directa al 11-S, donde sucedió todo lo contrario: los aviones sí derribaron las Torres Gemelas.