El merodeador

Méndez de Vigo debe irse por su laxitud con el dopaje , Otro atentado salvaje que ahonda la división en Francia

Méndez de Vigo debe irse por su laxitud con el dopaje

La afición a la hípica de Iñigo Méndez de Vigo no es incompatible con una cartera en el Ministerio de Cultura y Deportes, pero sí que confiara el cuidado de sus caballos a un entrenador sancionado por dopar a los animales.

Nos encontramos en un momento de profundo debate en torno a la ética en el deporte y la alta competición que ha venido generado por hechos recientes, como la sentencia de la Operación Puerto o el escándalo del "dopaje de Estado" que dejará fuera de los Juegos de Río a buena parte de la delegación rusa. En tales circunstancias, no hay mayor incoherencia que seguir confiando la máxima autoridad deportiva del Estado a quien no tiene empacho en tener bajo su tutela a un tramposo por dopaje.

La falta de contundencia de España ante los casos de dopaje ha sido un asunto tan recurrente en la prensa internacional que muy probablemente fue la razón por la que fracasó la candidatura olímpica de Madrid. Ante el gran daño que ha causado el doping a la imagen de nuestro país, lo más oportuno a día de hoy es reclamar la marcha del ministro del Deporte.

Otro atentado salvaje que ahonda la división en Francia

El salvaje ataque terrorista reivindicado por el Estado Islámico en una iglesia de Saint-Étienne-du Rouvray que ha acabado con la vida de un sacerdote ha reabierto el debate de la seguridad nacional en Francia.

El presidente François Hollande ha condenado el "cobarde" asesinato y ha llamado "a la unidad y a la solidaridad de toda la nación". Un discurso muy parecido al del obispo de la región. Sin embargo, el tono conciliador del presidente de la República contrasta con el empleado por la oposición, que además de reprobar el atentado ha cuestionado la política antiterrorista del Ejecutivo y ha exigido más contundencia en la respuesta.

A medida que crece la violencia terrorista en Francia se va abriendo una fractura en el seno de la sociedad francesa. Y es que, desde marzo de 2012, la cifra de víctimas mortales que se ha cobrado el yihadismo en este país asciende a 243. Los atentados están dañando la credibilidad de Hollande y del actual gobierno socialista, y no hay que olvidar que hay elecciones presidenciales la próxima primavera. El propio calendario político puede contribuir a aumentar la crispación.