El merodeador

Rajoy es la antítesis de Suárez

Este martes el PP ha lanzado en su cuenta oficial de Twitter la etiqueta #NosUneSuárez para intentar asimilar a Mariano Rajoy con la figura del expresidente. La estrategia, secundada por miles de followers próximos al PP, ha convertido en tendencia las comparaciones entre el gran director de la Transición y el presidente en funciones bajo cuyo mandato España se ve abocada a repetir los comicios después de meses sin Gobierno.

En términos de campaña es lógico que el PP quiera hacer pasar a su candidato como tributario del legado de Suárez. Sobre todo, después de que Pedro Sánchez echara mano del célebre "puedo prometer y prometo" en un acto electoral. No es la primera vez que los candidatos se disputan su figura. En diciembre pasado, Rajoy se fotografió con el hijo del expresidente en la Plaza Adolfo Suárez de Ávila -donde hay una estatua en su recuerdo- para contrarrestar la campaña del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, que siempre ha expresado su admiración por el fundador de UCD y, posteriomente, cuando ese proyecto se truncó, del CDS.

Todos tienen motivos para querer parecerse a Adolfo Suárez: el PP necesita evitar una posible fuga de votos por el centro después de polarizar la campaña, el PSOE sabe que no puede competir por la izquierda con el binomio Podemos-IU y no quiere echar por tierra los réditos del Pacto de El Abrazo, y Ciudadanos aspira a ocupar el espacio de centro que defendió el mítico político.

Pero no deja de ser contradictorio que Mariano Rajoy, que utiliza como estrategia de movilización del electorado la polarización del electorado, pretenda también arrogarse los valores de "diálogo", "tolerancia" y "concordia" que con tanto sacrificio personal defendió el primer presidente de la democracia. Hay que recordar que cuando Suárez pensó que su continuidad en la Presidencia podía ser un obstáculo para la estabilidad democrática dimitió, mientras que Rajoy nos obliga a repetir las elecciones por aferrarse al cargo. Además, lo hace con una estrategia de confrontación, más propia del estilo de Fraga que del espíritu de la Transición que encarnó Suárez.